Biblioteca Culturizando: ‘Rosemary’s Baby’ y la fascinación por lo monstruoso

Biblioteca Culturizando: ‘Rosemary’s Baby’ y la fascinación por lo monstruoso

Biblioteca Culturizando | El tema del satanismo y el anticristo siempre han sido de los más llamativos ante la opinión pública. Ese temor y fascinación a lo desconocido, lo macabro y prohibido se ve plasmado en ‘Rosemary’s Baby’, uno de los mayores clásicos de la literatura de terror. 

Ficha técnica

Título original: Rosemary’s Baby – El bebé de Rosemary o La semilla del diablo

Autor: Ira Levin 

Año de publicación: 1967

Género:  Literatura fantástica y terror

Interés por lo oculto

El ser humano siempre ha sentido una fascinación innata por lo prohibido. Es como en el caso de los niños, mientras más se les prohíbe hacer algo, su intriga, interés y deseo por ello aumenta. El bebé de Rosemary es una novela que supo tomar esa pasión bizarra -en el sentido anglosajón de la palabra- por lo que es moralmente prohibido

En el clásico de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, el monstruo de la historia no es Edward Hyde, un ser repleto de maldad; es Henry Jekyll quien debe cargar con ese peso en la historia. Al no aceptar su monstruosidad, un rasgo intrínseco del ser humano, e ir en contra de su naturaleza… se convierte en aquello que repudió. En la obra de Levin, se muestra dicha dualidad entre lo virtuoso y lo monstruoso del ser humano; al final, las partes involucradas, lejos de negar esa naturaleza, la aceptan.   

Rosemary’s Baby se sitúa en la década de los sesenta. Todavía se vivían las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, se siente el aire de la Guerra de Corea y el conflicto bélico en Vietnam. Las personas saben que están en una época de cambio, pero desconocen que sea para bien. Un nuevo mundo está naciendo ante sus ojos

El conflicto sobre la fe, lo moralmente correcto y la maldad en el mundo juegan una parte importante en la novela. La sociedad ha cambiado su perspectiva y con la llegada del anticristo, la monstruosidad y la fascinación natural que se produce son aceptadas.

No todo es bueno o malo, sino que estos principios parten de una dualidad. Una tierna pareja de ancianos lidera una secta satánica y una dulce mujer embarazada porta en su vientre al descendiente de Satanás.         

La intriga como estilo del autor 

Ira Levin nació el 27 de agosto de 1929, en Nueva York, Estados Unidos, y murió en el mismo lugar el 12 de noviembre del 2007. Estudió Filosofía e Inglés en la Universidad de Nueva York y también formó parte del Ejército norteamericano

Siempre sintió gran pasión por la escritura, aunque sus inicios se dieron como guionista para televisión y redactor de textos para obras teatrales, siendo Trampa mortal la más exitosa, brillando en Broadway y ganando un Premio Edgar Allan Poe por su ópera prima Bésame antes de morir, entregado por la Asociación de Escritores de Misterio de América a la mejor primera novela. 

Otras de sus grandes obras fueron Los niños del Brasil y El bebé de Rosemary, que también fueron adaptadas al cine, siendo aclamadas por el público y la crítica especializada hasta el punto de convertirse en clásicos del séptimo arte. 

Fragmento destacado

“Rosemary durmió un poco, y entonces entró Guy y comenzó a hacerle el amor. La acarició con ambas manos, una larga y gustosa caricia que comenzó en sus muñecas atadas, se deslizó por sus brazos, pechos y caderas, y se convirtió en un voluptuoso cosquilleo entre sus piernas. Repitió la excitante caricia una y otra vez, con manos cálidas y de uñas afiladas, y entonces, cuando ella estuvo dispuesta-dispuesta-más-que-dispuesta, le deslizó una mano bajo sus nalgas, las elevó, alojó su dureza contra ella, y la empujó dentro poderosamente. Él era más grande. Se apoyaba sobre ella, con su otro brazo deslizándose bajo su espalda para sostenerla, su amplio pecho aplastando sus senos. (Él llevaba puesta, porque debía ser un traje de etiqueta, una armadura de cuero áspero). De modo brutal y rítmico, empujaba su nueva enormidad. Ella abrió sus ojos y vio ojos amarillos como hornos, olió azufre y raíz de tanis, sintió un aliento húmedo en su boca, oyó gruñidos de lujuria y la respiración de espectadores”.   

Con información de Lecturalia / El Mostrador / Lengua y Literatura

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