La polémica de ‘PM’, la película que inauguró la censura en Cuba

La polémica de ‘PM’, la película que inauguró la censura en Cuba

Por Jhonfrank Sánchez | El año: 1961. Poco después de su estreno, la cinta PM fue decomisada por el gobierno de Castro. ¿Se trataba de una película con propaganda antirevolucionaria? El escándalo suscitado por el film así lo hacía ver, ¿pero qué ocurrió en realidad?

El origen del documental

La fallida invasión a Bahía Cochinos (15-19 de abril del 61) es un punto álgido dentro del amplio itinerario de hostilidades que Cuba mantuvo con Estados Unidos, su principal enemigo, a lo largo de la década de los 60. No obstante, la sola amenaza de la invasión, difundida desde meses atrás, dejó al descubierto cuál pasaría a ser el enemigo n° 2 de la Revolución: la libertad de expresión.

Por aquellos días un joven, Orlando Jiménez Leal, fue comisionado por los noticieros en los que trabajaba para ir con su cámara a registrar en las calles de Cuba cómo el pueblo se estaba preparando para frenar la rumoreada invasión. El material que obtuvo reflejaba otra cosa muy distinta: la gente no solo no se estaba apertrechando para recibir al enemigo yanqui, sino que además había decidido seguir adelante con la rumba.

En los cuatro minutos de cinta con los que el cameraman regresó, la fiesta no se había detenido. El estertor, la magia de la noche caribeña continuaban retumbando a través del timbal y las serenatas. En un reportaje del 2011 para El País, el director Jiménez Leal comenta que durante aquella primera jornada de tanteos, una negra le salió incluso con esta sátira profana: «Óyeme chico, ¿por qué en vez de “patria o muerte” no decimos mejor “patria o lesiones leves?”».

Guillermo Cabrera Infante, Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante algunos años después de la polémica de PM – Cubaencuentro.-

Aquel material inicial fue desechado; la rumba no servía para reflejar el clamor revolucionario. Pero Jiménez Leal vio la oportunidad de desarrollar un documental sobre la vida nocturna en la Habana. La cámara estaba a punto, y con Sabá Cabrera Infante –hermano menor de Guillermo– a cargo de la edición, los dos cubanos salieron a filmar.

Estreno y confiscación de la película

El nuevo material, compuesto por múltiples escenas grabadas en bares y muelles de la Habana noctambular, fue editado y ensamblado en enero de 1961.

Ya listo, el cortometraje PM (Pasado Meridiano) fue presentado por la revista Lunes de Revolución en televisión, y posteriormente en una sala de cine que estaba en la sede de Casa de las Américas –la principal institución cultural de la Revolución–. Después de esta última proyección, la cinta fue confiscada por el gobierno de Castro.

‘PM’, por Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante. Primera parte – YouTube.-

Comprensiblemente la censura sufrida por la película despertó la preocupación de los artistas e intelectuales cubanos, quienes hasta el momento no tenían del todo claro cuál iba a ser la posición que la Revolución adoptaría en materia cultural.

Similar a una bola de nieve que rueda por una pendiente de extensión monolítica, la polémica de PM fue adquiriendo dimensiones cada vez más y más grandes. Nelson Almendros, un cineasta que ya tenía rato siéndolo desde antes de que la Revolución llegara, sintetizó muy bien en un artículo breve –publicado en la revista Bohemia– la opinión de quienes esperaban que la cinta fuese apreciada por sus méritos artísticos, y no según un filtro ideológico:

“He aquí una película corta cubana que resulta una auténtica joya del cine experimental. Comencemos por recomendarla entusiasmados. Bien pocas veces, sino ninguna, el espectador habrá tenido la oportunidad de ver una película nuestra que haya llegado tan hondo en la realidad de un aspecto de la vida popular”.

‘PM’, por Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante. Segunda parte – YouTube.-

¿Y la libertad de expresión?

