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¿La masturbación es el origen del universo? El dios egipcio que creó el mundo al eyacular

Según la mitología egipcia, con el poder del placer personal y la divinidad de un dios que tuvo la capacidad de crearse a sí mismo, el mundo se llenó de vitalidad y fertilidad. Las aguas lodosas pasaron a ser cristalinas y brillantes y las tierras secas comenzaron a revivir, todo esto, gracias a una eyaculación. ¿Es la masturbación un acto sagrado? ¿Qué dios logró crear al mundo según los egipcios? Aquí te contamos todo.

Un dios que nació en medio del caos y la oscuridad

Nu, era el nombre del caos que existía antes de la creación. Un mundo oscuro, sin vida. Lleno de tinieblas y sin esperanzas de cambio. Atum, el dios perfecto, se creó a sí mismo a partir de las aguas lodosas y putrefactas del Nu.

Cuenta la historia, que lo hizo gracias a sus propios pensamientos y a su fuerza de voluntad. Un dios omnipotente que logró vencer las adversidades y la oscuridad del Nu, es quien dio inicio al mundo como lo conocemos ahora. Es así como inicia el mito de la creación.

La historia cuenta que, las aguas putrefactas y oscuras del Nilo, inundaron la tierra. Después del caos y la destrucción que ocasionó, al retroceder, dejó la tierra fértil y comenzó a nacer vida a partir de las tierras que antes eran secas. Las aguas pasaron de ser lodosas, a ser totalmente transparentes.

Y emergió de la tierra, la montaña Benben. Resultó ser un montículo con forma de pirámide que se volvió sagrado tras ser el primer lugar desde donde salió el sol por primera vez para iluminar al mundo y también, el hogar de Atum.

Atum resulta ser el primer dios egipcio y el que dio origen a las cuatro figuras más importantes de la mitología egipcia: Shu (aire), Tefnut (la humedad), Geb (tierra) y Nut (el cielo). 

¿Cómo lo logró? Su cuerpo divino expulsó a sus dos hijos

El dios perfecto y omnipotente, creó con los fluidos de su cuerpo a Shu (el aire) y Tefnut (la humedad). Existen variadas versiones del mito. Algunas indican que “Shu” fue creada por un estornudo y «Tefnut» por un escupitajo, ambos nombres gracias a las onomatopeyas de sus acciones. “Shu” de “achu” y Tefnut de “Tef”. 

Pero, con base en el respeto tan profundo que sentían los egipcios por la sexualidad y los penes, la versión más difundida es que Atum creó el mundo a partir de su propia eyaculación.

El pene de Atum creó toda la vida, divina y mortal, mediante el acto de la sagrada masturbación, comenzando con el dios del aire y la diosa de la humedad, quienes surgen por completo de su esperma.

David M. Friedman, autor de «La historia cultural del pene»

El dios del aire Shu y la diosa de la humedad, Tefnut, serían los responsables de crear un orden en el mundo. Debían separar los restos del caos del Nu y transformarlos en armonía. Crear leyes que promovieran el orden natural, la convivencia y la estabilidad, tanto de los humanos como de la naturaleza.

El caos fue dividido entre luz y oscuridad, y de ahí nació el principio del Maat. Un concepto abstracto de justicia universal representado por una pluma, por su ligereza y fluidez natural. Idea que se retomaría tiempo después para el juicio tras la muerte y el famoso dicho «corazón ligero como una pluma».

Tras la creación de los principios básicos, Shu y Tefnut copulan y dan origen a Geb, dios de la tierra y Nut, diosa del cielo.

Una historia de amor única y profunda, el ciclo de la vida

Geb y Nut, en un inicio estaban juntos como un todo. Formaban un único ser, pero para poder ejercer sus funciones, debieron ser separados.

¿La masturbación es el origen del universo? El dios egipcio que creó el mundo al eyacular
Nut está representada como un cuerpo azul estrellado, justo debajo se encuentra Geb. En el intermedio está Shu y Tefnut, quienes forman parte del equilibrio y hacen que funcione perfectamente el Maat. (Foto: Wikimedia)

Shu, el dios del viento, empujó a Nut hacia las alturas, dándole un panorama completo y haciéndola la protectora de Geb, su amor eterno y el dios de la tierra.

Nut produjo la lluvia como ofrenda para Geb y él con su regalo, hacía que la tierra fuera fértil, útil y productiva.

Ambos habían logrado un equilibrio maravilloso, haciéndole honor al Maat y sacrificando su amor -estando separados- para así lograr un bienestar colectivo en la tierra. Juntos, lograron crear 4 dioses más:

Osiris, la diosa de la fertilidad, la resurrección y la regeneración.
Isis, la reina de todos los dioses, la fecundadora de la naturaleza.
Set, el dios de la sequía, el caos y las tinieblas
Nephthys, la diosa del fuego, de la sabiduría y la vejez.

Con el tiempo, Shu y Tefnut, le dieron vida a más dioses que hacían falta para crear un equilibrio -la diosa de la belleza, por ejemplo-, y fue así como Atum, el famoso causa sui -que se crea a sí mismo-, logró el Maat gracias a su fuerza de voluntad, omnipotencia y los talentos de sus hijos.

Con información de Playbuzz / Experience | NatGeo | A Mind of Its Own: A Cultural History of the Penis de David M. Friedman editorial The Free Press (2001).


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