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La Operación Cólera de Dios: A la caza de los asesinos de Múnich

La Operación Cólera de Dios: A la caza de los asesinos de Múnich

Así fue la Operación Cólera de Dios: la campaña secreta del Mosad para cazar a los responsables de la masacre de Múnich 1972.

Once atletas israelíes asesinados, un pacto de silencio y una promesa de venganza que se extendió durante casi dos décadas por media Europa y Oriente Próximo. Así nació la Operación Cólera de Dios, la campaña de asesinatos selectivos con la que el Mosad respondió a la masacre de Múnich de 1972. Tras el atentado del grupo palestino Septiembre Negro, la primera ministra Golda Meir ordenó a los servicios de inteligencia israelíes cazar, uno por uno, a los responsables directos e indirectos de la tragedia. Israel niega oficialmente haber ejecutado esta operación, pero décadas de investigaciones periodísticas, documentos desclasificados y testimonios de exagentes han reconstruido gran parte de su historia.

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De la masacre de Múnich al nacimiento del «Comité X»

El 5 de septiembre de 1972, en plena segunda semana de los Juegos Olímpicos de Múnich, ocho terroristas de Septiembre Negro saltaron una valla de la Villa Olímpica y asaltaron los apartamentos donde dormía la delegación israelí. Mataron a dos atletas de inmediato y retuvieron a otros nueve como rehenes, exigiendo la liberación de 236 presos palestinos. Tras 21 horas de negociaciones fallidas, los secuestradores y sus rehenes fueron trasladados a la base aérea de Fürstenfeldbruck con la promesa de un vuelo de escape. Allí, un operativo de rescate mal planificado por la policía alemana terminó en tragedia: murieron los nueve rehenes, cinco terroristas, un policía alemán y, según registros posteriores, también resultó destruido un helicóptero durante el tiroteo.

Semanas después, con la opinión pública israelí exigiendo respuestas, Golda Meir creó el llamado «Comité X», un grupo reducido de altos funcionarios encabezado por ella misma junto al ministro de Defensa, Moshé Dayán. También formaron parte de la dirección de la respuesta el general Aharón Yariv, nombrado consejero antiterrorista de Meir, y Zvi Zamir, entonces director del Mosad. El objetivo del comité era claro: identificar y eliminar a quienes hubieran participado, directa o indirectamente, en la planificación del atentado, con un efecto disuasorio lo bastante contundente como para frenar futuras acciones de Septiembre Negro.

Meir autorizó la campaña con reticencia, presionada por la opinión pública y por la cúpula de inteligencia. Sus dudas se disiparon meses después, cuando Alemania Occidental liberó a los tres terroristas supervivientes de Múnich para satisfacer a un grupo de secuestradores de un avión de Lufthansa, un episodio que muchos analistas interpretan como un montaje pactado para librar al país de nuevas represalias.

Así surgió la Operación Cólera de Dios (también conocida como Operación Bayoneta), coordinada por el veterano agente Mike Harari. Nacido en Tel Aviv en 1927, Harari se unió de adolescente, tras falsear su edad, a las milicias sionistas de la Haganá, antes de la fundación del Estado de Israel en 1948. Ingresó al Mosad en 1954 y con el tiempo fundó la unidad Kidón, dedicada al asesinato selectivo de objetivos considerados enemigos del Estado israelí.

El primer encargo del comité fue elaborar una lista de objetivos con ayuda de espías infiltrados en la OLP y de agencias de inteligencia europeas aliadas. Se desconoce su contenido exacto, pero distintas fuentes sitúan el número final entre 20 y 35 nombres, mezclando militantes de Septiembre Negro con dirigentes de la OLP. El principio rector fue la llamada «negativa plausible»: ninguna muerte debía poder vincularse formalmente con el Estado de Israel, al tiempo que se buscaba sembrar el pánico entre los cuadros palestinos. Según David Kimche, exsubdirector del Mosad, «el móvil no era la venganza, sino atemorizar a los terroristas palestinos […] queríamos hacerles mirar por encima del hombro».

La cacería: de Roma a Beirut

Los agentes de la operación eran conocidos internamente como «las bayonetas». Su primer objetivo fue Wael Zwaiter, traductor de la OLP en Italia y primo de Yasir Arafat, tiroteado en octubre de 1972 al entrar a su apartamento en Roma. Israel lo vinculaba a Septiembre Negro, aunque la OLP siempre negó su participación en actividades terroristas; incluso Abu Iyad, dirigente palestino, aseguró que Zwaiter se oponía «enérgicamente» al terrorismo. El propio Aaron Klein, periodista israelí con acceso a exagentes del Mosad, calificó después este asesinato como un error de inteligencia.

El segundo golpe llegó en diciembre de 1972 contra Mahmoud Hamshari, representante de la OLP en París. Un agente del Mosad, haciéndose pasar por periodista italiano, lo alejó brevemente de su vivienda para permitir la instalación de un explosivo bajo su teléfono. Cuando la llamada confirmó su identidad, el dispositivo se detonó a distancia. Hamshari murió semanas después a causa de las heridas.

