Grandes discursos: Abraham Lincoln

Abraham Lincoln es considerado, tanto por historiadores como por la opinión pública, como uno de los mejores presidentes de los Estados Unidos. Hoy te presentamos su ‘Discurso de Gettysburg’, una de las piezas de la oratoria más importantes de la historia.

Nacido en Hodgenville, Kentucky, fue un hombre en gran parte autodidacta, nunca estudió en ningún colegio; sin embargo, gracias a su inteligencia y sentido de superación, llegó a ser abogado en Illinois y con los años fue incursionando en la política.

Abraham Lincoln fue un político excepcionalmente astuto, que se involucró profundamente en las cuestiones de poder de cada estado, lo que le valió ser reelegido en el poder en 1864.

Hoy te presentamos su ‘Discurso de Gettysburg’, pronunciado el 19 de noviembre de 1863, y considerado hoy en día como una de las piezas de la oratoria más importantes jamás escuchadas; no solo por la relevancia histórica del momento, sino por la importancia que los Estados Unidos y su cultura le ha dado con el paso de los años.

El Discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln

«Hace ochenta y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada en el principio de que todas las personas son creadas iguales.

Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra.

Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como lugar de último descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir.

Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa. Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno.

Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí ya lo han consagrado, muy por encima de lo que nuestras pobres facultades podrían añadir o restar.

El mundo apenas advertirá y no recordará por mucho tiempo lo que aquí digamos, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí. Somos, más bien, nosotros, los vivos, quienes debemos consagrarnos aquí a la tarea inconclusa que los que aquí lucharon hicieron avanzar tanto y tan noblemente.

Somos más bien los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la gran tarea que aún resta ante nosotros: que de estos muertos a los que honramos tomemos una devoción incrementada a la causa por la que ellos dieron la última medida colmada de celo.

Que resolvamos aquí firmemente que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra».

Con información de Elocuent | Foto: Shutterstock

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