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Hibristofilia: atracción sexual por los criminales

Hibristofilia: atracción sexual por los criminales

La atracción por delincuentes violentos tiene un nombre, pero su uso popular suele simplificar un tema sin diagnóstico clínico propio.

La hibristofilia es el término que se utiliza para describir la atracción sexual o romántica hacia personas que han cometido delitos. Suele mencionarse en conversaciones sobre admiradores de criminales notorios, personas que les escriben en prisión o relaciones que se forman alrededor de casos judiciales de gran exposición mediática.

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Pero el concepto requiere contexto: sentir curiosidad por un crimen, consumir documentales de true crime o seguir un juicio mediático no equivale a hibristofilia. El término se refiere a una atracción dirigida hacia la persona por su vínculo con la transgresión o el delito.

¿Qué es la hibristofilia?

La hibristofilia se ha definido en la literatura sobre sexualidad y criminología como una atracción sexual hacia personas que han cometido crímenes. El sexólogo John Money empleó el término en 1986 para referirse a una excitación vinculada a una pareja con antecedentes de actos predatorios o de violencia contra otras personas.

En el uso contemporáneo, también se utiliza de forma más amplia para hablar de vínculos afectivos, románticos o sexuales con delincuentes, en particular cuando el delito forma parte central de la atracción. Esa amplitud explica por qué el concepto suele aparecer fuera del ámbito clínico, en medios de comunicación y redes sociales.

No es un diagnóstico clínico independiente

La hibristofilia no aparece como diagnóstico específico en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5-TR) de la Asociación Americana de Psiquiatría ni como una categoría propia en la Clasificación Internacional de Enfermedades, CIE-11, de la Organización Mundial de la Salud.

El DSM-5 diferencia entre intereses sexuales atípicos y trastornos parafílicos. Para considerar que existe un trastorno, el interés debe causar malestar clínicamente significativo a la propia persona —no solo rechazo social—, deterioro en áreas importantes de su vida o involucrar daño, falta de consentimiento o riesgo para otras personas.

Por eso, usar la palabra “parafilia” como sinónimo de enfermedad puede ser impreciso. No toda atracción atípica constituye un trastorno mental, y tampoco existe evidencia suficiente para diagnosticar hibristofilia a distancia a partir de cartas, comentarios en internet o interés por un acusado.

¿Por qué algunas personas se sienten atraídas por criminales?

No hay una causa única ni una explicación que sirva para todos los casos. La investigación disponible sobre hibristofilia es limitada y no cuenta con una medida diagnóstica estandarizada ampliamente aceptada. Por eso, afirmaciones como que ocurre “principalmente en mujeres heterosexuales” deben tratarse con cautela: muchos casos que alcanzan notoriedad pública involucran a mujeres, pero eso no prueba una regla universal.

Entre las hipótesis discutidas en estudios y análisis criminológicos aparecen la idealización de una persona inaccesible, la percepción de una relación controlable a distancia, el deseo de asumir un papel de ayuda o “rescate” y la influencia de la cobertura mediática. Ninguna de estas explicaciones permite atribuir una motivación concreta a una persona sin una evaluación profesional.

Las redes sociales han añadido otra capa al fenómeno. Una investigación publicada en 2025 examinó cómo contenido sobre delincuentes en TikTok puede favorecer comunidades e identidades digitales alrededor de la atracción hacia transgresores. Sus autores subrayan, a la vez, que el campo todavía necesita más estudios y herramientas de medición validadas.

Cartas, visitas y relaciones a distancia

Algunas relaciones con personas encarceladas comienzan mediante correspondencia, visitas o grupos de apoyo. Eso, por sí solo, no demuestra hibristofilia: las relaciones en prisión pueden responder a motivos afectivos, familiares, religiosos, políticos o personales muy distintos.

La diferencia está en el papel que juega el crimen dentro de la atracción. Cuando la violencia, la notoriedad del caso o la identidad criminal de la otra persona se convierten en un componente central del deseo, el término puede utilizarse como una descripción, aunque no sustituye una evaluación clínica.

El caso de Charles Manson

Charles Manson suele aparecer como uno de los ejemplos más citados en la cultura popular. Fue líder de un grupo conocido como la “Familia Manson” y fue condenado en 1971 por asesinato en primer grado y conspiración por los homicidios de siete personas cometidos en Los Ángeles en agosto de 1969, entre ellas la actriz Sharon Tate, que estaba embarazada.

Con el tiempo, Manson recibió correspondencia y atención de admiradoras, un hecho que ayudó a consolidar su figura como referencia mediática al hablar de hibristofilia. Aun así, no es posible asignar una explicación psicológica única a todas las personas que le escribieron o se relacionaron con él.

Manson murió bajo custodia estatal el 19 de noviembre de 2017, a los 83 años, por causas naturales, según el Departamento de Correcciones y Rehabilitación de California.

¿Es correcto llamarlo “síndrome de Bonnie y Clyde”?

En algunos textos populares se usa la expresión “síndrome de Bonnie y Clyde” para referirse a la atracción hacia criminales. No obstante, no es una denominación clínica oficial ni un diagnóstico reconocido por los principales manuales de salud mental.

Bonnie Parker y Clyde Barrow fueron una pareja de asaltantes estadounidenses cuya historia fue ampliamente cubierta por la prensa durante la Gran Depresión. Su representación posterior en cine, televisión y música ayudó a transformar un caso criminal en un símbolo cultural, pero equiparar cualquier vínculo con un delincuente a su historia simplifica demasiado un fenómeno complejo.

Cuando la atracción genera malestar o riesgo

Una atracción, por inusual que sea, no define por sí misma la salud mental de alguien. La situación cambia si produce sufrimiento persistente, aislamiento, abuso económico, manipulación, exposición a violencia o riesgo para la persona o para terceros.

En esos casos, buscar orientación con un profesional de salud mental puede ayudar a entender el vínculo, identificar señales de control o violencia y tomar decisiones más seguras. El interés por los delitos puede formar parte de la cultura popular; romantizar la violencia, en cambio, puede ocultar el daño real que deja en víctimas, familias y comunidades.

Con información de: Psychiatry / OMS / CDCR / LAtimes / bbc.com / muyinteresante.es / elheraldo.hn | Foto: Shutterstock


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