En los meses siguientes, la campaña se cobró varias vidas más en distintas capitales europeas: Husein Al-Bashir en Nicosia, Basil Al-Kubaisi en París y Mohammad Boudia, también en la capital francesa, entre otros. Todos fueron señalados por Israel como enlaces logísticos o de mando de Septiembre Negro, aunque la magnitud real de su implicación en Múnich sigue siendo objeto de debate historiográfico.

La operación de mayor envergadura llegó en abril de 1973 con el llamado Operativo Primavera de Juventud en Beirut. Comandos de la unidad de élite Sayeret Matkal, entre ellos un joven teniente coronel llamado Ehud Barak —quien décadas más tarde sería primer ministro de Israel—, desembarcaron de forma anfibia y se infiltraron en la ciudad disfrazados de civiles; Barak, según ha reconocido él mismo en entrevistas posteriores, se disfrazó de mujer para ocultar sus armas. Mientras paracaidistas israelíes atacaban la sede del Frente Popular para la Liberación de Palestina, la fuerza principal localizó y ejecutó a tres altos mandos: Muhammad Yusef Al-Najjar, jefe de operaciones de Septiembre Negro; Kamal Adwan, responsable de inteligencia del grupo; y Kamal Nasser, portavoz de la OLP. El hijo de Adwan, testigo del ataque, negó después que su padre estuviera implicado en Múnich y lo describió como un dirigente de la resistencia en Cisjordania.

El error de Lillehammer y la caza del «Príncipe Rojo»

El Mosad concentró después sus esfuerzos en Ali Hassan Salameh, apodado el «Príncipe Rojo», jefe de la Fuerza 17 de Fatah, a quien Israel atribuía la planificación del atentado de Múnich (una acusación que militantes de Septiembre Negro negaron después, aunque reconocían su participación en otros ataques en Europa). En junio de 1973, un confidente identificó erróneamente a un camarero marroquí, Ahmed Bouchiki, como Salameh en la pequeña ciudad noruega de Lillehammer. Un comando del Mosad lo asesinó sin verificar su identidad. Seis agentes, incluidas dos mujeres, fueron arrestados por las autoridades noruegas; Harari y otros lograron huir a Israel. Cinco de los detenidos fueron condenados y encarcelados, pero recibieron la libertad condicional y regresaron a Israel en 1975.

El «asunto Lillehammer» provocó un escándalo internacional que obligó a Golda Meir a suspender la operación. Cinco años después, bajo el nuevo primer ministro Menachem Begin, la campaña se reactivó con un objetivo prioritario: cerrar el caso Salameh. El Mosad lo localizó en Beirut a finales de 1978. Una agente que operaba bajo el alias de Erika Mary Chambers alquiló un apartamento con vistas a su recorrido habitual y, el 22 de enero de 1979, un coche bomba estacionado en la Rue Verdun fue detonado a distancia cuando la caravana de Salameh pasaba junto a él. El propio Salameh murió a causa de las heridas, junto con cuatro guardaespaldas y cuatro civiles; otras dieciocho personas resultaron heridas. Los agentes del Mosad involucrados desaparecieron sin dejar rastro tras el ataque.

¿Qué pasó con los terroristas de Múnich?

De los ocho terroristas que asaltaron la Villa Olímpica, tres sobrevivieron al operativo de rescate alemán: Jamal Al-Gashey, Adnan Al-Gashey y Mohammed Safady. Liberados semanas después por Alemania Occidental, su destino final sigue sin poder confirmarse del todo. Versiones periodísticas tradicionales sostienen que Adnan Al-Gashey y Safady fueron localizados y asesinados años más tarde, pero el periodista Aaron Klein, en su libro Striking Back, ofrece una versión distinta: Adnan habría muerto de un fallo cardíaco en los años setenta, mientras que Safady podría haber muerto a manos de milicianos falangistas cristianos en Líbano a comienzos de los ochenta o, según otra fuente cercana a él, seguiría con vida. Jamal Al-Gashey se refugió en el norte de África y, en 1999, concedió una entrevista al documental Un día de septiembre, de Kevin Macdonald (ganador del Óscar al mejor documental en 2000). Se cree que aún vive.

Además de los asesinatos confirmados, distintos historiadores atribuyen a la Cólera de Dios una campaña más amplia de guerra psicológica: obituarios falsos de militantes todavía vivos, llamadas telefónicas de advertencia con datos personales detallados y el envío de cartas bomba de baja potencia por distintas ciudades europeas, dirigidas a activistas palestinos en países como Argelia, Libia, Alemania y Dinamarca. El historiador Benny Morris documenta que estos ataques causaron heridas, pero no muertes.

Décadas después, el balance de la operación sigue siendo objeto de debate. El experto en Mosad Ronen Bergman ha señalado que la campaña «detuvo la mayoría de las acciones terroristas de la OLP fuera de las fronteras de Israel», pero que «estratégicamente fue un completo fracaso» en su objetivo de aportar paz a la región. Israel, hasta hoy, no reconoce oficialmente haber ejecutado la Operación Cólera de Dios.

Con información de: Britannica / Cambridge / CIA / Wikipedia /


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