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Inmigrantes Pa’ lante y pa’ tras

Por Échale Pichón | Más que Ucrania o Siria, y sin una guerra de por medio: casi siete millones de venezolanos se han visto obligados a abandonar el país en la última década, según el informe de 2022 de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Hace una década había 60 000 venezolanos en España. Hoy, la cifra supera los 410 000, un número superior al de la diáspora china española (228 000), aunque lejos de los 776 000 ciudadanos procedentes de Marruecos o los 632 000 de Rumanía. Pero los recién llegados del país sudamericano tienen notables diferencias con los migrantes norteafricanos y europeos.

INTERESANTE


Desde hace seis años, Venezuela es el país de origen que más solicitudes de asilo realiza a España, primer país de acogida de la UE.  

El Gobierno de España aprobó en 2019 una ley que concede la residencia por razones humanitarias a los venezolanos que no cumplan las condiciones para obtener asilo. Con más de 63 000 venezolanos censados, Madrid es su destino preferido, seguido de Barcelona y Tenerife.

Pero, ¿sabían que hubo una época en la inmigración fue al revés?

Hoy en Échale Pichón, un podcast de historia venezolana os contare como solo en 5 años , entre 1953 y 1958, entraron 150 mil españoles, lo que  supone la mitad de todos los que emigraron a Venezuela entre el 1945 y 1985.  Venezuela tuvo un programa de gestión de inmigración que ahora mismo competiría con los más modernos, como el de Canadá que hoy por hoy es líder mundial. 

Durante el siglo XIX se habían proyectado en Venezuela diversos planes de inmigración que tuvieron escasa repercusión a pesar de los esfuerzos empeñados con tal fin. 

Pero ya desde 1935, comenzó a ingresar a Venezuela una numerosa comunidad de inmigrantes españoles, ocupando al inicio en la mayoría de los casos empleos de baja calificación, para ascender luego en sus puestos de trabajo, o bien aventurarse a crear negocios por cuenta propia, muchos de los cuales habrían de convertirse en el transcurso de algunos años en exitosas empresas que han representado un significativo aporte al adelanto de la economía venezolana. 

La situación cambió de manera sustancial a partir de 1936 cuando fue creciendo el interés por fomentar la inmigración, tal como lo reconoció el presidente Eleazar López Contreras al plantear la imperiosa necesidad de poblar el territorio venezolano para lo cual se requería del aporte de inmigrantes que pudieran contribuir a la prosperidad del país. 

Precisamente en aquel mismo año estalló la Guerra Civil en España que condujo a la emigración de miles de personas que buscaban refugio en el continente americano huyendo de las atrocidades del régimen franquista. 

Esta fue la primera oleada de inmigrantes españoles cuyas motivaciones para abandonar su tierra eran de carácter político. La segunda oleada se registró a partir de 1948 y obedeció más bien a problemas económicos debido a las penurias que estaba atravesando la población, como consecuencia de la devastación ocasionada por la Guerra Civil.




Además, se suma a esta circunstancia que en Europa se estában prendiendo safarrancho tras zafarrancho (no se porque pienso que la historia se repite) algo así como las modas, ¿saben?

En esa época estaba en pleno auge el fascismo y el nazismo. Asimismo, la Unión Soviética estaba en proceso de convertirse en una potencia hegemónica en Europa oriental, y pretendía extender su radio de acción hacia el mundo occidental. Estas corrientes políticas alimentaron y agudizaron las rivalidades y conflictos surgidos en España a raíz de la instauración de la República, contexto en que la agitación política iba cobrando mayor intensidad día tras día hasta desembocar en la Guerra Civil que estalló en 1936, a cuyo término se entronizó un régimen dictatorial que permaneció en el poder a lo largo de más de tres décadas.

A la destrucción material como consecuencia de la contienda y a los obstáculos para reconstruir la economía española debido a la Segunda Guerra Mundial, se sumó en los años de la posguerra la decisión de las naciones europeas y de los Estados Unidos de declarar un bloqueo a esa nación que se hallaba sometida a la tiranía franquista. 

