Leonardo da Vinci fue, indiscutiblemente, el polímata más prolífico e ingenioso del Renacimiento. Aunque dominó múltiples disciplinas científicas y humanísticas, su legado mundial se sostiene en gran medida por sus magistrales pinturas. Desde La última cena hasta la enigmática Mona Lisa, sus obras han sido estudiadas y veneradas durante siglos. Sin embargo, ninguna ha generado tantos titulares contemporáneos como el Salvator Mundi, una composición religiosa que muestra a Jesucristo otorgando la bendición.
No es extraño que Da Vinci abordara escenas religiosas, un tema central en el arte renacentista. Sin embargo, el Salvator Mundi trascendió la historia del arte por una mezcla de factores: su desaparición durante siglos, las dudas sobre sus pinceladas y su conversión en la pintura más cara jamás vendida.
El origen del Salvator Mundi
Los historiadores del arte calculan que Leonardo pintó esta obra alrededor del año 1500. Se trata de un óleo sobre tabla de nogal con unas dimensiones de 45.4 centímetros de ancho por 65.6 centímetros de alto.
La iconografía muestra a Jesucristo vestido con una túnica azul con bordes dorados. Su mano derecha se alza impartiendo la bendición (con los dedos índice y medio cruzados), mientras su mano izquierda sostiene una esfera de cristal. Este orbe translúcido representa la «esfera celeste» o el universo, simbolizando el papel de Cristo como salvador del cosmos.
Como prueba de su proceso creativo, la Royal Collection del Reino Unido conserva bocetos preparatorios originales de Da Vinci, realizados con tiza y tinta, que coinciden con los pliegues de la túnica del Salvator Mundi.
El primer registro histórico de la obra la ubica en la colección privada del rey Carlos I de Inglaterra durante el siglo XVII. Sin embargo, tras la ejecución del monarca en 1649, la pintura cambió de manos y su rastro se desvaneció en las sombras de la historia.
Redescubrimiento y la subasta récord
El lienzo reapareció a principios del siglo XX, pero su estado era tan deficiente y había sido repintado tantas veces que se atribuyó a Bernardino Luini, un alumno de Da Vinci. Bajo esta falsa identidad, se subastó en Londres en 1958 por apenas 45 libras esterlinas.
El verdadero giro ocurrió en 2005. En una pequeña subasta en Nueva Orleans, un consorcio de marchantes de arte adquirió la tabla por menos de 10.000 dólares. La obra fue enviada a la experta Dianne Modestini en Nueva York, cuya exhaustiva restauración comenzó a revelar pigmentos y técnicas que apuntaban directamente al maestro renacentista.

Tras su presentación triunfal en la National Gallery de Londres en 2011, el marchante suizo Yves Bouvier la compró en 2013 y, casi de inmediato, la revendió al oligarca ruso Dmitri Rybolóvlev por 127.5 millones de dólares.
Pero el hito definitivo llegaría el 15 de noviembre de 2017. En una histórica noche en la casa de subastas Christie’s (Nueva York), el Salvator Mundi fue adquirido por la exorbitante cifra de 450.3 millones de dólares. El comprador, operando a través de un intermediario, resultó ser el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman.
La gran polémica: ¿Es realmente un Leonardo?
Aunque en 2011 un consenso de expertos de la National Gallery respaldó la autoría de Da Vinci basándose en el magistral uso del sfumato, los rizos del cabello y la composición de las manos, el debate en la comunidad artística jamás se ha apagado.

Algunos detractores argumentan que partes del cuadro carecen de la vitalidad típica del genio florentino y que la esfera de cristal no muestra la refracción óptica de la luz, un fenómeno que Leonardo, como científico riguroso, conocía a la perfección. No obstante, defensores de la obra aseguran que Da Vinci omitió este efecto óptico a propósito para no distraer la atención del rostro de Cristo.
¿Dónde está el Salvator Mundi en la actualidad?
Tras la subasta de 2017, la obra se «desvaneció». Su exhibición pública, prevista en el Louvre de Abu Dabi, fue cancelada sin explicaciones. Las investigaciones de medios especializados reportaron que la tabla habría sido custodiada durante un tiempo a bordo del Serene, el superyate de lujo propiedad de Mohammed bin Salman, navegando por el Mar Rojo.
Actualmente se presume que se encuentra en una bóveda de alta seguridad en Suiza, a la espera de que Arabia Saudita finalice la construcción de un gran complejo cultural donde el Salvator Mundi será la atracción principal, tal como la Mona Lisa lo es para el Louvre de París.
Para muchos críticos, es una tragedia que el último Da Vinci permanezca oculto al mundo. Para otros, es el reflejo de un mercado del arte dominado por el marketing y el poder geopolítico. De cualquier manera, el Salvator Mundi sigue siendo hoy, tanto en el lienzo como en su historia, una de las obras más cautivadoras de la humanidad.
Con información de: The National Gallery / Christie’s / BBC / Magnet
