Carta a los enfermos sin esperanza; por Magdalena del Río

Carta a los enfermos sin esperanza; por Magdalena del Río

Por  Magdalena del Río |

Hola amigo, hola amiga. Hoy he estado pensado, y me gustaría dedicarte unas palabras. Sé que poco puedo ayudarte, porque no voy a aliviar tu dolor, sin embargo pretendo hacerte sentir un poco más fuerte. Vengo a decirte que soy consciente de que tu enfermedad se ha comido tu vida, que te ha robado tu alegría y ha matado tu espíritu guerrero, y por eso quiero escribirte.

Quiero pedirte que por mi, que por ti, que por muchos de nosotros, aunque no nos conozcas aún… te vengues de tu enfermedad y te aproveches de ella. Me gustaría que la exprimieses y le sacases el jugo tal y como ella ha hecho contigo. Que la dejaras vacía, sin escudo donde protegerse, sin armas para defenderse. Me encantaría que no le dejaras salirse con la suya. Ya sé que suena ridículo, pero sigue leyendo, por favor, que no pierdes nada.

A ti, que pasas por una enfermedad incomprendida, no tires la toalla. No renuncies a la esperanza ni dejes de luchar, no te rindas todavía. Tienes una misión importante que la vida te ha encargado. Eres un elegido. Una elegida. Solo que aún no te has dado cuenta. Supongo que muchas veces te habrás preguntado ya, ¿por qué a mi? ¿por qué no a otra persona? Si yo no le hago mal a nadie, si yo era feliz, si yo no lo merecía… Tienes razón. No eres malo. No eres mala. No lo merecías.

Sé que el mundo no está de tu parte, sé que muchos que pensabas que eran amigos o familia te han dado de lado y te han roto el corazón, y también sé que el dolor psíquico o físico te limita. Pero aun así no cedas. Al menos no por ahora. Porque te queda algo por hacer. Algo muy importante que solo puede salir bien si se crea entre tus manos, te lo aseguro. Y no te enfades conmigo cuando leas el siguiente párrafo. Por favor, sigue leyendo.

Te voy a decir una barbaridad muy cierta: tu enfermedad es un regalo. No porque te haga mejor persona, no porque te entrene para soportar más sufrimiento… Yo no sé si la enfermedad que tienes es degenerativa, si te va a llevar a la muerte, si algún día sanarás o no. Lo que si sé es que solamente tú estás capacitado para hablar de ella, porque eres la única persona que la estás viviendo en tu propia carne.

Recuerda cuando empezó todo. Los primeros síntomas, la primera consulta en el médico. ¿Cuánto habrías pagado por saber lo que tenías? ¿Hasta dónde habrías ido para encontrar a alguien que comprendiera al cien por cien lo que solo tú sabes que llevas dentro?

Tu enfermedad no es un regalo porque sea buena. Al revés. Yo la odio tanto como tú. Tu enfermedad no es un regalo porque te haga daño, sino porque te hace ver el mundo como nadie más lo ve. Tu enfermedad te ha hecho entender algo que solo se puede saber atravesando momentos así, tienes la magia de comprender lo que es pasar por tu enfermedad. Y eso querido amigo, y eso querido amiga, nadie más puede saberlo. Solamente tú.

¿Cuántas personas te han engañado? Gurús que han jurado curarte a cambio de tu dinero, médicos que te han mandado tres y diez y más pastillas sufriendo los síntomas secundarios, sesiones para calmar el dolor o de psicoterapia de las que has salido peor de lo que estabas… Solamente tú sabes eso. Yo no lo sé porque no me lo has contado.

No eres el único, no eres la única, te lo aseguro. Por raro que sea lo que tienes, el mundo es enorme. Gigantesco. No eres el único ni eres la única que vive con ese dolor tan grande que solo tú sabes que duele. Piensa que no estás solo. Piensa que no estás sola. Piensa que no eres el primero ni la primera, ni serás el último ni la última. Imagina lo bien que te hubiera venido tener un libro, o quizá aunque fuera un pequeño artículo o vídeo de cómo sobrellevar tu enfermedad, con qué ímpetu lo habrías agradecido. Con qué lagrimas de alegría lo hubieras acogido.

Yo sé que sufres. Sé que sufres muchísimo. Yo sé cuánto sufres, pero nadie sabe (ninguno sabemos) cómo sufres. Dentro de unos días un bebé precioso nacerá. Su madre será feliz al verle la carita, después de llevarlo nueve meses en su vientre. Su padre no podrá cerrar los ojos de tanto mirarlo. Todo será una fiesta. Pero lo que no saben aún, es que ese bebé tendrá la misma enfermedad por la que tú estás pasando.

Atravesará los primeros síntomas, la primera consulta al médico. Se gastará dinero en timadores que prometerán curarle, en millones de libros de autoayuda, en remedios mágicos de hierbas o en curaciones que tú ya sabes que no funcionan.

Ese es el regalo de tu enfermedad. La capacidad de dar a otros la mejor curación que se puede desear: el ser comprendido, el ser acompañado en el sentimiento por alguien que sepa lo que significa qué estás pasando, el ser ayudado de verdad y sin intereses.

Esa es tu capacidad. Solo tú la tienes. Yo no la tengo. Solo tú y nadie más. Tú puedes ayudar en un futuro a ese bebé a afrontar tu enfermedad. A saber qué puede hacer, qué debe evitar, qué va a sentir, qué puede esperar. Exclusivamente tú estás capacitado. Exclusivamente tú estás capacitada. Y te aseguro que ¡no estás solo, no estás sola! Al revés. Muchas personas en el presente y en un futuro, están esperando tus palabras y tus consejos para cargar con su dolor, que ahora mismo es tu dolor.

Amigo, amiga. Perdonadme por grosera, pero tengo que decir que en ocasiones la vida es muy puta. Sin embargo siempre nos queda un resquicio de sol en el que resguardarnos y sentirnos protegidos. Y este es el nuestro. ¡Este es el tuyo! ¿A qué esperas para ponerte manos a la obra? Piensa en un proyecto. Tienes mucho partido que sacarle a tu enfermedad. Aprovéchate de ella tanto como ella se ha aprovechado de ti. Ayuda a los que están o estarán en tu situación, porque quizá ellos no lean este artículo, y tú seas el cobijo en el que se resguarden.

Por Magdalena del Río | Facebook Magdalena del rio | Twitter – Instagram: @magdaino  | www.espantasapos.wordpress.com

Escritora, feminista y soñadora con el alma libre. Adicta a la poesía y al café de las mañanas. Psicoterapeuta a todas horas del día, modelo de talla grande de vez en cuando. La mejor forma de vivir es riéndome de mi misma.
Foto: Mujer triste / Shutterstock

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