Diciembre 04, 2018

El terrible sacrificio de Ifigenia, la disyuntiva de un padre entre el amor y el deber

El terrible sacrificio de Ifigenia, la disyuntiva de un padre entre el amor y el deber

La prepotencia de los dioses no tiene límites y cuando se les ocurre algún capricho, no se cansan hasta conseguirlo. Un padre se ve obligado a tomar una decisión que lo condenará por el resto de su vida, todo por complacer a la diosa de la castidad. ¿Será capaz de  convertirse en asesino? ¿Qué puede más, el amor o el deber? Aquí te contamos todo:

Un ejército impaciente y mal portado, trajo desgracias al rey Agamenón

Agamenón, el rey de Argos y Micenas, iba rumbo a Troya con su ejército para luchar por el territorio.  Todos bajo las órdenes del rey, se preparaban para el combate, entusiasmados y ansiosos hasta que de un momento a otro, todo se paralizó. Se encontraban varados en el puerto de Aúlide, no había viento suficiente para zarpar y todos estaban desesperados.

La historia cambió cuando un extraño forastero se acercó al rey para decirle un secreto.

El rey, se caracterizaba por ser un hombre de carácter fuerte, pedante y con muy pocos amigos. La tropa no entendía como la opinión de un extraño podía paralizar los planes de luchar en Troya, lo que nadie sabía era que el forastero era en realidad un hechicero con un mensaje muy especial de Artemisa.

¿Quién es Artemisa? Se preguntaba el ejército. La mismísima diosa de la castidad y la caza, conocida por su inteligencia, su agilidad y su belleza, había mandado un mensaje muy claro y fuerte. Estaba terriblemente molesta porque alguno de los soldados de Agamenón mató uno de los ciervos de su bosque, para perdonarlo por el inconveniente, debía sacrificar a su hija, de lo contrario, habría una masacre.

La decisión más difícil ¿Qué será lo correcto?

El rey Agamenón sentía la presión de su ejército y el deber con su pueblo y tomó una decisión: Sacrificaría a su hija. Se ideo un plan para que ni su hija Ifigenia ni su esposa Clitemnestra sospecharan nada: El más valiente y valioso de sus soldados; Aquiles, le propondría matrimonio a su hija, era una unión que no podían perder.

Ifigenia era una joven muy inteligente, hermosa y humilde. Respetaba profundamente a sus padres y aceptó voluntariamente la falsa propuesta de matrimonio de Aquiles y emprendió el viaje hasta llegar a su encuentro. Una boda falsa que acabaría con su vida.

Aquiles al verse involucrado en tan terrible plan decidió actuar, les contó toda la verdad a ambas. Su madre, indignada quiso rescatarla de tan macabro destino, pero Ifigenia había aceptado su inminente muerte con dignidad, sentía que si debía morir, lo haría en manos de su padre.

La bondad de una diosa pudo más que los actos políticos de un padre

Artemisa, quien esperaba impaciente que se hiciera justicia, al darse cuenta de las nobles intenciones de Ifigenia decidió rescatarla de tan terrible destino. Justo antes de morir, intervino y la salvó, llevándola a su palacio en el que sería su principal sacerdotisa.

Ifigenia, pese a que había aceptado voluntariamente, nunca perdonó a su padre por la decisión que había tomado, así que dedicó su vida entera al servicio de la diosa que –en un principio- había pedido su cabeza.

 La figura de Ifigenia en la mitología y en el arte

Ifigenia se convirtió en una de las figuras favoritas de los trágicos griegos, quienes utilizarían su leyenda para hablar del amor filial, el poder del estado sobre el pueblo y sobretodo de la redención divina. Es uno de los personajes más representativos de la tragedia griega por la nobleza de sus intenciones.

El cuadro anterior, es del pintor francés Sébastien Bourdon de 1653. La obra ilustra el momento exacto en el que Ifigenia iba a ser sacrificada y la salvó la mismísima diosa Artemisa.

Con información de “Diccionario de la Mitología Clásica” (1999) Editorial Espasa.

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