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'El Gran Dictador':¿Con qué palabras termina Chaplin su última película?

‘El Gran Dictador’:¿Con qué palabras termina Chaplin su última película?

Chaplin es uno de los maestros del cine mudo clásico. Con su personaje Charlot conquistó el corazón de millones de personas a lo largo del mundo y aún hoy llena de sonrisas el rostro de nuevos espectadores. Pero este invaluable actor también era un gran director y guionista. Esto último lo demostró de sobremanera con el discurso final de la película ‘El Gran Dictador’. ¿Lo conoces?

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En la década de los años 30’s el comediante Charles Chaplin comenzó a hacerse famoso en todo el mundo, gracias a sus actuaciones y a su dirección para películas sin sonido. Pero, mientras por un lado una parte de la humanidad se sacudía de risa viendo al inolvidable vagabundo del sombrero de hongo, por el otro, varios pueblos sufrían los estragos del terror nazi.

En septiembre de 1939 el Führer invade Polonia. Este altercado, que inicia la Segunda Guerra Mundial, es el evento que le sirve a Chaplin para plasmar sus opiniones acerca de la mentalidad nazi, en un film titulado The Great Dictator (o El Gran Dictador en español).

Inaugurada en 1940, la película aborda desde la sátira la discriminación del pueblo judío por el partido de Hitler. En esta, Chaplin interpreta a un soldado judío que participa en la Primera Guerra Mundial, por el bando de Tomania; nación ficticia que por el nombre nos recuerda a Alemania.

La historia de El Gran Dictador arranca cuando Chaplin, en su traje de soldado, asiste a un oficial germano de apellido Schultz, para pilotar el avión de este y así poder entregar un mensaje que puede cambiar el rumbo de la guerra. El avión se estrella, ambos personajes logran sobrevivir, pero para cuando vuelven en sí la guerra ya se ha perdido.

El soldado judío acarrea además con otra desgracia personal: se ha quedado sin memoria. A pesar de esta adversidad, más adelante nos enteramos de que recuerda algunas cosas, como que antes de enlistarse en el ejército, era barbero. Tras estar veinte años confinado en un hospital, el desmemoriado personaje decide escaparse de la institución, para integrarse nuevamente a la vida corriente.

La cotidianidad del barrio donde el barbero se instala se ve rápidamente sacudida, debido a que un político de bigote corto asciende muy pronto al poder con la promesa de devolverle la gloria perdida a Tomania, si sus habitantes se animan a acabar con todo rastro de la raza judía.

Chaplin al mismo tiempo interpreta al tirano Hynkel en El Gran Dictador, una parodia de Hitler que pronuncia discursos verborreicos y que porta la doble cruz como símbolo de su nueva cruzada. Para darle vida a este personaje el actor le saca el máximo provecho a algunos rasgos físicos que comparte con el dictador germano: la estatura baja, su contextura delgada, y el archiconocido bigote medio.

El genio del actor, que para la ocasión se inviste también con las galas de director y guionista, se las arregla para crear una sátira risible, partiendo de las raíces de uno de los movimientos totalitarios más terribles que ha habido sobre la faz de la Tierra.

Hynkel y el barbero judío nos son presentados dentro de su cotidianidad cada uno: el primero pronunciando vacíos monólogos en los que se ufana de sus ideales, basados en la supremacía racial, y el segundo ofreciendo cortésmente los servicios propios de su profesión en el ghetto judío donde vive. Con esto el director se encarga de hacernos ver cuán diferentes son ambos, a pesar de la similitud física.

En el transcurso del film fuerzas del orden público alemanas arremeten contra el barrio del barbero -un reflejo del asedio verídico-. Esto continúa así hasta que el personaje amnésico se cruza con Schultz. Con la ayuda del militar el judío salva el barrio momentáneamente, pero más tarde ambos son enviados a un campo de concentración.

Los amigos caen detenidos en un campo allende a Osterlich, versión ficticia de Polonia, y este parece ser el fin. Pero en la víspera de la invasión a Osterlich, el barbero y Schultz roban sendos trajes militares y disfrazados así se escapan del reclusorio. Cerca de allí Hynkel que practica la caza silvestre -muy a la usanza de las viejas casas reales europeas-, es tomado por el judío fugitivo y cae preso.

La guardia de Hynkel se topa con el judío en el bosque y rápidamente se lo llevan para que declame el discurso que marcará el inicio de la invasión, pero una vez en el podio, frente a miles de soldados, las palabras pronunciadas por el temerario personaje de Chaplin, en la que sería su última película, dejarían a todos boquiabiertos.

El famoso discurso, que empieza con: “Lo siento, yo no quiero ser un emperador. Ese no es mi asunto. Yo no deseo gobernar o conquistar a nadie. Me gustaría ayudar a todos, si pudiese…”, marcó un hito en la historia del cine clásico.

Al final, ante el recuerdo de todas las injusticias cometidas, el barbero se crece y conmina a los presentes a luchar por un mundo donde el hombre ya no sea el verdugo de sus propios hermanos:

“Peleemos por el mundo de la razón, por un mundo donde las ciencias y progreso ayuden al hombre a alcanzar la felicidad. ¡Soldados! ¡En el nombre de la democracia, unámonos todos!”

El Gran Dictador

Con información de Playbuzz / Wikipedia / Charliechaplin / IMDB

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