La consecuencia fue el agravamiento de la escasez y de la miseria, que empujó a miles y miles de españoles a buscar nuevos horizontes para recomenzar sus vidas. 

Otra remembranza a la realidad, o ¿no será por eso que el 13% de la población Venezolana decidió dejar el paraíso e irse a otros países? Señores la primera conclusión es que nadie emigra por gusto. 

El continente americano ofrecía por entonces muchas posibilidades para esa población que ansiaba obtener un trabajo productivo y consolidar lazos familiares.

Entre tanto, Venezuela se hallaba en plena transición política después de la conclusión de 27 años de la dictadura de Juan Vicente Gómez. 

En medio de este ambiente en el que se respiraban aires de renovación se comenzaron a diseñar proyectos enfilados al desarrollo de la agricultura e industria con miras a materializar la modernización económica e institucional.

La mayor preocupación de Alberto Adriani, a cargo en los primeros meses de 1936 del Ministerio de Agricultura y Cría y luego del despacho de Hacienda, estaba dirigida al logro de la expansión de la agricultura y el ingreso de inmigrantes para emprender labores productivas en el país 

En ese vasto territorio era necesario disponer de mano de obra apta para dedicarse a la agricultura. Un importante hito fue la creación en 1936 de la colonia agrícola Mendoza, ubicada en las cercanías de Ocumare del Tuy (Miranda), en la que se alojaron al año siguiente alrededor de 30 familias españolas.

Arturo Uslar Pietri calificó de crucial el tema de la inmigración si se pretendía impulsar la agricultura, la cual se hallaba en estado de postración como consecuencia de los efectos de la gran depresión y también de las deficiencias estructurales originadas en su mayor parte en problemas provenientes de la anterior centuria. 

En opinión de Uslar, Venezuela tenía escasa población en una dilatada superficie y, como agravante, carecía de vías de comunicación, su mercado era estrecho e insuficiente la mano de obra .


Por tanto, el fomento de la inmigración requería de planes precisos para definir la forma en que habría de atraerse esa población y su progresiva integración a la vida nacional. 

Una prioridad consistía en organizar pequeños fundos agrícolas, iniciativa que tendría gran utilidad para la creación de una riqueza “permanente” que podría sustituir en el futuro el papel central del petróleo. 

Los programas de inmigración debían formar parte de un vasto plan de transformación de la economía nacional que exigía un estudio y selección del tipo de inmigración más adecuado y la elaboración de un inventario de las zonas y tierras aptas para la agricultura, las condiciones del suelo, el clima, los mercados y los posibles cultivos. 

Otro aspecto de gran relevancia estaba vinculado con la inserción de los inmigrantes, a cuyo efecto era menester prever su residencia provisoria en un hotel, para luego trasladarlos a las colonias agrícolas y velar por la dotación de implementos, semillas, tierras, vivienda, asistencia técnica y auxilio crediticio. 

Todos estos puntos fueron planteados por Arturo Uslar Pietri como parte de su famosa idea de “sembrar el petróleo”. 

Ustedes se imaginan si cuando el barril de petróleo estaba en más de 100 dólares, se hubiese usado el dinero para invertir en generar un tejido productivo real: agricultura, ganadería, industria, turismo.

La colonización agrícola en marcha
En el marco de los planes trazados a partir de 1936, se sucedieron importantes reformas institucionales. El 26 de agosto de 1938 se decretó la fundación del Instituto Técnico de Inmigración y Colonización (ITIC), dirigido entre marzo y julio de 1939 por Arturo Uslar Pietri.

En el decreto de creación del ITIC se indicó que su misión consistía en la implantación de colonias agrícolas mediante la adquisición de terrenos de propiedad particular en determinadas regiones. 