En aquel momento la intelectualidad cubana reunía además a varios de los escritores latinoamericanos más importantes del momento. José Lezama Lima, Virgilio Piñera y el propio Guillermo Cabrera Infante eran por entonces invitados frecuentes de los primeros comités culturales organizados por la Revolución.

Mantener abierto un conflicto de manera indefinida con pensadores de esta talla era alimentar una bomba de tiempo. A sabiendas de esto, en junio de 1961 Fidel Castro decidió que era momento de reunir en la Biblioteca Nacional a todos los creadores de renombre del panorama cultural cubano, para discutir sobre el tema en boga: la censura y los nuevos límites de la libertad de expresión.

«Palabras a los intelectuales»

Se podría decir que, en más de un sentido, durante aquel encuentro las palabras sobraron en cantidad. Por dos días, los artistas se dedicaron a interceder en favor de PM y la libertad de expresión. El tercer y último día del evento, al comandante le llegó turno de dar el discurso de cierre, algo que no hizo sin primero colocar su revolver en la mesa, con la boquilla hacia el frente.

Castro, un demagogo nato, se soltó entonces a hablar por horas. Su discurso, aparte de exhibir varias frases de filo sugerente (siendo tal vez “con la Revolución todo, contra la Revolución nada” la más representativa del conjunto), solo serviría para dejar el tema de la libertad de expresión en una bruma indeterminada, en un espacio convenientemente ambiguo.

Solo el futuro dejaría ver que el mensaje concreto detrás de aquellas “Palabras a los intelectuales” estaba perfectamente bien sintetizado en el gesto del arma apuntando a los pensadores.

¿Qué fue lo que incomodó tanto a la Revolución?

Tras ver los pocos más de 13 minutos que dura PM, resulta completamente válido que el espectador se pregunte qué fue lo que incomodó tanto a la Revolución de esta película, como para que el gobierno reaccionara de la manera en que lo hizo. La verdad es que por las condiciones en que PM había sido producida, y por el reflejo de la sociedad cubana que entregaba, el filme les ofrecía a los revolucionarios más de un motivo para adoptar el papel de censores.

No solo es que PM no se interesaba para nada en cumplir con los requerimientos pedagógicos del realismo socialista, sino que además desmentía la postura oficial del gobierno, de que todo el pueblo de Cuba se estaba reformando progresivamente dentro del ideal revolucionario del hombre nuevo. Peor aún: desde el punto de vista de un guerrillero de cepa, PM era la prueba palpable de que la vacuna aplicada por la Revolución había resultado ineficiente para erradicar el virus del burguesismo, propiciador de un género de vida disipado, del corazón del cubano popular.

Una excusa perfecta

Por otro lado, en una entrevista realizada por Redmon Barry a Guillermo Cabrera Infante, el escritor explica que PM le dio a Castro la excusa perfecta para empezar a desarticular las iniciativas grupales que los artistas no alineados con la Revolución pretendían llevar al cine (un medio de difusión mucho más inmediato que los libros, y por lo tanto mucho más peligroso).

Tal vez el motivo más irónico de todos los que están detrás de la censura a PM sea el conservadurismo de los propios revolucionarios. Cuba, como el resto de los países de Suramérica, tiene una larga tradición de culto al machismo en su haber; tradición que los guerrilleros, con su estereotipo del hombre barbudo, de actitud entre irreverente y salvaje, ayudaron a fortalecer. Pero en la noche, y más aún en la noche caribeña, sexos y jerarquías se vuelven ambiguos, se (con)funden; es que la nocturnidad trae consigo un rasero que aproxima al hombre y a la mujer (efímera democracia tropical).

Uno piensa entonces en el escándalo que debió producir en aquella tropa de moralistas la escena en donde una mujer negra, de ceñidísimo vestido blanco, entabla un leve forcejeo con su compañero de baile, para arrancarle de la mano un espumeante vaso de cerveza. Esa igualdad que trae la desinhibición nocturna resulta contraria al pensamiento en el fondo más bien reaccionario de los revolucionarios, y por eso PM no podía, no debía volver a ser vista­.

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