El aquelarre de Goya: el arte dentro de lo satánico y sombrío

El aquelarre de Goya: el arte dentro de lo satánico y sombrío

Sobre el final del siglo XVIII, la cordura de Francisco de Goya se vio en decadencia y ello se plasmó en su arte. Lo oscuro lo grotesco fueron parte de su tópico central, rasgos representados en una de sus obras más emblemáticas: ‘El aquelarre’.

Ficha técnica 

Nombre: El aquelarre – El gran Cabrón 

Autor: Francisco de Goya 

Año: 1819

Técnica: Óleo sobre revoco, trasladado a lienzo

Estilo: Romanticismo

Tamaño: 140 cm × 438 cm

Localización: Museo del Prado, Madrid, España

La Quinta del Sordo

La salud mental que tuvo Francisco de Goya es un tema de debate. Hacia el final del siglo XVIII, se comenta que había perdido la razón y se encontraba inmerso en la locura. El pintor se recluyó en una hacienda llamada “Quinta del Sordo”. Allí, la sombría soledad se apoderó de él y lo llevó a los lugares más recónditos de la locura; todo ello se puede ver plasmado en su arte, el cual se tornó en temas espectrales que incluso rozan lo satánico. 

El aquelarre fue la primera obra de una serie denominada Pinturas negras, trabajo que consiste en 14 murales hechos en su residencia entre 1819 y 1823. Las obras tuvieron fines decorativos para la “Quinta del Sordo”. Las primeras dos plantas de la vivienda estuvieron rodeadas con las imágenes plasmadas por Goya en las 14 obras, cuyo tema central son lo oscuro y sombrío, mostrando dichos tintes en cada uno de los murales.

El cuadro El aquelarre o El gran Cabrón​ es una de las pinturas al óleo sobre revoco que conforman las llamadas Pinturas negras con que Francisco de Goya decoró los muros de su casa de la Quinta del Sordo.- (Wikimedia)

Inspiración 

La brujería fue un tema que estuvo en boga a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Luego de los juicios de Salem entre 1692 y 1693, todo el mundo cuestionaba el uso de la magia negra en la cotidianidad. 

Asuntos de brujas fue la primera serie del español con temática macabra. Seis pinturas que mostraban la dinámica de las brujas y cuya primera obra también recibió el título de El aquelarre.

La mayor inspiración de Goya pudo haber estado en el Auto de Fe de Logroño, texto escrito en 1610 y que narra el caso más destacado sobre la brujería en España, cuando dos mujeres envenenaron a sus hijos y los ofrecieron al Diablo. 

A partir de la serie sobre brujería, el arte del pintor español se tornó oscuro y llegó a su pico cuando realizó las Pinturas negras entre 1819 y 1823.  

El macho cabrío

La obra en sí plasma al demonio como un macho cabrío que está situado en el lado izquierdo del cuadro. A su alrededor se encuentra un grupo de brujas y brujos que le rinde tributo. Justo frente al Diablo se encuentra una mujer que rompe con la estética oscura y cuya ropa es blanca.  

La persona de blanco puede significar dos cosas: está en un ritual de iniciación satánico o es una ofrenda a la bestia. Sea cual sea el caso, ambos representan que su vida será entregada al macho cabrío, y el hecho de que tenga la cabeza cubierta puede interpretarse como que cualquiera puede ser la víctima

Al lado derecho se encuentra alguien en túnica negra que observa la situación desde la comodidad de una silla. Su rostro no se ve con claridad y puede interpretarse como el mismo código de la persona con la cabeza cubierta. La falta de identidad lo sitúa como cualquiera e incluso como todas las personas, las cuales están presenciando un acto atroz y no hacen nada al respecto.    

El juego con la sombra y el predominio de la oscuridad plasman a la perfección la intención de la pintura, en donde todo se ve con claridad inclusive en las penumbras. La obra presenta la belleza dentro de lo grotesco y lo sublime en lo terrible.  

Con información de Goya en el Prado / Museo del Prado / La guía

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