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Oscar Wilde, el genio que vivió terribles torturas por ser homosexual (+ cartas privadas)

Oscar Wilde, el genio que vivió terribles torturas por ser homosexual (+ cartas privadas)

La historia real detrás de la estrepitosa caída social del dramaturgo más brillante de la época victoriana. De los salones de lujo a la prisión por amar en libertad.

Un escritor brillante que convirtió su vida en una obra de arte tras adoptar el esteticismo como brújula de su existencia. Su amor por lo bello le hizo descubrir un mundo nuevo, pero desafiar las rígidas normas de la época victoriana lo condenó para siempre. Oscar Wilde sufrió terribles consecuencias legales y sociales por seguir su corazón. ¿Qué sucedió realmente durante su fatídico juicio? ¿Cómo transformó su dolor en literatura? Aquí te contamos su trágica y fascinante historia.

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El genio del esteticismo y su extravagante estilo de vida

Desde muy joven, Oscar Wilde demostró ser una mente brillante. Su aguda inteligencia, sumada a una elocuencia sin igual, dejaba asombrados a todos los que compartían con él. Aunque gozaba de un talento natural para la conversación y deslumbraba en los salones literarios, en su fuero interno era un hombre profundamente reflexivo y, a menudo, solitario.

Su vida tomó un rumbo definitivo tras abrazar la corriente filosófica del esteticismo, un movimiento que defendía el principio del «arte por el arte» y sostenía que el propósito principal de la creación era la exaltación de la belleza. A partir de ese momento, Wilde desarrolló un estilo personal inconfundible y extravagante: lucía el cabello largo, vestía terciopelo y a menudo decoraba sus solapas con claveles verdes o girasoles.

Tras la publicación de sus primeros trabajos, la sociedad londinense quedó cautivada por su ingenio. El público aceptó y hasta celebró sus excentricidades, pero apostar por una libertad absoluta en la conservadora Inglaterra del siglo XIX le traería consecuencias devastadoras.

Constance Lloyd y la irrupción de Lord Alfred Douglas

En 1884, Wilde se casó con Constance Lloyd, una escritora y periodista que publicó, entre otras obras, un reconocido libro de cuentos infantiles basados en las historias de su abuela. La pareja tuvo dos hijos, Cyril y Vyvyan. Durante los primeros años, el matrimonio parecía estable, hasta que en 1891 irrumpió en la vida del escritor un joven aristócrata: Lord Alfred Douglas, conocido cariñosamente como «Bosie».

Con gustos literarios afines y una innegable atracción mutua, comenzaron una relación apasionada e íntima que pronto se convirtió en un secreto a voces. Wilde, acostumbrado a desafiar las convenciones, no se preocupó en ocultar del todo su cercanía con el joven.

Tras el escándalo, Constance se vio obligada a huir de Inglaterra y cambió el apellido de sus hijos a Holland para protegerlos del estigma social. Wilde nunca volvió a verlos.

La tarjeta que desató el escándalo y el fatídico juicio

Lord Alfred Douglas provenía de una familia poderosa y conflictiva. Su padre, el marqués de Queensberry, desaprobaba profundamente la relación de su hijo con el dramaturgo. En 1895, el marqués dejó una tarjeta pública en el club de Wilde acusándolo de «alardear de sodomita».

Impulsado por Douglas, Wilde cometió el trágico error de demandar al marqués por difamación. Wilde perdió el caso, y las pruebas presentadas en su contra fueron utilizadas por la Corona británica para arrestarlo de inmediato. Fue sometido a un segundo juicio, esta vez acusado de «indecencia grave» (el término legal bajo el cual se penalizaba la homosexualidad en la época).

«El amor que no se atreve a decir su nombre»

Durante el juicio, el fiscal interrogó a Wilde sobre un poema escrito por Lord Alfred Douglas que mencionaba «el amor que no se atreve a decir su nombre». La respuesta de Wilde en el estrado pasó a la historia como una de las defensas más hermosas y valientes del amor entre personas del mismo sexo:

“El amor que no se atreve a pronunciar su nombre en este siglo es el gran afecto que un hombre mayor siente por uno más joven, como era el caso entre David y Jonatán, como aquel en que se basó Platón para edificar su pensamiento filosófico. Es hermoso, es bello, es la forma de afecto más noble, perfectamente natural. Es intelectual y frecuentemente se da entre jóvenes y hombres mayores […]. Por eso el mundo no lo comprende y se burla. E incluso a veces llega a poner a alguien en la picota”.

A pesar de su brillante elocuencia, Wilde fue declarado culpable en mayo de 1895 y condenado a dos años de trabajos forzados.

De profundis: El dolor transformado en literatura

Acostumbrado a los salones literarios y los lujos, la prisión destrozó la salud física y mental del escritor. La insalubridad y la brutalidad de la cárcel de Reading lo hundieron en una profunda depresión.

Sin embargo, la escritura fue su único refugio. Durante sus últimos meses de encierro, le permitieron papel y pluma. Así redactó De profundis, una extensa, desgarradora y bellísima carta dirigida a Lord Alfred Douglas. En ella, repasó su relación, su vanidad pasada y el profundo sufrimiento del presidio, reprochándole a «Bosie» su traición emocional:

“Yo te ofrendé mi vida y tú la tiraste para satisfacer las más bajas y despreciables de las pasiones humanas: el odio, la vanidad y los apetitos. En menos de tres años, destruiste en mí todo respeto. Ya no me quedaba en mi propio interés, otra cosa que hacer sino amarte”.

Exilio, miseria y sus últimos días en París

El Oscar Wilde que salió de prisión en 1897 era la sombra del ícono que había sido. Arruinado económicamente y repudiado por la alta sociedad que alguna vez lo idolatró, se exilió en Francia bajo el seudónimo de Sebastian Melmoth.

Aunque se reencontró brevemente con Lord Alfred Douglas en Nápoles, la presión social y la amenaza de perder sus respectivos ingresos familiares obligaron a los amantes a separarse de forma definitiva.

Viviendo sus últimos días en la pobreza, recluido en una modesta habitación del Hôtel d’Alsace en París, Wilde mantuvo su ingenio hasta el final. Se dice que, mirando el espantoso tapiz de su habitación, bromeó: «Mi papel pintado y yo estamos en un duelo a muerte. Uno de los dos tendrá que irse».

Antes de fallecer, Wilde pidió ser bautizado de urgencia en la fe católica, algo que siempre le había atraído de forma estética y espiritual. Murió de meningitis el 30 de noviembre de 1900, a los 46 años, dejando un legado literario inmortal que sobrevivió a la intolerancia de su época.

Con información de: History | The British Library | Foto: Shutterstock


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