Reflexión: ¡Que entre Madres te veas!

Reflexión: ¡Que entre Madres te veas!

Maravilloso [y a la vez] profundamente agotador… Un increíble milagro [y en simultáneo] la responsabilidad más grande del mundo. El nacimiento de un hijo resulta absolutamente revelador, un viaje infinito en el que una no para de autodescubrirse y ponerse a prueba.

Pero, ¿qué pasa cuando empezamos a ver que no nos gusta lo que estamos siendo, como nuestro reaccionar ante el cansancio, la rabia o la frustración que muchas veces genera la rutina de estos momentos en los que el tiempo no alcanza?  Más comúnmente, de lo que pensamos. Cuando somos mamás hay cierta tendencia a responsabilizar al entorno (sin darnos cuenta) e incluso a los hijos, de haber puesto de manifiesto las cuentas pendientes con nosotras mismas.

Sucede, que todo el amor a veces no es suficiente para mantenernos en armonía y criar de forma sana. Conviene en momentos preguntarse para qué traje este niño al mundo y cómo quiero que sea, porque a partir de allí podemos replantearnos cómo estamos reaccionando ante ellos y si de verdad estamos siendo coherentes entre lo que somos o aspiramos ser y lo que consecuentemente enseñamos.

Normalmente, nos es más fácil ver en el ajeno lo que no nos gusta, y podemos identificar en el quehacer de otras madres eso que nos parece que está mal. Esa capacidad de ver mejor en el otro que en una misma, en oportunidades nos convierte en las protagonistas de una de las situaciones más rudas a la que se enfrenta otra mamá, quien al igual que tú, lo está haciendo “lo mejor que puede”.

Las mamás experimentan su propio proceso de aprendizaje, y tal vez no hay nada peor que enfrentarse al juicio de otra madre que, en teoría, debería estar viviendo lo mismo. Si bien es cierto que cada quien tiene su realidad, el solo hecho de estar criando, debería dotarnos de cierta solidaridad con quienes ejercen la misma movilizadora y ardua labor.

Tal vez, esa actitud poco comprensiva ante otras, sea la que íntimamente estamos teniendo con nosotras mismas y la que nos haga también, pretender tener otros hijos frente a los demás (quizás unos más tranquilos) para protegernos de ver cuestionado nuestro desempeño.

Sincerar lo que sentimos, cómo lo sentimos y ante qué situaciones, nos permite en alguna medida comprender mejor a los demás (incluyendo nuestros hijos y pares). Regalarnos la oportunidad de cambiar tantas veces como sea necesario para resolver aquello que no nos satisface, muy probablemente nos haga ser más solidarias y menos jueces con quienes viven la misma aventura de ser padres.

Identificar que somos mucho más que una “rabieta” o “un mal día”, reconocer que a medida que se es injusto con una misma, se es injusta con los y las demás, y recordar que tenemos la capacidad infinita de rectificar y modificar conductas, tal vez generen que con el ejemplo, el comportamiento entre madres vaya tornándose más humano y solidario. Nadie nos enseñó cómo ser mamás y difícilmente podamos enseñar a otras como serlo. Resulta mejor aliarse, intentar entenderse y poder así apoyarnos de “Madre a Madre”.

Por Mamá Periodista


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