‘El estigma del éxito póstumo’, por Marco Canale

‘El estigma del éxito póstumo’, por Marco Canale

Por Marco Canale |

Recientemente tuve el placer de reunirme con una artista estadounidense de origen cubano. Es fotógrafa por pasión y por formación. El deleite de la reunión tuvo varias aristas, no obstante la que atañe a este artículo, es la sorpresa que me causaron sus palabras, cuando me dijo de forma espontánea, que ella sabía que sólo alcanzaría el éxito de ¡forma póstuma!

Ciertamente, muchos de los maestros de la modernidad y sobre todo de épocas anteriores, no conocieron jamás la fama en vida y, de hecho, muchos de ellos fallecieron sin ser conocidos más allá de sus comunidades locales y con suerte de sus fronteras nacionales.

No obstante, en esta era pos-moderna en la que nos encontramos, los artistas contemporáneos no tienen por que asumir que el estigma del éxito póstumo los perseguirá. La solución está en sus propias manos, solo falta decidirse a asumir que nos encontramos en una era donde la globalización y la tecnología marcan el ritmo de los tiempos que corren. Asumidas como cosas ciertas, los tiempos actuales le permiten a artistas, galerías y organizaciones artísticas tener una influencia más allá de sus propios limites físico-geográficos. En lo personal, por ejemplo, desde la comodidad de mi hogar en Latinoamérica, el avance tecnológico me da acceso a la evolución de la obra de un artista japonés, que ahora vive en Alemania.

Por tanto, para el artista contemporáneo, la clave del éxito está en el mercadeo. Pero no, no se trata del marketing y de la promoción que haga la galería que le represente, sino su propio trabajo, es decir, su sitio web, sus redes sociales y la red de contactos profesionales que va construyendo para sí. Como galerista, muchas veces me han preguntado qué opinión me merece el hecho que algunos artistas bajo representación se “atrevan” a tener su propio sitio web. La respuesta siempre ha sido la misma: me parece necesario y se lo aconsejo a todos aquellos con quienes trabajo, pues es una clave en la promoción y el mercadeo de cualquier de ellos.

En este sentido es importante destacar que existen artistas contemporáneos de mucho talento, que no han tenido el éxito que se merecen debido, muchas veces, a su propia falta de iniciativa hacia la comercialización a través de las nuevas tecnologías. De la misma forma, existen otros artistas, quienes quizás sean menos talentosos, pero que se han sabido promocionar a sí mismos y mercadear su arte con mucha habilidad, lo que les ha permitido alcanzar un elevado éxito comercial.

Veámoslo desde otra perspectiva. En el mundo actual, vivimos atiborrados de información que nos viene de todas partes y de cualquier índole; informaciones incluso que pueden ser contradictorias o infundadas sobre un mismo tema. Esto sólo quiere decir, y no aplica únicamente al mundo del arte, que el nivel de competencia se ha intensificado y que se ha vuelto internacional.

Por lo tanto, un artista en Quepos, Costa Rica tiene posibilidades equivalentes que el mundo admire sus obras a aquellas que tiene otro artista en Padang, Indonesia. Aunque se trate de pueblos costeros y la obra de ambos artistas esté irremediablemente influenciada por este hecho, al final todo dependerá de cómo jueguen las “cartas tecnológicas” que tienen a su disposición, la mayoría de ellas a un costo monetario muy bajo o sencillamente gratis.

El mercadeo personal se ha transformado en un requerimiento porque la sociedad así ha evolucionado. De la misma forma que los reality shows han marcado pauta en el mundo de la televisión, los coleccionistas de hoy en día ya no solo se limitan a admirar una obra de arte, sino que además aprecian con creces a quienes les abren la puerta a su proceso creativo, tanto de concepción como de elaboración, aunque solo sea virtualmente. Además, este proceso permite a nuevos coleccionistas conocer la existencia de un artista y no solo admirar su obra, sino poder encargarle un trabajo a kilómetros de distancia.

Por ello, los esfuerzos promocionales y publicitarios (más costosos) que emprende la galería u organización que los representa deben ir de la mano de aquellos que emprenda el propio artista. Será este esfuerzo mancomunado el que le permita abrir un camino en un mundo cada vez más global y competitivo.

Ahora bien, es importante no confundir el mundo virtual con el mundo real. Alcanzar un reconocimiento mundial de manera virtual, no siempre provee ingresos de dinero, pero este es otro tema, que será abordado en una próxima oportunidad.

Retengamos entonces que un trabajo de mercadeo bien concatenado, le permite al artista alcanzar de forma más rápida una estabilidad económica, lo cual a su vez, le permite seguir creando y dedicándose profesionalmente a su vocación. De esta forma, su obra evoluciona y madura con mayor rapidez, lo que finalmente le permite alcanzar el éxito en vida. Así se rompe el estigma del éxito póstumo.

Por Marco Canale
Director del centro de arte CanaleDiaz

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Foto: Autorretrato Vincent van Gogh 1889

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