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La incondicional rendición de Japón en la II Guerra Mundial

La incondicional rendición de Japón en la II Guerra Mundial

Japón aceptó los términos aliados en agosto de 1945, pero la rendición formal se firmó el 2 de septiembre a bordo del USS Missouri. Esta es la historia del mensaje de Hirohito, las fechas clave y el cierre de la Segunda Guerra Mundial.

El 15 de agosto de 1945, millones de japoneses escucharon por radio una voz que casi nadie había oído antes: la del emperador Hirohito. En un mensaje grabado el día anterior, anunció que Japón aceptaba la Declaración de Potsdam y que la guerra debía terminar.

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La noticia llegó después de una cadena de hechos decisivos: el bombardeo atómico de Hiroshima el 6 de agosto, el de Nagasaki el 9 de agosto y la entrada de la Unión Soviética en la guerra contra Japón, también el 9 de agosto. El anuncio no significó todavía la firma oficial de la rendición, pero sí puso fin a las operaciones militares japonesas y abrió el camino a la ocupación aliada.

Japón aceptó la Declaración de Potsdam

El gobierno japonés comunicó el 14 de agosto de 1945 que aceptaba los términos de la Declaración de Potsdam, emitida el 26 de julio por Estados Unidos, el Reino Unido y China. La Unión Soviética se sumó posteriormente a la exigencia aliada tras declarar la guerra a Japón.

La declaración exigía la rendición incondicional de las fuerzas armadas japonesas y advertía que la alternativa era una “destrucción rápida y total”. Japón intentó inicialmente preservar las prerrogativas del emperador, pero los Aliados respondieron que, desde el momento de la rendición, la autoridad del emperador y del gobierno quedaría subordinada al comandante supremo de las Potencias Aliadas.

Por eso conviene precisar un detalle histórico: la rendición fue incondicional respecto de las fuerzas armadas japonesas y de la aceptación de los términos aliados, pero la institución imperial no fue abolida. Hirohito permaneció en el trono durante la ocupación y hasta su muerte, en 1989.

Representantes japoneses firman el Instrumento de Rendición a bordo del USS Missouri, en la bahía de Tokio, el 2 de septiembre de 1945.

La voz del emperador que cambió el rumbo del país

El Rescripto Imperial sobre la Terminación de la Guerra fue grabado por Hirohito el 14 de agosto y transmitido al mediodía del 15 de agosto de 1945, hora de Japón. Fue la primera ocasión en que gran parte de la población japonesa escuchó la voz de su emperador por radio.

El lenguaje del discurso era formal y arcaico, por lo que muchos oyentes no comprendieron de inmediato que Japón se había rendido. Sin embargo, el mensaje dejaba claro que continuar el conflicto amenazaba la supervivencia de la nación.

Hirohito se refirió al uso de “una bomba nueva y sumamente cruel”, en alusión a las armas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. También afirmó que prolongar la guerra no solo llevaría a la destrucción de Japón, sino que pondría en peligro a “toda la civilización humana”.

Uno de los fragmentos más recordados del rescripto expresa la decisión en términos que marcaron la memoria japonesa de posguerra:

“Debemos soportar lo insoportable y padecer lo insufrible, para abrir el camino hacia una gran paz para todas las generaciones venideras”.

Hirohito, conocido póstumamente como emperador Shōwa, reinó en Japón entre 1926 y 1989.

Discurso completo de Hirohito en 1945

A nuestros queridos y leales súbditos:

Después de reflexionar profundamente sobre las tendencias generales del mundo y las condiciones reales que se dan hoy en nuestro imperio, hemos decidido lograr un arreglo de la situación actual recurriendo a una medida extraordinaria.

Hemos decidido que nuestro gobierno que le comunique a los gobierno de los Estados Unidos, Gran Bretaña, China y la Unión Soviética apoyarán en nuestra decisión, acepta las disposiciones de su Declaración conjunta.

Esforzarse por la prosperidad y felicidad comunes de todas las naciones, así como por la seguridad y el bienestar de nuestros súbditos, es la obligación solemne que nuestros ancestros imperiales nos han transmitido y que está cerca de nuestro corazón. De hecho, declaramos la guerra a los Norteamericanos y los Británicos debido a nuestro sincero deseo de garantizar la autoconservación de Japón y la estabilización de Asia Oriental, está lejos de nuestro pensamiento infringir la soberanía de otras naciones o embarcarse en un engrandecimiento territorial.

Pero ahora la guerra ha durado casi cuatro años. A pesar de lo mejor que ha hecho todo el mundo: los valientes combates de las fuerzas militares y navales, la diligencia y la asiduidad de nuestros servidores del estado y el servicio devoto de nuestros cien millones de personas, la situación de guerra no se ha desarrollado necesariamente para la provecho de Japón, mientras que las tendencias generales del mundo se han vuelto contra su interés.