Con esa finalidad, el Instituto debía diseñar un plan general de colonización garantizando la máxima eficiencia en la explotación y parcelación de las tierras disponibles, con el objetivo de obtener elevados rendimientos tomando en cuenta las condiciones del suelo, la capacidad de trabajo de las familias allí asentadas y el capital que las mismas pudieran poseer u obtener 

En el decreto reglamentario del ITIC se precisó el objetivo de instalar escuelas para la capacitación profesional y organizar explotaciones rurales de extensión media como “centros de educación y emancipación del trabajador agrícola” 

Se trataba de una iniciativa que propugnaba la modalidad de inmigración “dirigida”, tal como lo había recomendado Arturo Uslar Pietri.

En 1937, el Ministerio de Agricultura y Cría compró en el valle de Chirgua (Carabobo) 2.800 hectáreas que serían destinadas a formar una colonia modelo. El sitio tenía larga tradición, ya que había pertenecido a una familia emparentada con Simón Bolívar. 

Allí existió en tiempos coloniales una hacienda de caña con trapiche, que en décadas posteriores fue ocupada por una finca cafetalera. La colonia se inició con la construcción de 100 casas y la instalación de los correspondientes servicios básicos. 

En 1938 se realizó la selección de 75 familias suizas y danesas, de las que solamente llegaron 48 familias de esta última nacionalidad, aunque entre marzo y junio del año siguiente la mayoría de los pobladores de ese origen fue reembarcada hacia su país de origen. 

Es que parece que esa gente nórdica no pega bien con nuestro clima, acuérdense de la familia Welser, alemanes que quisieron explotar nuestro territorio y los corrieron los mosquitos.

En dicha colonia habitaban a inicios de los años cuarenta, alrededor de 350 personas agrupadas en 35 familias españolas, 20 venezolanas, 8 danesas, 4 portuguesas y una cubana 

En el estado Portuguesa se estableció en 1939 la colonia Guanare, en la que se residenciaron en un primer momento inmigrantes de origen portugués, y más tarde 12 familias españolas. 

En el estado Táchira se instaló en 1940 la Colonia Rubio con 40 familias españolas y en ese mismo año la colonia La Guayabita en Turmero (Aragua), donde se alojaron 7 familias de la misma procedencia 

En ese tiempo surgió gran interés por recibir inmigrantes vascos tomando en consideración que se trataría de profesionales que podrían contribuir al desarrollo venezolano. 

Una de las voces más contundentes en favor de los vascos fue la de Simón Gonzalo Salas, quien redactó en 1938 un folleto manifestando su respaldo a esos inmigrantes. 

Consideró que en aquel momento había en Francia alrededor de 80.000 vascos exiliados que estaban aguardando por una autorización para trasladarse a Venezuela. 

En el folleto asumió la defensa de los vascos que habían sido descalificados por sus opiniones políticas. Al respecto, planteó que no tenían ideas extremistas y que no significarían ninguna amenaza para Venezuela porque eran “huérfanos de su propia Patria”, por hallarse en el exilio en Francia tras haber luchado por la causa .

Esta posición fue compartida por Uslar Pietri, quien también apoyó las negociaciones entabladas para la entrada de vascos al país .

La legación de Venezuela en Francia, desde 1938, se ocupó de establecer acuerdos para admitir el ingreso de refugiados vascos, de manera especial si estaban ligados a la construcción. 

Precisamente, en marzo de 1939 fue firmado un acuerdo con el gobierno de Euskadi, exiliado en Francia y controlado por el Partido Nacionalista Vasco, por el que se autorizaba el traslado de un grupo a Venezuela, cuyos integrantes recibirían contratos de trabajo. A mediados de aquel año se concertó el viaje de 274 refugiados, entre quienes destacaban profesionales universitarios, constructores, proyectistas y dibujantes 

A pesar de que el tráfico marítimo sufrió una virtual paralización en los años de la guerra, según los datos ministeriales, la inmigración espontánea se incrementó en 38% entre 1939 y 1940 y la inmigración “dirigida” registró un aumento del 61% en esos mismos años. Entre los recién llegados en 1940, el 34% estaba compuesto por agricultores, el 24% por profesiones liberales y el 42% por obreros especializados.

