La Historia de: La hazaña de Jesse Owens en los Juegos Olímpicos Nazis

La Historia de: La hazaña de Jesse Owens en los Juegos Olímpicos Nazis

En 1936, los Juegos Olímpicos de invierno y de verano se celebraron en la Alemania Nazi, respectivamente en Baviera y Berlín. Estos juegos se transmitieron por primera vez por televisión, utilizándose como herramienta propagandística de la magnificencia del nazismo, instalándose sólo dos cámaras. Durante dos semanas la dictadura nazi de Adolf Hitler camufló su carácter racista y militarista mientras era anfitrión de las Olimpíadas, esto para impresionar a miles de espectadores y periodistas extranjeros presentando la imagen de una Alemania pacífica y tolerante.

En esa oportunidad España boicoteó los Juegos, con la decisión de No participar en ellos, organizando así como alternativa, la Olimpiada Popular en Barcelona, la cual sería suspendida por comenzar la Guerra Civil el día antes de su comienzo.

Para la inauguración de estos juegos Olímpicos, la ciudad de Berlín estaba decorada con la esvástica, Sobre el estadio flotaba el enorme dirigible Hindenburg, sobre el cual estaba suspendida la bandera olímpica. La ceremonia inaugural, contó con más de 100.000 espectadores de aforo, mientras que en el exterior millones de personas se colocaron en las calles para ver el desfile de coches que transportaba al Führer y demás dignatarios del régimen invitados a la ceremonia.

Estos juegos olímpicos fueron marcados y siguen siendo recordados por la hazaña hecha por el atleta de color, el estadounidense Jesse Owens, al ganar cuatro medallas de oro, en la modalidad de los 100 metros lisos derrotando a Ralph Metcalfe; en salto de longitud, en 200 metros lisos; y en relevos 4×100 metros. La marca de ganar cuatro medallas de oro en unas olimpiadas no fue igualada hasta 1984 por otro atleta negro: Carl Lewis.

El führer no aplaudía las medallas de Owens, y sí las de los atletas blancos, tal fue su prepotencia que se rehusó a dar la mano a Owens, fue entonces cuando un miembro del comité le advirtió de que sería conveniente de que aplaudiera y felicitara a todos por igual o a ningún atleta, Hitler optó por no aplaudir a nadie.

Más allá de sus méritos deportivos, Owens logró un hito histórico que marcó un antes y un después.

Una colaboración de Génesis Muñoz Rodriguez @cocogens para @Culturizando

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