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Horrores Humanos: La 'Bella Bestia' de Auschwitz, la escalofriante historia de Irma Grese

Horrores Humanos: La ‘Bella Bestia’ de Auschwitz, la escalofriante historia de Irma Grese

Considerada una de las mujeres más odiadas y siniestras de la historia, la hermosa Irma Grese infundió terror en los campos de concentración nazi, gracias a sus particulares apetitos sexuales y el sadismo con que hacía sufrir a sus prisioneros ¡Te contamos lo que tienes que saber!

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No cabe duda que uno de los acontecimientos más lamentables y fascinantes del siglo XX fue la Segunda Guerra Mundial; un fragmento en la historia que trajo al famoso e infame Holocausto, que en palabras de la ideología nazi significó la “solución final”; un escenario que expone muchísimos capítulos que nos enseña los excesos de un régimen comandado por la megalomanía de un hombre; que para mal cambió al mundo gracias a su terquedad por enaltecer el nacionalismo alemán y la reestructuración racial de Europa, a través de un genocidio donde murieron casi 6 millones de judíos; un ejemplo de lo lejos que puede llegar el hombre en su miseria y arrogancia.

Por si fuera poco, más allá del mito tras Hitler; el Tercer Reich concibió a algunos personajes femeninos que superan la ficción. Bien conocidas por sus excesos y un particular gusto por infligir sufrimiento mientras fueron leales a la SS, María Mandel, Ilse Koch, Hermine Ryan-Braunsteiner e Irma Grese fueron responsables de llevar a miles de mujeres y niños a las cámaras de gas; con la peculiaridad de poseer métodos que superaban los límites del sadismo y la crueldad desmedida.

“El Ángel de Auschwitz”

Irma Grese, mejor conocida como “El Ángel de Auschwitz” o “La Bestia de Belsen”, nació un 7 de octubre de 1923 en Wrechen, Alemania. Fue, según las acusaciones presentadas contra ella en el juicio de Belsen en 1945, una de las “figuras más siniestras y odiadas” de los campamentos. Ella, a diferencia de sus compañeras destacaba por su belleza y una personalidad que brillaba, más bien por su corta edad, contaba con solo 19 años cuando se convierte en Guardia Femenina de la SS. Con sus oscuros instintos y una actitud de superioridad perfectamente ataviada con un látigo translúcido, pistola y unas pesadas botas, no pasó inadvertida a los miles de prisioneros de los campos de concentración de Auschwitz, Ravensbrück y Bergen.

Infancia, juventud y vida familiar

Llama mucho la atención que Grese quería ser enfermera, siendo en su infancia muy tímida. Su madre se suicida cuando tenía solo 13 años. Al llegar a la adolescencia al parecer cambió su forma de ser, metiéndose en problemas en la escuela y abandonando sus estudios a los 15 años. Tuvo un padre opositor el régimen de Hitler, sin embargo; esto no hizo disuadir su precoz convicción y simpatía por la ideología nazi. En ese momento, eran abundantes el adoctrinamiento y los malos tratos a los “enemigos del Estado”. Su fanatismo por ingresar a la Bund Deutscher Mädel (Liga de la Juventud Femenina Alemana) fue condenado por su padre, quien luego de enterarse de sus planes para trabajar en el campamento de Ravensbrück, le echó de su casa, un hecho que fue denunciado por su propia hija, lo que ocasionó que su propio padre terminara en la cárcel.

Crímenes a la humanidad

Luego de sentirse acogida por las llamadas juventudes hitlerianas, Irma Grese llevó a cabo diversas atrocidades en los campos de concentración durante los años 1942–1945, donde se ganó otros apodos como “La Bella Bestia” o “La Perra de Belsen”. Según las declaraciones de testigos en el juicio en su contra por crímenes contra la humanidad destacaron su gusto por azotar -con un látigo de celofán hecho por ella misma- los pechos de las prisioneras bien dotadas, con la intención de producirles infecciones que terminaban en la extirpación sin anestesia de sus senos, un espectáculo que ella misma presenciaba con la sola intención de excitarse sexualmente. Así contó en el juicio la testigo Gisella Pearl, médica de los prisioneros quien presenció muchas de sus perversiones sexuales.

Por si fuera poco, llegó a abusar sexualmente tanto de hombres como mujeres, para luego seleccionarlas a ser enviadas a las cámaras de gas. De acuerdo al testimonio de Luba Triszinska, sobreviviente del Holocausto, también hacía pasar hambre a sus perros para que luego devoraran a los prisioneros indisciplinados o a los más débiles, definitivamente rasgos que justifican sus apelativos y sin duda un personaje digno de la ficción de Tarantino.

Sus acusaciones también abarcaban desde torturas a niños y disparos a sangre fría a quienes le provocaban, ejercicios forzados y formación de prisioneros con piedras en la cabeza (según Klara Lebowitz); además de golpes a mujeres con sus botas hasta dejarlas inconscientes. Uno de sus deleites era sentir el terror de sus prisioneras; además del disfrute de su rutina en las selecciones semanales que incluía desde mujeres sanas hasta enfermas -que aún conservaban su atractivo- para sus siniestras actividades. Se le atribuye no menos de 30 muertes diarias durante sus servicios como supervisora de prisioneros.

Juicio de Irma Grese

Irma Grese, pasó a ser una de las mujeres más crueles de la historia. Fue juzgada en 1945 en el Juicio de Bergen-Belsen y enviada a la horca por las leyes británicas; siendo la mujer más joven en ser condenada a muerte en ese país con tan solo 22 años. En pleno juicio Grese adoptó un comportamiento arrogante y cínico, contestando a las preguntas con frases cortas como “sí”, “no” o “no sé”, con un sarcasmo que rayaba en la insolencia:

“Yo debería saber mejor que usted si tenía o no tenía un perro, ¿no le parece? “Me gustaría que dejara usted de repetir la palabra regularmente…”

Irma GreseParte de su testimonio en el Juicio de Bergen-Belsen.-

Fue ejecutada en la prisión de Hamelín (Alemania) el 13 de diciembre de 1945. Cuentan que sus últimas palabras al verdugo Albert Pierrepoint, fueron: “Schnell!” (¡Rápido!)…

Aunque al final Grese renegó de los asesinatos, manifestando además que solo conocía el destino de las prisioneras por boca de ellas mismas, nunca ocultó su ideal nazi. Poco a poco, la belleza de Grese se había diluido en una mujer de rasgos endurecidos por la crueldad.

Setenta años después de la liberación de los campamentos, es importante recordar que las mujeres no eran sólo víctimas, madres o esposas; lamentablemente algunas de ellas también fueron agentes activos para sostener los terrores experimentados por millones durante el Holocausto.

Con información de: Playbuzz / holocaustresearchproject / Juicio de Bergen Belsen

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