En marzo de 1940 fue enviado un comisionado a Europa para llevar a cabo los arreglos para un posible traslado de 1.812 inmigrantes vascos, quienes ya habían obtenido autorización para el visado de sus pasaportes en los consulados de Burdeos y Marsella, y estaban aguardando por una ocasión favorable para embarcarse rumbo a Venezuela. 

En el acuerdo se estipulaba que los aspirantes debían tener “profesiones u oficios útiles” y se otorgaría además preferencia a aquellos que trajeran algún capital para dar comienzo a sus actividades en el país: agricultores, obreros calificados, pescadores, técnicos, artesanos, agrónomos e ingenieros.

Un interesante indicador es el desembarco en La Guaira de 145 refugiados españoles, que en un principio habían optado por la República Dominicana, pero luego solicitaron su traslado a Venezuela. 

Este grupo arribó bajo el patrocinio del ITIC, institución que financió su traslado y 15 días de alojamiento. Había además un numeroso grupo de españoles que estaban esperando en Europa para dirigirse a Venezuela 

A pesar de las dificultades ocasionadas por la guerra, entre 1944 y 1945, la Cancillería venezolana junto al Servicio de Emigración de la República Española (SERE) y la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE) intensificó sus acciones para la recepción de refugiados de esa nacionalidad que se hallaban en Burdeos, Marsella y Casablanca (Márquez Sureda y Martín Frechilla, 2002: 39).

Al terminar la contienda, el panorama europeo era dantesco. Más de 40 millones de muertos y regiones completamente devastadas revelaban los horrores de la tragedia que se estaba padeciendo. 

Multitudes intentaban abandonar el territorio europeo buscando refugio en el continente americano. En el caso de los españoles, ese drama se había iniciado en 1939 ante las ejecuciones, detenciones y persecuciones del gobierno de Francisco Franco. 

En la medida en que el movimiento migratorio se fue haciendo más nutrido, el ITIC fue perfeccionando su estructura organizativa. Hasta el primer semestre de 1947 se había alojado a los inmigrantes en hoteles particulares, pero para reducir ese costo y mejorar el sistema de control se arrendó un edificio de cinco pisos en Guarataro, que se convirtió en el Hotel de Inmigrantes con capacidad para atender 450 personas, contando además con la prestación de servicios médicos y sociales.

Debido a la entrada de contingentes más numerosos fue necesario habilitar el Centro de Recepción de Inmigrantes en Sarría (Caracas), que constaba de 18 barracas acondicionadas, a las que luego se agregaron otras siete. También se instaló un centro de recepción en El Trompillo (Güigüe, Carabobo) que empezó a operar en setiembre de 1947, usando las viviendas y oficinas de una antigua hacienda, sitio que podía albergar alrededor de 2.500 personas 

El ITIC también se hizo cargo de la formación de los recién llegados mediante talleres de carpintería y mecánica, escuelas artesanales y una unidad experimental agrícola. Paralelamente se establecieron otros centros más pequeños como el de San Pedro de los Altos, el Ingenio Bolívar en Aragua y San Felipe en Yaracuy.

Para conocer las características de los refugiados en cuanto a sus ocupaciones, resulta de utilidad examinar un aviso publicado en diciembre de 1946, donde aparecía un listado en el que constaban los servicios ofrecidos por los inmigrantes que aún se encontraban en los centros de recepción. 

Se trataba de 75 adultos con las siguientes ocupaciones: 13 con oficios domésticos, 10 mecánicos, 5 obreros, 5 modistas, 5 fabricantes, 4 sastres, 3 electricistas, 3 albañiles, 3 maestros de enseñanza primaria, 3 oficinistas, 3 peluqueros, 3 mecanógrafos, 2 médicos, 2 enfermeras, 2 tipógrafos, 2 agricultores, 1 zapatero, 1 panadero, 1 profesor de música, 1 ebanista, 1 lapidario de piedras preciosas, 1 dibujante y 1 chofer. 

