En la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), especialmente durante el periodo estalinista (1924–1953), el Estado ejercía un fuerte control sobre la cultura. Aunque no toda la música occidental estaba formalmente prohibida, sí era considerada ideológicamente sospechosa, lo que restringía su difusión oficial.
Esto no impidió que miles de jóvenes buscaran formas alternativas de escuchar a artistas como Elvis Presley o The Beatles. Así surgió una de las prácticas más curiosas de la historia cultural del siglo XX: el contrabando musical en radiografías.
“Rock en los huesos”: música sobre radiografías
Entre las décadas de 1940 y 1960, comenzaron a circular discos caseros hechos con radiografías médicas desechadas. Este fenómeno es conocido como roentgenizdat (una combinación de “rayos X” y samizdat, término usado para la autoedición clandestina).
Los fabricantes utilizaban placas de rayos X recuperadas de hospitales, recortándolas en forma de disco y perforando el centro —a menudo con un cigarrillo caliente— para adaptarlas a tocadiscos. Sobre estas superficies grababan música de manera rudimentaria, lo que producía una calidad de sonido limitada, pero suficiente para su propósito.
Debido a las imágenes visibles de huesos en las placas, estos discos fueron popularmente llamados “rock en los huesos” o bone records.

Stilyagi: la contracultura soviética
Detrás de esta práctica estaban, en gran parte, los stilyagi, una subcultura juvenil surgida en la URSS que adoptaba estilos de vida, moda y música occidentales. Eran conocidos por su vestimenta colorida y su afición por el jazz, el swing y, posteriormente, el rock and roll.
Durante el estalinismo, estos grupos fueron objeto de vigilancia y represión. Sin embargo, tras la muerte de Stalin en 1953, el control cultural se flexibilizó parcialmente, lo que permitió una mayor circulación —aunque aún limitada— de influencias extranjeras.

Samizdat y circulación clandestina
El fenómeno de los discos en radiografías formaba parte de una práctica más amplia conocida como samizdat, que consistía en la reproducción y distribución clandestina de contenidos prohibidos: libros, revistas, música e incluso películas.
En el ámbito musical, además de las radiografías, también circularon grabaciones caseras en cintas magnéticas. Estas copiaban música extranjera obtenida de emisiones de radio o discos importados ilegalmente.
Este sistema paralelo permitió que la cultura global penetrara en la sociedad soviética, a pesar de las restricciones oficiales.

¿Qué música estaba censurada?
La censura musical en la URSS no siempre fue uniforme. Más que prohibiciones absolutas, existían restricciones ideológicas. Géneros como el jazz, el rock y el pop occidental eran considerados “decadentes” o “burgueses”.
Durante distintas etapas, artistas como The Beatles, Pink Floyd o Madonna enfrentaron limitaciones en su difusión oficial. Sin embargo, su música circulaba ampliamente de forma clandestina, lo que demuestra la dificultad de controlar completamente el consumo cultural.
Un ejemplo revelador ocurrió en 1979, cuando Elton John realizó una gira en la URSS. Aunque la música occidental estaba restringida, el entusiasmo del público evidenció que muchos ya conocían ese repertorio a través de canales informales.
Del control cultural a la apertura
Con las reformas de la Perestroika y la Glásnost en la década de 1980, la censura cultural comenzó a disminuir significativamente. Esto permitió una mayor apertura hacia la música, el cine y la literatura internacional.
Lo que durante décadas circuló de forma clandestina pasó a formar parte del consumo cultural cotidiano, marcando el fin de una etapa en la que escuchar música podía ser, literalmente, un acto de resistencia.

Mientras en Occidente el rock simbolizaba libertad, en la URSS escuchar esa misma música implicaba ingenio, redes clandestinas y, en algunos casos, riesgo. Los discos hechos con radiografías son hoy un testimonio tangible de cómo la cultura encuentra caminos incluso en contextos de censura.
Con información de: Britannica / BBC / NPR