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La comida sana no es más cara que la comida basura

La comida sana no es más cara que la comida basura

Charlie Middleton, University of Dundee

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A menudo escucho decir que la comida sana cuesta más que la comida basura. Los estudiantes me dicen que les gustaría comer mejor, pero que no pueden permitírselo. Creen que cocinar con ingredientes frescos cuesta una fortuna y, como la comida para llevar está a nuestro alcance por poco dinero, carecen de alicientes para cambiar ese hábito.

En los últimos años se ha observado un aumento de la atención de los medios por las dietas sanas; y los artículos sobre el precio de comer sano también han aumentado, lo cual influye en la percepción de la gente. Algunos estudios que comparan el precio por caloría de la comida sugieren que la comida menos sana normalmente es más barata, pero no cuentan toda la verdad. Los métodos de medición que se usan para evaluar el coste son importantes.

Pensemos, por ejemplo, en dos postres de chocolate, uno normal y otro bajo en grasas. Usando la medición de precio por caloría, el postre con menos grasa parece más caro que el normal porque contiene menos calorías. Pero los estudios que comparan el precio por unidad de peso de la comida de alimentos del mismo grupo sugieren que las opciones sanas suelen ser más baratas. Por ejemplo, 200 gramos de garbanzos comparados con 200 gramos de beicon. Este método sería más acertado, ya que la mayoría de personas que compran comida piensan en la cantidad que compran en lugar de en las calorías que obtienen a cambio de su dinero.

Cambiar los hábitos desde el principio

Nuestras cinturas cada vez son más anchas, lo que constituye un creciente problema de salud pública. A nivel mundial, el índice de obesidad se ha triplicado desde 1975. Según la Organización Mundial de la Salud, casi dos mil millones de adultos sufren sobrepeso, de los cuales 650 millones tienen obesidad.

La generación más joven está especialmente afectada por la comida alta en calorías y baja en nutrientes. Los altos niveles de azúcar, grasa y sal hacen que los niños tengan un mayor riesgo de sufrir diabetes de tipo 2 y enfermedades cardíacas, por no mencionar los problemas dentales. Quizá lo más preocupante sea que los hábitos que se forman en la niñez parecen mantenerse de por vida. Es una tragedia, ya que estos problemas se pueden evitar. Se puede comer sano por menos, por mucho menos, de lo que cuesta una hamburguesa con queso. El quid de la cuestión no es el precio, sino los conocimientos, las aptitudes y el tiempo dedicado a la nutrición.

Estamos cada vez más condicionados a pensar que la comida sana es cara debido al precio de la carne, el pescado y los lácteos, al aumento de los “superalimentos” y al alto coste de los productos ecológicos. Pero los alimentos nutritivos no tienen por qué costar un ojo de la cara. Los batidos de semillas de chía son un lujo caro, pero los alimentos básicos como las zanahorias, las lentejas o las patatas no cuestan casi nada.

El índice global de obesidad se ha triplicado desde 1975.
kwanchai.c/Shutterstock.com

Escasez de tiempo

La falta de tiempo resulta agotadora y, en parte, influye en la elección de los alimentos. Normalmente, lo último que la gente quiere después de un largo día es cocinar, así que la comida a domicilio barata resulta bastante apetecible.

Las personas con bajos ingresos son más propensas a comprar alimentos de alto contenido calórico en lugar de frutas o verduras porque llenan más. Pero, aunque una hamburguesa de queso te sacie durante más tiempo que una manzana, la comida basura es mala para la salud.

Se puede cocinar una comida sustanciosa y sana en poco tiempo, tal y como la escritora culinaria británica Jack Monroe ha demostrado en repetidas ocasiones. Por ejemplo, su receta de calabacín, tomate y queso gratinado cuesta 40 céntimos y tarda 8 minutos en ser cocinada. Es más sana y barata que la comida a domicilio.

Pero promover hábitos alimenticios saludables en una sociedad monetarizada y sin tiempo disponible es difícil, y enseñar a cocinar no resulta suficiente. La campaña de Jaime Oliver para enseñar a cocinar a personas con bajos ingresos, aunque fue bienintencionada, hizo que gran parte de su audiencia se sintiese rechazada al demonizar el turkey twizzler (piezas de carne de pavo rebozadas y fritas) y al estigmatizar a las familias que viven con una terrible austeridad en Gran Bretaña. Lo que comemos es fundamental para nuestra identidad y las estrategias para abordar la alimentación tienen que reconocerlo para ser eficaces.

Consejos

¿Cómo comer mejor con un bajo presupuesto? La carne y el pescado se encuentran entre los alimentos más caros de la lista de la compra, mientras que las proteínas vegetales suelen ser más baratas. Las legumbres (judías, guisantes y lentejas) son nutritivas, muy baratas y funcionan como sustitutas de la carne.

Que no nos engañen los carísimos “superalimentos”: no hay una definición de consenso para este término y muchas de sus supuestas propiedades saludables están aún por demostrar. Simplemente incrementando la cantidad y variedad de frutas y verduras en la dieta se puede reducir el riesgo de sufrir problemas de salud. Y no tiene por qué ser caro.

Las frutas y verduras congeladas, en conserva y secas suelen ser más baratas que las frescas, pero conservan los nutrientes. Además, duran más tiempo, por lo que se desperdician menos.

Las verduras en conserva son a menudo más baratas que las frescas y conservan todos los nutrientes.
Rrraum/Shutterstock.com

Conviene evitar comprar comida procesada: normalmente se pueden hacer platos similares de forma rápida y con menos coste. Esta receta de salsa para pasta cuesta algo más de medio euro para cuatro personas, mientras que un bote de salsa para pasta cuesta cuatro veces más. Además, así sabremos exactamente lo que contiene.

La dieta es algo fundamental para la salud y el bienestar. El coste de los alimentos no debería impedir que la gente lleve una buena alimentación. Puede que la comida basura sea barata y sabrosa, pero la idea de que la comida sana es cara es solo ficción.


Artículo traducido gracias a la colaboración con Fundación Lilly.


Charlie Middleton, Lecturer in Nursing, University of Dundee

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original. Foto: Shutterstock

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