¿Constantino, el primer emperador romano católico?

¿Constantino, el primer emperador romano católico?

Una señal en el cielo y un sueño llevó al emperador Constantino a adoptar el símbolo de la cruz como estandarte para identificar a sus huestes, a comienzos del siglo IV d. C. ¿Se trató de una estrategia política o fue Constantino el primer emperador romano católico? Conoce los detalles de esta historia aquí.

Un imperio fracturado

Para el momento en el que Constantino I alcanza el poder, el Imperio romano se encontraba, en más de un sentido, profundamente fracturado.

Hacia finales del siglo III d. C. La progresiva expansión del territorio imperial había dejado a Roma en la difícil situación de tener que presentar batalla simultáneamente en múltiples frentes, para proteger sus cada vez menos precisas fronteras.

Aunado a esto, en Roma reinaba la inestabilidad política, debido a las sucesiones fugaces de emperadores que eran asesinados en Palacio, no mucho después de haber sido uncidos con el rango de gobernantes supremos.

Esto llevó a Diocleciano, emperador investido en el año 284, a mover la capital del imperio a Nicomedia, una ciudad del Asia menor. La excusa detrás de este traslado era que su presencia en los bordes orientales del imperio era indispensable, para mantener a las legiones bárbaras a raya.

Pero Diocleciano fue aún más allá en su intento por restarle valor a la importancia de Roma (como centro institucional del poder). Para garantizar el control en occidente, el emperador nombró como corregente suyo a Maximiano (uno de sus generales).

Este, a su vez, evitaría Roma, gobernando en su lugar desde Milán.

Estos dos gobernantes portarían el título de “Augusto”. Aparte Diocleciano y Maximiano acordaron designar a sus revelos (conocidos como “Césares”), para tener sucesión asegurada, en caso de que la muerte los sorprendiese o alcanzaran los 20 años en el poder.

A este sistema de cuatro gobernantes supremos en simultáneo se le conoce como tetrarquía.

En el año 305, los Augustos cumplieron sus dos décadas gobernando, y abdicaron en favor de sus respectivos Césares. El de Maximiano era Constancio Cloro, padre de Constantino. Cloro moriría poco después, tomando Constantino su lugar.

El símbolo de la cruz

Majencio, hijo de Maximiano, inconforme con el César designado por su padre, decidió reclamar para sí el título de gobernante absoluto. Así, luego de reunir un ejército en Roma, partió a la batalla en contra de Constantino.

En el camino hacia el choque definitivo, que tendría lugar junto al puente Milvio, Constantino tuvo una premonitoria visión: observó una cruz dorada en el cielo, adornada con la inscripción In hoc signo vinces, que quiere decir: con este signo vencerás.

Esa misma noche Constantino tuvo un sueño que terminó de aclararle el sentido de su visión: una voz portentosa lo exhortaba a pintar la cruz de Cristo en los escudos de sus soldados. Al amanecer obedeció. Al mismo tiempo hizo colocar en sus estandartes un lábaro hecho con las iniciales griegas del hijo de Dios.

El 28 de octubre de año 312, a veinte kilómetros de Roma, el ejército de Constantino se enfrentó con el de Majenció y alcanzó una victoria definitiva.

¿Constantino I, representante de la cristiandad?

Al acceder al trono, el vencedor decidió mantener su nombre: sería recordado por la historiografía real como Constantino I. Pero para la Iglesia ortodoxa de Oriente, Constantino estaría mejor acomodado entre el número de los primeros santos, debido al notable papel que el emperador jugó en la defensa del cristianismo.

Mosaico de Constantino representado con la coronilla de los santos ubicado en la basílica de Santa Sofía, en Estambul – Imagen: Wikipedia.-

¿Pero estaba Constantino genuinamente convencido de que el cristianismo era la verdadera religión? ¿O se trató más bien una ávida maniobra política para mantenerse en el poder?

Para el biógrafo oficial del emperador, Eusebio de Cesarea, la tardía conversión de Constantino al cristianismo es la prueba definitiva de su fe. En efecto, justo antes de morir Constantino se bautizó. E incluso antes de eso, había promulgado el Edicto de Milán, que decretaba la tolerancia a los grupos cristianos.

Pero los estudiosos contemporáneos ponen en entredicho la fe de Constantino y lo retratan más como un hombre hábil, decidido a aprovechar las corrientes dominantes de su tiempo. Baste con decir que de los 130 mil soldados que lo acompañaron a la batalla del puente Milvio, la mayoría eran cristianos.

Conviene tomar en cuenta además la rapidez con que el cristianismo se extendió dentro de la población del imperio. En el año 150, los seguidores de Cristo en territorio romano sumaban 40 mil personas, y ya para el año 300 esta cifra ha dado un salto notable, con 6.300.000 cristianos dentro de imperio.

Finalmente, un contemporáneo de Constantino que le preguntó al emperador cuál era el secreto de su éxito obtuvo como respuesta: “Es la Fortuna quien hace de un hombre un emperador”. Era la Fortuna, una deidad pagana, la mejor aliada de Constantino, no Dios.

Tal parece que Constantino fue el primer emperador romano católico, pero solo de nombre.

La cruz de luz: un fenómeno meteorológico

En Europa, en la época del año que corresponde al invierno, es posible observar una cruz de luz en el cielo.

Este fenómeno se explica por la refracción de la luz solar que ocurre cuando hay abundancia de cristales de hielo en la atmosfera. En estas condiciones la luz se refracta en dos líneas que se cruza, una en sentido horizontal y la otra en vertical.

La batalla del puente Milvio, cuando se supone que Constantino tuvo su visión, se dio en octubre, un mes invernal.

Con información de: Tiempo / Wikipedia / Imagen de portada:

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