Además, el enemigo ha comenzado a emplear una bomba nueva y más cruel, cuyo poder para hacer daño es, de hecho, incalculable, y está cobrando la vida de muchas vidas inocentes. Si continuamos luchando, no solo resultaría en un colapso final y la destrucción de la nación japonesa, sino que también conduciría a la extinción total de la civilización humana. Siendo ese el caso, ¿Cómo podemos salvar a los millones de nuestros súbditos, o expiarnos ante los espíritus sagrados de nuestros antepasados imperiales? Esta es la razón por la que hemos ordenado la aceptación de las disposiciones de la Declaración Conjunta de los potencias.

No podemos dejar de expresar el más profundo sentimiento de pesar a nuestras naciones aliadas del Asia Oriental, que han cooperado constantemente con el Imperio para la emancipación del Asia Oriental. La idea de esos oficiales y hombres, así como de otros que han caído en los campos de batalla, aquellos que murieron en sus puestos de servicio, o aquellos que se encontraron con una muerte prematura y todas sus afligidas familias, duele nuestro corazón día y noche. El bienestar de los heridos y los que sufren la guerra, y de aquellos que han perdido sus hogares y sus medios de vida, son el objeto de nuestra profunda solicitud.

Las dificultades y sufrimientos a los que nuestra nación será sometida de aquí en adelante serán ciertamente grandes. Somos muy conscientes de los sentimientos más íntimos de todos ustedes, nuestros súbditos. Sin embargo, es de acuerdo con los dictados del tiempo y el destino que hemos resuelto allanar el camino para una gran paz para todas las generaciones venideras al soportar lo insoportable y sufrir lo que es insoportable.

Habiendo podido salvaguardar y mantener el Kokutai, siempre estamos con ustedes, nuestros súbditos buenos y leales, confiando en su sinceridad e integridad. Tenga más cuidado con cualquier estallido de emoción que pueda engendrar complicaciones innecesarias, o cualquier contención y conflicto fraterno que pueda crear confusión, llevarlo por mal camino y hacer que pierda la confianza del mundo. Que toda la nación continúe como una familia de generación en generación, siempre firme en su fe en la imperecebilidad de su tierra sagrada, y consciente de su pesada carga de responsabilidad, y del largo camino por recorrer.

Unirse tu fuerza total, para dedicarte a la construcción para el futuro. Cultive los caminos de la rectitud, fomente la nobleza de espíritu y trabaje con resolución, para que pueda mejorar la gloria innata del Estado Imperial y mantenerse al día con el progreso del mundo.

¿Cuándo se firmó la rendición de Japón?

La ceremonia formal ocurrió el 2 de septiembre de 1945, a bordo del acorazado estadounidense USS Missouri, anclado en la bahía de Tokio. Por Japón firmaron el ministro de Relaciones Exteriores Mamoru Shigemitsu y el general Yoshijirō Umezu.

El general Douglas MacArthur, comandante supremo de las Potencias Aliadas, firmó en representación de los Aliados. También participaron representantes de Estados Unidos, China, el Reino Unido, la Unión Soviética, Australia, Canadá, Francia, los Países Bajos y Nueva Zelanda.

Harry S. Truman, presidente de Estados Unidos, había anunciado el 14 de agosto que Japón aceptaba los términos aliados. No obstante, señaló que la proclamación oficial del Día de la Victoria sobre Japón debía esperar hasta la firma del documento de rendición.

El final de la Segunda Guerra Mundial

La firma del 2 de septiembre suele considerarse el cierre formal de la Segunda Guerra Mundial. Alemania ya se había rendido en Europa en mayo de 1945, e Italia había abandonado la alianza del Eje en 1943. Japón fue el último de los principales miembros del Eje en capitular.

La derrota japonesa no instauró un “sistema presidencial” en el mundo ni convirtió automáticamente a todos los países en democracias, como a veces se afirma. Sus consecuencias fueron más complejas: aceleró el fin de los imperios coloniales europeos en Asia, consolidó a Estados Unidos y la Unión Soviética como superpotencias, impulsó la creación de la Organización de las Naciones Unidas y abrió la era nuclear.

En Japón, la ocupación aliada dio paso a una nueva Constitución, promulgada en 1946 y vigente desde 1947. El emperador dejó de ser definido como una autoridad soberana y pasó a ser el “símbolo del Estado y de la unidad del pueblo”; el país adoptó un sistema parlamentario y renunció a la guerra como derecho soberano en el artículo 9 de su Constitución.

Aquel mensaje radiofónico del 15 de agosto no solo anunció el final de una guerra: inició una transformación política y social que redefinió a Japón y ayudó a configurar el orden internacional de la segunda mitad del siglo XX.

Con información de: Archives / NLD / History State / Truman Library /


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