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El origen de algunas de las expresiones más conocidas

El origen de algunas de las expresiones más conocidas

Existen manidas expresiones que utilizamos cotidianamente aún sin saber de dónde provienen y ni por qué son representativas de lo que queremos transmitir. Ya os hablamos en una ocasión de las raíces del omnipresente término »OK». Hoy hablamos de una cuantas, pero bien curiosas, expresiones.

»Ponerse las botas» hace alusión a sacar un buen provecho de una ocasión o disfrutar muy gustosamente de algo. Su uso suele estar relacionado con una buena comilona, aunque no es su única acepción. Bien, pues su origen es más simple de lo que se podría imaginar: hace referencia a que antaño solo los caballeros podían vestir este tipo de calzado, que no estaba al alcance de los pobres. Por eso, dichos caballeros, con un poder adquisitivo mayor, podían disfrutar de copiosas comidas y otros placeres sin limitación.

Lo contrario de lo anterior sería »Estar a dos velas», en referencia a tener poca capacidad económica o, directamente, estar arruinado. Se atribuye su nacimiento a los velatorios, donde los más pudientes llenaban la estancia con muchas velas, mientras que los más humildes apenas podrían poner un par de ellas.

Para referirnos a aquellos que sienten cierta desgana por el trabajo, y el esfuerzo en general, utilizamos la expresión: »No da un palo al agua». Y aunque podamos pensar que dar palazos al agua es algo que no requiere esfuerzo y que ni siquiera eso pueden hacer estos perezosos, lo cierto es que su origen se engloba en el ámbito marino, concretamente en aquellos marineros que no colaboraban remando como sus compañeros.

El origen de algunas de las expresiones más conocidas

Algunas de las expresiones que usamos en nuestro día a día provienen del mundo de deporte. Por ejemplo, la frase más que popular »Tirar la toalla» tiene su origen en el boxeo y se refiere al abandono de un objetivo por ciertas dificultades surgidas; su origen está relacionado con la acción del entrenador cuando veía a su púgil demasiado “tocado” y arrojaba la camiseta dentro del cuadrilátero.

Una variedad de expresiones se hicieron populares con el poker, como el término »Farol» o la expresión »Ir de farol», la cual alude a un engaño que pretende intimidar a los oponentes, pese a que la realidad sea diferente (y que hoy se utiliza también en otros contextos, como el de las negociaciones); su origen está relacionado con el término italiano “faccenda””, que significa vanidad o jactancia. También está el »Tilt», un concepto originalmente del pinball que hoy se usa tanto en el poker como en otros juegos para hablar de un estilo de juego agresivo y sin mucho sentido. Finalmente, una expresión deportiva más general es »Sudar la camiseta» y se usa para hablar de alguien quien ha trabajado intensamente y, por ello, transpira su ropa.

Los antecedentes históricos y todo aquello relacionado con guerras son elementos muy recurrentes en las expresiones populares. Cuando decimos »He pasado la noche en blanco», aunque no lo sepamos, nos estamos trasladando a la época de los caballeros andantes, que, antes de ser nombrados como tales, debían llevar una túnica blanca para expresar su pureza; el evento era tan emocionante que difícilmente podían dormir la noche anterior. »Poner una pica en Flandes» hace referencia a un hito conseguido con gran dificultad y al que se le atribuye gran mérito; su origen se remonta a la Guerra de Flandes, en el siglo XVI: España, para poder llegar a sus enemigos de los Países Bajos, debía atravesar rutas plagadas de enemigos, por lo que llegar allí con su ejército era una tarea titánica.

Precisamente del ambiente de los ejércitos viene la conocida orden »Váyase usted a la porra»: al enorme bastón que llevaba el tambor mayor de los antiguos regimientos se le llamaba “porra”, y se dejaba clavado en algún lugar del campamento; allí debían dirigirse los soldados cuando habían cometido alguna falta para ser sancionados. En la Marina, cuando había tormenta, los barcos recogían las velas, dejando los mástiles desnudos durante la navegación: a dicho fenómeno se le llamó »A palo seco», y hoy todavía nos acompaña en nuestro lenguaje cuando algo se hace sin complementos o accesorios.

Y estos son solo algunos de los ejemplos. Como se ve, la historia está llena de situaciones curiosas que han marcado las expresiones que hoy utilizamos coloquialmente en nuestro rico lenguaje.

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