Abril 18, 2016

Escritores adictos al café

Escritores adictos al café

El café y la literatura han sido compañeros desde que ambos coincidieron en la historia. Unas veces como musa, otras como combustible para las ideas. Aunque muchos literatos le dedicaron, en ocasiones, su pluma a esta bebida y al gusto que sentían por ella, otros llevaron sus hábitos de consumo al extremo.

Honoré de Balzac (Tours, 20 de mayo de 1799 – París, 18 de agosto de 1850) ¿50 tazas de café al día hacen a alguien adicto al café? Ésa era la cantidad que bebía el escritor francés. El hábito del café lo acompañaba con una rutina de trabajo maratónica, de casi 15 horas al día. Cuando no estaba bebiendo café turco, llevaba consigo granos molidos para preparárselo y, en otras ocasiones masticaba granos enteros. Gracias a esta afición al café, que en sus palabras definía como una gran influencia en su vida, la literatura le debe obras como La Prima Bette, La búsqueda del absoluto y una veintena más.

Johann Wolfgang von Goethe (Fráncfort del Meno, 28 de agosto de 1749-Weimar, 22 de marzo de 1832) a este novelista alemán se le atribuye, nada más y nada menos, que la contribución al descubrimiento de la cafeína. El autor de Fausto y Las cuitas del joven Werther, se dispuso a estudiar los efectos del café, motivado por el gusto que sentía por la bebida. La revelación de la cafeína la hizo junto al científico Friedlieb Ferdinand Runge, a quien animó a analizar unos granos de café. Tras estudiar sus propiedades dieron con la cafeína.
Voltaire: (París, 21 de noviembre de 1694 – ibídem, 30 de mayo de 1778) el filósofo francés le gana a Balzac en cuanto a la adicción al café. El autor de Tratado sobre la intolerancia y Edipo, bebía de 50 a 72 tazas diariamente. Además de consumir café para soportar arduas horas de escritura, era un asiduo en los cafés parisinos, lugar de congregación de los intelectuales de la época.

Marcel Proust (10 de julio de 1871 – París, 18 de noviembre de 1922) apasionado del café, el novelista francés, lo bebía con afán durante sus largas jornadas de escritura. Cuando creó su mayor obra En Busca del tiempo perdido, una novela colosal de 7 volúmenes, el autor solo se alimentaba de con café con leche y croissants.

Truman Capote: (Nueva Orleans, 30 de septiembre de 1924 – Los Ángeles, 25 de agosto de 1984) al autor de Desayuno en Tiffany’s y A sangre fría, se le conoce como el «escritor horizontal» porque tenía la costumbre de escribir acostado, ya fuese en la cama o en el diván. Solía decir: “No puedo pensar a menos que esté acostado y con un cigarrillo y café a la mano.” Capote era un bebedor audaz, que unía el acto escribir a mano sus borradores con tomar café, té, jerez y Martini.

Foto: Café y Maquina de Escribir Shutterstock

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