Destacan en este listado los profesionales de la medicina, las enfermeras, los maestros y buen número de trabajadores especializados, mientras que llama la atención la presencia de solo dos agricultores 

En aquella coyuntura era muy importante para Venezuela disponer de mano de obra capacitada para encarar las transformaciones económicas y sociales de la nación. 

Precisamente, sanear, educar y poblar fue la consigna lanzada por el gobierno desde 1936.
Expansión de la agricultura y del comercio.

El Nuevo Ideal Nacional fue la denominación recibida por la doctrina del régimen perezjimenista, en la que se enfatizaba la promoción del poblamiento mediante inmigrantes que podrían contribuir con el propósito de “mejorar” el componente étnico de la población y dar su aporte para el crecimiento de la producción. 

Por entonces, Venezuela se caracterizaba por la prosperidad de su economía gracias a la explotación petrolera en expansión. En estas circunstancias se aplicó la denominada política de “puertas abiertas” lo que incentivó el aumento en el número de ingresos, generalmente de familias completas que aspiraban obtener rápidamente empleo y estabilidad económica

Una vez que fue eliminado el ITIC en 1949, sus funciones fueron traspasadas al Instituto Agrario Nacional (IAN), al tiempo que el Ministerio de Relaciones Interiores y la Dirección de Identificación y Extranjería (DIEX) pasaron a ser las instituciones encargadas de la atención de la corriente migratoria. Con ello, el Ministerio de Agricultura y Cría dejó de tener participación en ese proceso (Pellegrino, 1989: 199).

En la medida en que ya no había restricciones para la inmigración, se incrementó de modo sustantivo el ingreso de españoles, principalmente los procedentes de las Islas Canarias y de Galicia. 

Para los isleños, Venezuela constituía un destino atractivo por la posibilidad de practicar actividades agrícolas, al igual que en su terruño, a lo que se unía cierta semejanza en las condiciones climáticas. 

Una importante proporción de los canarios entró al país sin visa debido a que no poseían recursos para adquirir un pasaje marítimo o asumir el costo de las tramitaciones, por lo que se embarcaban en navíos clandestinos, denominados “barcos fantasma”. 

Tal fue el grado de interés que despertaba Venezuela que, en 1952, aparte de la misión de inmigración que se mantenía en Madrid, el gobierno venezolano decidió establecer otra oficina en Santa Cruz de Tenerife, para facilitar las gestiones consulares a los habitantes de las Islas Canarias 

La Colonia Chirgua se constituyó en una interesante experiencia con la incorporación de un grupo de vascos a esa unidad productiva. 

La tramitación fue realizada de manera directa por Luis Rodríguez Azpúrua, vicepresidente del IAN, quien se ocupó de organizar en 1950 el traslado de ocho familias desde el valle de Arratia (Euskadi) hasta Puerto Cabello. Después de su alojamiento en el centro de recepción de El Trompillo, los vascos fueron llevados a Chirgua, donde se llevó a cabo el proceso de adjudicación de las parcelas. 

Los costos del pasaje fueron pagados con la primera cosecha, mientras que se admitió un plazo de financiamiento de 25 años para la parcela y la casa. 

El principal cultivo de esta colonia fue la papa, complementada luego con la cría de aves 

Por entonces, la Colonia Turén (Portuguesa) fue una especie de emblema de la política agrícola del régimen perezjimenista, en la que se llevaron a la práctica varios planes para acrecentar los cultivos destinados al consumo nacional. 

A tal efecto se realizaron allí cuantiosas inversiones en obras de infraestructura agrícola y se otorgó asistencia técnica y financiamiento a los parceleros. 

