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El Patolli una apuesta de fe en México

El Patolli una apuesta de fe en México

Tras la conquista de Sudamérica, varios avances tecnológicos, como la metalurgia, la pólvora y la doma de los caballos sorprendieron y fueron adoptados por los habitantes precolombinos. Sin embargo, en materia de entretenimiento, los pueblos mesoamericanos ya estaban más avanzados, tal es el caso del Patolli, un enigmático juego de mesa donde la fortuna se decidía siempre con el favor de los dioses.

Con el paso de los años, el entretenimiento se ha desarrollado de una forma increíble. Gran parte de ello se debe a la gran transculturización que ha tenido el continente americano. Uno de estos ejemplos lo podemos ver en los juegos de casino, que se han convertido, con el tiempo, en un entretenimiento bastante popular. Gracias a internet, jugar a la ruleta americana, el póquer caribeño o al blackjack norteamericano es posible a través de portales como Betfair casino. Además, con la opción de los juegos en vivo, incluso podemos interactuar con un repartidor real y otros jugadores. No obstante, si echamos la vista atrás y tenemos en cuenta los orígenes del juego en el continente americano, podemos afirmar que, mucho antes de que el internet nos conectase a todos, jugar al Patolli unía a hombres y mujeres por igual.

Una alegoría al tiempo y los frijoles

El Patolli una apuesta de fe en México

A simple vista, el Patolli nos recordará a un tablero de Parchís o Ludo cualquiera, pero para los pueblos originarios, este tenía un fuerte componente religioso, pues cada tablero era una clara alusión del calendario solar azteca. El Patolli, se componía de 52 casillas representando los años del siglo azteca, teniendo que ser recorridas en el sentido de las agujas del reloj. Estas, a su vez, se distribuían en trecenas, con cada una de ella representada por su respectivo signo o numen: Calli la casa, Tochtli el conejo, Acatl la-caña-y Tecpatl el pedernal. Estos númenes aparecerían alternándose en las casillas mientras que las trecenas formarían una cruz como sinónimo del universo.

El Patolli podía ser jugado entre 2,3, y 4 personas. Cada uno tendría 6 frijoles a modo de fichas (a los que el juego debe su nombre) y como “dados”, 5 cañas, discos, o frijoles con una cara lisa y la otra marcada. Estas debían ser lanzadas contándose como puntos las marcas cara arriba. Si las 5 fichas salían marcadas valdrían por 10 puntos, pero si salían lisas valdrían 5 puntos.

Un lúdico placer mesoamericano

Como reglas, los jugadores debían sacar una ficha tras sacar un punto por lance, teniendo que completar el tablero antes de sacar otra. Ninguna casilla podía ser ocupada por más de un jugador, por lo que si el contrincante caía sobre una ocupada por otro, este debía remover su ficha y pagar un tributo para seguir jugando. Aquel que logrará “comerse” todas las fichas de su oponente o recorría el tablero con la mayoría de ellas era el ganador.

Apostar era parte integral del juego, y en cada fase de este los jugadores y espectadores debían hacían sus apuestas. En el lanzamiento de salida, si caían “dobles”, y si alguien se comía la ficha del otro, se ponían en juego desde mantas y cuentas de oro hasta el jugador mismo, quedando al servicio del ganador hasta pagar la deuda. Para favorecerse en el juego, pedían a Macuilxochitl dios azteca de la música, la danza y los juegos que les ayudase ofreciéndole madera fragante y comida.

A pesar de ser considerado un juego pagano por los conquistadores y posteriormente prohibido por ellos, el Patolli tiene un innegable aporte cultural a nuestra historia. Excavaciones recientes han desenterrado tableros de Patolli, toda una maravilla autóctona que es parte del recuerdo de creencias, pasiones y carácter de nuestros ancestros.


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