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Isadora Duncan, la bailarina de vida y muerte trágica

Isadora Duncan, la bailarina de vida y muerte trágica

La estrella de la danza, Isadora Duncan, a quien denominaron “La Ninfa”, cautivó al público europeo, por la excelencia de su arte en el que conjugaba cuerpo y espíritu y en el que rompía con las severas reglas del ballet clásico…

Hija de un matrimonio malavenido, oriunda de Irlanda, y finalmente divorciada, Angela Isadora Duncan nació como la menor de cuatro hermanos, el 27 de mayo de 1877 en San Francisco, California, Estados Unidos. El padre de la familia, Joseph, abandonó el hogar cuando Isadora era pequeña y su madre, Dora, sustentaba a los niños a duras penas dando clases de piano. Pese a las penurias económicas, la matriarca siempre le inculcó a sus hijos la importancia de las artes. Isadora encontró consuelo en el mar, cuyo movimiento constante y hermoso le despertó una sed imparable de bailar.

Isadora Duncan, la bailarina de vida y muerte trágica
Duncan – Imagen: Wikimedia.-

En la adolescencia temprana, Isadora abandonó los estudios para colaborar con sus hermanos en una academia de danza que había creado su mamá en 1884, en la ciudad de Oakland. Luego, la familia se muda a Chicago y no contaron con suerte, porque perdieron todas sus posesiones en un incendio. Isadora decidió viajar a Nueva York a los 17 años, con el objetivo de integrarse a la compañía del actor y empresario, Augustin Daly. Intentó en vano convencer al empresario para que introdujera una serie de innovaciones que implicaban un nuevo método partiendo de la improvisación para presentar plásticamente los poemas.

En una época complicada para Europa, los Duncan decidieron marchar a Inglaterra. La rocambolesca idea que Isadora se traía entre manos era estudiar los movimientos de la danza antigua e inspirarse en el arte del Museo Británico.

Europa y viajes

Creadora de su propio estilo, teniendo como fundamento la danza de la Antigua Grecia, Isadora Duncan alquiló un salón y comenzó a crear sus propias rutinas basándose en una técnica proveniente de su invención. Cosechó triunfos en Londres, tras presentarse en una serie de recitales. El éxito obtenido en Inglaterra le dio alas para irse a París, en donde visitó el Museo del Louvre y enamoró al público francés. El éxito en las dos importantes capitales le abrió las puertas de los principales teatros europeos, recorriendo Francia, Italia y Grecia.

Sin embargo, América del Sur no la recibió con cariño. Su paso por Argentina en 1916 no hizo más que traerle decepciones a la bailarina, cuyo público no entendía sus puestas en escena. Aquel estilo bohemio, de pies descalzos y cabellos sueltos, no se parecía en nada al clásico ballet ruso. Parte de las telas de su escenografía no pudieron ser trasladadas y las partituras de la música que bailaba tuvieron que ser reemplazadas.

Isadora Duncan, la bailarina de vida y muerte trágica
Duncan fotografiada por Arnold Genthe – Imagen: Wikimedia.-

Durante una presentación, una parte del público comenzó a hablar e Isadora interrumpió su rutina para llamar a los sudamericanos unos “negros”. Desencantada, la bailarina partió del país y, para poder cubrir la factura del hotel, dejó como forma de pago varias joyas que le había regalado su millonario amante francés, Paris Singer.

Técnica y escuelas

Para Isadora, el ballet clásico constituía un género ficticio e ilógico, porque ella concebía a la danza como algo armonioso entre los seres y la vida. Por lo tanto la danza debía transmitir el amor a la naturaleza y la vida. Criticando principalmente la rigidez del ballet, formó su estilo en torno a las artes escénicas de la Antigua Grecia y el movimiento artístico del impresionismo, tomando como temas principales la muerte y el dolor e incluso el ocultismo. Consideraba también que el origen del movimiento se encontraba en el plexo solar.

La primera escuela de danza que abrió fue en la ciudad de Berlín, en 1904. De esta academia surgió el grupo conocido como las Isadorables, seis chicas bailarinas a las que Isadora terminó adoptando legalmente en 1919. Se hicieron conocidas por abordar el “estilo moderno”, que la propia Duncan había creado y con el que era conocida en Europa. Artistas como Auguste Rodin, Antoine Bourdelle y Laura Knight se vieron inspirados en la fuerte presencia visual de la bailarina.