En 1953, se disponía en Turén de 17.333 hectáreas parceladas, con cultivos de maíz, papa, arroz, caraota y frijol. Los extranjeros que allí se encontraban constituían el 41% del total, entre los cuales los inmigrantes españoles representaban una alta proporción 

Los pobladores de origen canario trasladaron parte de su tradición agrícola a tierras venezolanas e impulsaron diversos cultivos, especialmente papa y hortalizas, en los estados Miranda, Aragua, Carabobo, Yaracuy y Lara, que luego se difundieron a Pregonero (Táchira), Valle Grande, Santo Domingo, Pueblo Llano (Mérida) y Tuñame (Trujillo) 

Estas labores formaban parte de los planes sectoriales trazados para el fomento de la agricultura que se tradujeron en la construcción de obras de infraestructura para el riego y la vialidad, y también en la concesión de créditos y asistencia técnica. 

La presencia activa de los inmigrantes hizo posible la ampliación de las áreas cultivadas mediante el aprovechamiento de las tierras bajas.

A partir de los años sesenta, el flujo migratorio se fue deteniendo en la medida en que la situación económica de España logró cierta estabilidad, después que los Estados Unidos y algunas naciones europeas restablecieron relaciones con España, dando así por terminado el bloqueo que se había declarado en la posguerra. 

Paralelamente, la política de inmigración en Venezuela sufrió un giro radical con las restricciones impuestas a la entrada de extranjeros mediante el requisito de presentación de solicitudes formales por parte de familiares. 

En 1960, los servicios de inmigración quedaron adscritos al Ministerio de Agricultura y Cría, ya que el IAN pasó a tener nuevas responsabilidades con la promulgación de la Ley de Reforma Agraria.

Al campo industrial pertenecen numerosas empresas que fueron promovidas por inmigrantes españoles y que abarcan distintas ramas: alimentos, metalurgia, química, imprentas y calzado, entre otras y como son tantos casos de éxito, Les voy a poner cara alguna de esas múltiples historias : 

Un caso emblemático fue el de Juan Puig Canals, proveniente de Mallorca, quien se residenció en Caracas en la primera década del siglo XX, donde estableció varias empresas dedicadas a la elaboración de pastas, chocolates y caramelos, hasta fundar en 1911 la fábrica de Galletas Puig, que no sé si existe aún pero que poseia hasta que yo me
Vine modernas plantas procesadoras en Los Cortijos (Caracas), Cagua y Las Tejerías (Aragua).

Otro caso interesante es el de Modesto Lucas, nacido en 1882 en la provincia de Valladolid. Después de transitar por Argentina y Estados Unidos, decidió trasladarse a Caracas donde compró un taller de calzado que ya estaba en marcha, formando una empresa típicamente familiar. Fundó luego dos fábricas más, que en 1948 fueron registradas bajo la razón social de Calzados Lucas, firma que siguió ampliándose hasta contar con 18 sucursales en todo el país, con exportaciones dirigidas a Curazao, Puerto Rico y Nueva York (Lucas, 2015: 174-193).

Juan Francisco Hernández, oriundo de Salamanca y médico de profesión, se trasladó a Venezuela, donde se dedicó al ejercicio de la medicina y a los negocios de la construcción, hasta que junto a su hijo Juan Francisco Hernández Bruzual, ingeniero civil, decidió centrar su atención en la industrialización del cacao. De allí surgió la idea de crear en 2007 la empresa Cacao Real, ubicada en Guatire, en la que se elaboran manteca, licor y polvo de cacao, suministros básicos para la industria chocolatera. La empresa ocupa en la actualidad alrededor de un centenar de trabajadores.

En los años cincuenta arribó a Venezuela desde Tenerife, Álvaro Gorrín Ramos. Si bien su oficio era el de zapatero, abrió un restaurant en Catia y poco después adquirió su primera panadería en Caracas que recibió la denominación de Don Pan. En la medida en que el negocio fue prosperando, fueron inaugurados otros locales en Caracas y en el exterior. Gorrín Ramos fue presidente de la Federación Venezolana de Industriales de la Panificación.

Jorge Pieza Miralles es de origen asturiano. Sus primeras labores se llevaron a cabo en el ámbito rural. Con posterioridad, junto a otros socios, constituyó la compañía Eléctricos Industriales de Oriente, Elidor, empresa localizada en El Tigre (Anzoátegui) y especializada en materiales y equipos eléctricos, importante suministro para la industria petrolera.

