¿Es la imaginación la clave de la vida? Conoce la teoría de las formas de Platón

¿Es la imaginación la clave de la vida? Conoce la teoría de las formas de Platón

¿Somos copias de lo que deseamos? ¿Buscamos la perfección? La teoría de las formas de Platón es un análisis que se dedica a entender cómo funciona nuestra mente y cómo utilizamos realmente el conocimiento. ¿Qué decía su teoría? ¿Cómo influye la imaginación en nuestras vidas?

Cómo ser más sabio según la teoría de las formas

Platón, en su búsqueda del conocimiento, analizó el uso de las formas. ¿Qué son las formas? Ideas preconcebidas a las que se recurre en búsqueda de inspiración. El filósofo explica que dentro de cada proceso de creación, existen numerosas referencias que permiten que cualquier tarea sea ejecutada de forma correcta.

¿Cómo se utilizan las formas según Platón? Las formas son referencias, ideas, conceptos preexistentes que guían absolutamente todos los procesos.
Por ejemplo, si tenemos que dibujar una manzana de memoria, recurriremos siempre a la imagen mental más ideal y perfecta que tengamos de la fruta y buscaremos imitarla.

El resultado puede que no sea idéntico al original, pero es tu interpretación personal. ¿Cómo lo lograste? Buscando entre tus conocimientos y encontrando la forma de una manzana.

El concepto de las formas no aplica únicamente a objetos, también es parte de la vida cotidiana. En relaciones sentimentales, recurrimos a lo que nuestra imaginación considera que es una relación perfecta y es ese modelo ideal lo que intentamos duplicar.

Una imaginación activa conlleva a una vida cotidiana plena

Los seres humanos acudimos a la imaginación continuamente a lo largo de nuestra existencia. Soñar despiertos en medio de la oficina, sumergirnos en la trama de una serie televisiva, o recrear en la mente lo que vamos a preparar para la cena son solo algunos ejemplos de este fenómeno.

Platón ve en esta capacidad figurativa de la mente humana una herramienta indispensable para garantizar nuestro bienestar. El filósofo griego dividió el conocimiento en dos mundos diferentes, con el propósito de entender las formas que creamos y cómo las usamos.

Si bien las formas ayudan a imitar lo que se considera ideal y perfecto, estas son una representación falsa –y en muchas ocasiones, utópica- de la realidad. Es por esto que Platón decidió analizar el conocimiento desde dos puntos de vista: la opinión y la certeza.

La opinión tiene como base la emocionalidad, y la certeza la racionalidad.

Los dos mundos del conocimiento según Platón

Amante de la sabiduría, el filósofo se dedicó a estudiar cómo la sociedad veía el conocimiento y cuál era su uso en la cotidianidad. En búsqueda de una explicación para cada proceso mental, decidió dividir el pensamiento en dos grandes vertientes: el mundo sensible y el mundo de las ideas.

El mundo sensible o de la “doxa” para Platón es cambiante, puesto que está sujeto únicamente a las opiniones, creencias y sentimientos. Por tanto, los pensamientos de esta categoría se caracterizan por ser inconstantes y transformables.

El mundo de las ideas o de la “episteme”, en cambio, es eterno e inmóvil, tiene como base la sabiduría, el conocimiento eterno, las leyes invariables de la vida y la naturaleza.

La doxa tiene que ver con la imaginación, la creatividad y los dogmas –en su mayoría, indocumentados-. La episteme, es el conocimiento científico, comprobable, constante.

¿Cómo lograr una sabiduría plena? Manteniendo los dos mundos viviendo en armonía. Es necesario tener imaginación y desarrollar opiniones personales, pero al mismo tiempo una persona sabia debe documentarse y conocer la realidad del mundo que la rodea, entendiendo y estudiando teorías comprobables.

La caverna de Platón, una alegoría de las formas

En La República, Platón presenta una alegoría –una historia con trasfondo simbólico-, conocida comúnmente como el “mito de la caverna”. La caverna presenta un ejercicio imaginario que le permite al filósofo especular sobre las formas del conocimiento.

Durante este ejercicio, Platón incita al receptor que imagine qué pasaría si un grupo de hombres naciera y se desarrollara dentro de una caverna.

Para más señas, estos hombres, que han de permanecen sentados de espaldas a un muro, dan muestras de estar inmovilizados por un juego de cadenas, de modo que lo único que ven es el fondo de la caverna.

El receptor debe imaginar además que en la entrada de esta prisión de roca hay una enorme fogata que arroja su luz contra hacia el interior de aquel espacio cavernoso.

Cada tanto, otros hombres –estos libres– pasan cargando objetos por encima del muro en el que los prisioneros tienen sus espaldas puestas. Quien imagina se da cuenta entonces de que todo lo que tales prisioneros han podido ver en sus vidas han sido las siluetas fugaces de los objetos, que se reflejan (por efecto de la luz del fuego) sobre el fondo de la caverna.

Inevitablemente hombres que se encuentren en semejantes condiciones habrán de pensar que esas siluetas son objetos provenientes del mundo real, y no tan solo sus sombras; como sabemos que son en realidad.

Mas llega el día en que uno de los prisioneros logra escapar, y al salir al mundo exterior se da cuenta de que todo lo que conocía eran manchones, deformaciones de lo real. El paso que va de las sombras al objeto es el mismo que media entre el mundo de la doxa y el de la episteme.

Salir de la caverna: el camino para la sabiduría

Obra ‘La Escuela de Atenas’, del pintor renacentista Rafael Sanzio. En esta pintura aparecen retratados los representantes de las principales corrientes de las filosofías griegas. Sócrates y Platón están en el centro de la composición – Imagen: Pixabay.

La alegoría de la caverna insiste en que el mundo vive encerrado en sus propios pensamientos, negado a conocer más allá. El prisionero que logró salir, conoció la realidad y dejó a un lado sus antiguas creencias.

Así mismo, a través de la especulación que la imaginación posibilita, el hombre puede descorrer la bruma que traen las falacias, para trazar posteriormente el rumbo que habrá de llevarlo directamente a la verdad.

Con información de: Philosophy Now / Philosophical Society / Imagen de portada: Shutterstock

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