Isadora Duncan, la bailarina de vida y muerte trágica
Duncan en una presentación, cuando estaba de gira por América (1915-1918) – Imagen: Wikimedia.-

Luego de diez años, Duncan mudó la escuela a París, pero tuvo que retirarse rápidamente ante el estallido de la Segunda Guerra Mundial y refugiarse en Estados Unidos, en 1914, en la ciudad de Nueva York. Hacia 1921, sus simpatías con el Gobierno soviético le abrieron la posibilidad de fundar una academia en Moscú.

Isadora Duncan: vida personal y mitología a su alrededor

Isadora Duncan era apodada “La Ninfa” porque, además de su belleza, poseía un poder de seducción que la mantenía rodeada de amigos, entre los que se contaban intelectuales, pintores y poetas, así como de numerosos admiradores que deseaban conocerla. La atracción que ejercía entre los que la rodeaban determinó que empezaran a ligarla amorosamente con múltiples pretendientes, entre los que figuran la escritora Mercedes de Acosta y el artista Romano Romanelli, así como muchas más figuras importantes del arte.

Ante su halo de atracción inevitable pronto surgió el mito de que Isadora acarreaba la desgracia a quienes amaba. Las desapariciones y extraños sucesos que acompañaron a algunos de sus pretendientes parecían corroborar el supuesto maleficio que proyectaba.

Duncan dio a luz en dos ocasiones. Su primer hijo fue fruto de su relación con el escenógrafo Gordon Craig, con quien tuvo a una niña llamada Deirdre Beatrice (1906). La segunda vez dio a luz a un niño llamado Patrick (1910), producto de su relación con el magnate Paris Singer.

Isadora Duncan, la bailarina de vida y muerte trágica
Duncan y sus hijos – Imagen: Wikimedia.-

Mientras Duncan se encontraba en París, dicho maleficio alcanzó también a sus hijos Deirdre y Patrick, quienes murieron ahogados al caer en las aguas del río Sena en el automóvil en el cual viajaban rumbo a Versalles, acompañados por la institutriz, en 1913. La misma Isadora declaró tiempo después que tuvo un desagradable presentimiento cuando besó a través de la ventanilla del auto a su hija Deirdre.

La pérdida de sus hijos fue un durísimo golpe. Ante la profunda depresión que sufría tuvo que cancelar todos sus compromisos, abandonó temporalmente su carrera y pensó en suicidarse en varias ocasiones. Desesperada por ser madre nuevamente, Duncan le pidió a su amante del momento, Romano Romanelli, tener un hijo. Logró tener un tercer bebé en agosto de 1914, pero murió poco tiempo después del parto.

Isadora Duncan y sus últimos años

Duncan dejó de bailar y se dedicó de tiempo completo a la enseñanza en la escuela que había fundado en 1904, encontrando consuelo en los niños y la danza en su estancia en la Unión Soviética a partir de 1922. Otras actividades que llevó a cabo Isadora se relacionaron con campañas de beneficencia. La única vez que se casó fue con el poeta Sergei Yesenin, en 1922, pero la unión solo duró un año. Él se suicidó tres años después.

Isadora Duncan, la bailarina de vida y muerte trágica
Duncan y Yesenin – Imagen: Wikimedia.-

El apoyo del gobierno a su arte cesó y en 1924 finalizó sus actividades en la Unión Soviética. Duncan se fue a Occidente, pero terminó por refugiarse en Niza, Suiza. Con poco dinero y sola, Isadora dedicó su tiempo en escribir su libro El arte de la danza y terminar la autobiografía My Life, con el deseo de proporcionar un compendio de sus enseñanzas.

El 14 de septiembre de 1927, Isadora Duncan salió a dar un paseo a bordo de su carro Bugatti. Vestía elegante y llevaba una largo echarpe de seda, que se agitaba libremente al aire de la marcha. La pieza de seda se topó por casualidad con los radios metálicos de la rueda trasera, trabándose con ellos. El efecto fue inmediato: el echarpe se tensó y estranguló violentamente el cuello de Isadora que se fracturó sin remedio y, sin poder librarse del mortal abrazo, murió.

Aunque no logró fundar una escuela que perdurara en el tiempo, es considerada una de las fundadoras de la danza moderna, cuyo estudio del cuerpo y de la historia influyó en bailarinas como Martha Graham.

Isadora Duncan, la bailarina de vida y muerte trágica
Duncan, por Arnold Genthe – Imagen: Wikimedia.-

Con información de Wikipedia / Clarín / Fahrenheit Magazine / Imagen: Wikimedia

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