Oriundos de Barcelona, Jorge y Carlos Cahíz Puigdollers formaron en 1956 una empresa denominada Cahíz Hermanos, que se inició como una pequeña fábrica de cuadernos, marca Alpes, ubicada en un reducido local en el sector Santa Rosa de Valencia. Una innovación de la firma fue la incorporación de espirales de metal a los cuadernos, hecho que dio gran impulso a las ventas de la empresa, la cual posteriormente se trasladó a la zona industrial de la misma ciudad.

La conocida Charcutería La Montserratina, así llamada en homenaje a la Patrona de Cataluña, fue fundada por Juan y María Berenguer, originarios de esa región. Empezaron elaborando la típica salchicha catalana que era muy solicitada por la comunidad española residente en Caracas. Luego instalaron un pequeño local en el mercado de San Martín que, con la expansión de la clientela, se convirtió en 1949 en la empresa La Montserratina, localizada en San Agustín, en la que se preparaba butifarra catalana, salchichas y morcillas. Con los años, la firma extendió su radio de acción y construyó en 1970 una fábrica en Las Tejerías, que se amplió veinte años más tarde.

En los años de la posguerra emigraron a Venezuela desde las Islas Canarias: Valentín Bermúdez Casquero, Honorio Díaz Vásquez y Rocío Díaz de Bermúdez. En 1952 se reunieron para formar un pequeño emprendimiento en un garaje de Santa Rosalía (Caracas) en el que realizaban la compra y venta de especias, condimentos y granos que eran empaquetados artesanalmente. En la medida en que el negocio se fue ensanchando, constituyeron en 1957 de manera formal la empresa que fue el origen de Industrias Iberia, constituida como tal en 1964, en la que también se elaboraban caldos, salsas, aderezos e infusiones con las marcas Iberia y Olympia.

También citaremos el caso de Segundo Torres García, isleño, quien estableció en 1967 Alimentos Indaeca, fábrica de condimentos, especias y salsas con la marca Macarena. La empresa actualmente está localizada en la zona industrial San Vicente de Maracay (Aragua).

En el sector de los servicios, destacan algunas figuras como Francisco Rodríguez Sobral, natural de Pontevedra (Galicia). Al llegar a Caracas, trabajó como mesonero en agencias de festejos, pero como la mayoría de los inmigrantes españoles ansiaba conducir su propia empresa. Dio el primer paso con la elaboración de pasapalos y comidas para celebraciones, que eran preparados por su esposa Berta, de manera que su cartera de clientes se fue ampliando cada vez más. Después de reunir suficiente capital estableció la reconocida firma Festejos MAR, más conocida como Quinta La Esmeralda.

En ese mismo cuadro de desarrollo agrícola en la región centro-occidental del país sobresale la figura de Enrique Fraga Afonso. Emigró desde Tenerife (Islas Canarias) en 1955 a El Tocuyo (Lara) donde puso en marcha un pequeño local de venta de semillas de cebolla que fue prosperando gracias a la expansión agrícola de aquellos años. Junto a otros cuatro socios también canarios, inauguró en 1958 la empresa Agroisleña en Palo Negro (Aragua). En el transcurso de unos años, la firma fue ensanchando sus negocios al incorporar la distribución y venta de fertilizantes, herbicidas, insecticidas y en general insumos para las actividades agropecuarias, a lo que se agregó el financiamiento, asesoría y asistencia técnica para los productores. En 2010, la empresa fue expropiada por el gobierno nacional, pasando a denominarse Agropatria.

En el ámbito comercial haremos referencia a algunos casos representativos. Serafín y Manuel García decidieron abandonar la isla La Gomera en los años cincuenta y dirigirse a Venezuela. Al principio trabajaron como repartidores de mercancías en el Mercado Municipal de San Félix. Paralelamente, la economía regional adquirió gran dinamismo gracias a la multiplicidad de empresas creadas por la Corporación Venezolana de Guayana, en las áreas de electricidad, hierro, acero y aluminio, todo lo cual generó una elevada demanda de variedad de artículos. De este modo, la distribución de alimentos se transformó en un sector que presentaba amplias oportunidades, como puede apreciarse con los éxitos logrados por las empresas del Complejo García Hermanos: Víveres Ordaz (equipos y accesorios para la industria de alimentos), Frigoríficos Ordaz S. A. (Friosa, distribución de productos refrigerados y congelados), Delicatesses La Fuente, Hipermercados Koma y Alimentos Frisa. Su radio de acción estaba en Puerto Ordaz, Ciudad Bolívar y otras importantes ciudades del estado Bolívar. También poseían inversiones en el ramo hotelero y de restaurantes.

Otra conocida cadena de supermercados fue creada por un inmigrante canario José Suárez Meneses. Empezó con Plásticos Suárez, firma encargada de la venta de bolsas plásticas y artículos de limpieza que funcionaba en el garaje de una casa ubicada en Alto Prado. Con posterioridad, se fueron ampliando los espacios hasta que en 1998 fue inaugurado el primer supermercado bajo la razón social de Plansuárez en La Trinidad (Caracas). En 2003 se abrió una sucursal en Caurimare y cinco años más tarde otra en La Urbina, esta última en la categoría de hipermercado, en el que además de los rubros de alimentos, se ofrecen electrodomésticos, juguetes, piñatería, ferretería y farmacia.
Horacio Serrano nació en la capital española en 1930. Se graduó en la carrera de Medicina en la Universidad de Madrid. En 1953 emigró a Venezuela, donde revalidó su título, lo que le permitió ejercer como médico en la Clínica Sanatrix, ubicada en aquella época en La Florida. Junto a otros cuatro médicos de nacionalidad italiana, fundó en 1961 la conocida Policlínica Las Mercedes (Figueredo, 2015).

A manera de conclusión solo puedo decir que los tiempos son cíclicos, que la grave situación que estaba atravesando España a raíz de la Guerra Civil coincidió con una etapa de profundas transformaciones en la sociedad venezolana, una de cuyas expresiones fue la adopción de políticas activas para la atracción de población extranjera. De este modo, la inmigración pasó a ser una estrategia fundamental dirigida a lograr la incorporación de mano de obra y conocimiento técnico para el progreso de la agricultura y la industria. 

“Venezuela fue ejemplo de políticas de, la inmigración“ dirigida o selectiva y se nutrió en una primera etapa de los miles de refugiados españoles que intentaban abandonar Europa.

La Venezuela gloriosa que conocimos contó con la laboriosa y perseverante participación de la inmigración española, desde los peldaños inferiores hasta las posiciones más encumbradas.

Irónicamente , o por azares del destino se le ha dado la vuelta a la tortilla y cuando vas caminando por la gran vía de Madrid no paras d escuchar marica, chamo, na huevona!

Cuando vas al hospital  en Barcelona te atiende un dulce médico de Barquisimeto y cuando estás en El Corte Inglés de Bilbao intentado elegir que tele comprar, una dependienta de tucipita te pregunta con la mejor sonrisa en que puedo ayudarte y cuando nos reconocemos los acentos acabamos intercambiando el teléfono y poniendo tu casa a la orden para cuando vayas a tenerife. Esos somos los venezolanos, porque también somos en parte españoles. Que orgullosa me siento de ser venezolana y de ser española también. 

Y hasta aquí Échale Pichón, un podcast de historia Venezolana, donde yo, Veronica Aguilera, os cuento porque, PASEN LOS AÑOS QUE PASEN, VENEZUELA SIEMPRE SERA EL  AMOR DE MI VIDA. Y Recuerden , “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Espero que os haya gustado y que mi iniciativa pueda crecer gracias a vuestros aportes. Y ya si me quieres echar una mano, síguenos en Instagram en @echalepichonpodcast, valóralo en las plataformas y sobre todo ¡corre la voz!

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