La apasionada historia de amor entre Virginia Woolf y su amante, Vita Sackville-West

La apasionada historia de amor entre Virginia Woolf y su amante, Vita Sackville-West

Dos mujeres sucumbieron ante las tentaciones del destino y se entregaron en cuerpo y alma al amor. Juntas, vivieron la década más feliz y fructífera de sus vidas. Escribieron libros juntas y lograron traducirse hasta el más íntimo de los pensamientos. ¿Cómo se conocieron Virginia y Vita? ¿Cómo fue su historia de amor? ¿El amor devuelve la cordura o alimenta la locura? Aquí te contamos todo.

Dos escritoras, en búsqueda de una musa

“Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”, cita una famosa frase del escritor argentino Julio Cortázar. Eso fue justamente lo que sucedió entre Vita y Virginia. Ambas se conocieron en una cena, en 1925. Las dos sumergidas en matrimonios muy diferentes.

Vita Sackville-West, estaba casada con Harold Nicolson y mantenían un matrimonio abierto. Ambos disfrutaban de la compañía de su mismo sexo, y habían acordado mantener su relación completamente liberal. Vivían encuentros y relaciones amorosas fuera de su matrimonio y se compartían como confidentes hasta el más íntimo detalle.

Virginia Woolf, estaba casada con Leonard Woolf. Su matrimonio estaba atormentado por la condición mental que atravesaba la escritora. Si bien ambos se tenían un profundo afecto, vivían su matrimonio sin ningún tipo de erotismo, pues para Virginia nunca fue disfrutable. En una de sus cartas, le escribió: “No creo que dos personas pudieran ser más felices de lo que hemos sido tú y yo”.

La vida de ambas cambió completamente, el día en el que por accidente, coincidieron en una cena informal en Londres.

La noche en la que comenzó todo: una historia de amor que salvaría vidas

Se conocieron en diciembre de 1922. Virginia recién estrenaba sus 40 años. Vita era 10 años menor, pero quedó impregnada de la esencia de la escritora. Para el momento, Sackville-West era más reconocida que Woolf. Había publicado varios poemarios y novelas, gozaba del reconocimiento del público. Woolf por su parte, continuaba trabajando en lo que sería su primera gran publicación literaria Mrs. Dalloway, pero no saldría a la luz sino cuatro años más tarde.

Vita era una mujer abiertamente homosexual, eso intimidaba un poco a Virginia, quien jamás había tenido una relación con una mujer – (Foto: «Vita» por Philip Alexius de László en 1910).-

Ambas se impresionaron al conocerse. Woolf escribió en uno de sus diarios: “Fue un inmenso placer conocer a la adorable aristócrata Sackville-West”, solía decirle así por su condición económica, infinitamente superior a la de ella.

Mientras que Sackville-West, escribió a su esposo días después una carta contándole, toda la experiencia de conocer a la gran Virginia.

 

La carta data del 19 de diciembre de 1922 y dice así:

 

“Yo simplemente adoro a Virginia Woolf, y también lo harás tú. Te enamorarás enseguida de su encanto y personalidad. Ella es simple, pero da la impresión de ser súper compleja. No es expresiva, y pocas cosas la impresionan. No utiliza adornos extravagantes, pero viste

de forma extraña y elegante. A primera vista pensarías que ella es simple y sencilla, una belleza común, pero luego una especie de magnetismo espiritual te posee y te encuentras fascinado solo mirándola. Ella es desprendida y humana. Muy callada hasta que tiene que decir algo, y cuando lo dice, lo hace de la forma más brillante”.

Virginia tenía 10 años más que Vita, pero eso les resultaba aun más atractivo. En el historial de relaciones pasadas de Vita, todos sus amores habían sido mayores que ella. “Rara vez una persona logra cautivarme tanto querido, creo que le gusto. Por lo menos me invitó a Richmond, donde ella vive. Cariño, creo que perdí mi corazón –y se lo entregué a ella-”, escribió.

Woolf, por su parte, había tenido una conversación muy particular con su cuñado Clive Bell:

Clive Bell: Vita es una lesbiana declarada, ten cuidado, ha puesto sus ojos en ti.

Virginia: Con lo esnob que soy, dudo que pueda resistirme.

¿El amor devuelve la cordura o alimenta la locura? Ambas, lo experimentaron diferente

 

Vita Sackville-West, era conocida por su atractivo. Una mujer enigmática, sensual y misteriosa. No escondía de nadie su gusto por las mujeres, había hecho público más de uno de sus romances anteriores. Virginia, era más conservadora y tradicional.

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Sus diferencias rápidamente se transformaron en la gasolina que mantenía vivo el fuego entre las dos. Vita calmaba los demonios de Virginia, y Virginia mantenía a flote el lado más suave y apacible de Vita. Juntas lograron comprender sus más íntimos pensamientos y Vita se convirtió en la medicina que Virginia necesitaba para mejorar su salud.

 

Vita se convirtió en la calma que Virginia necesitaba, y Virginia en la tranquilidad que Vita jamás había experimentado.-

Si bien siempre había estado bajo tratamiento psiquiátrico por sus ataques nerviosos, Vita le propuso una terapia diferente: comenzar a experimentar con actividades disfrutables en lugar de sumergirse en el caos de su mente. Fue así como Virginia se volvió cada vez más fructífera como escritora, enfocaba sus energías en ser la compañía de Vita y en traducir sus sentimientos en letras. Produjo tres novelas y un gran número de ensayos, todo un récord para su carrera.

Vita era conocida por su volatilidad e incluso, por su promiscuidad. Virginia le dio todo lo que necesitaba: un amor estable, pasional e incondicional. Vita dejó a un lado el aspecto “salvaje” de su personalidad, y se convirtió en el hogar amoroso y estable que necesitaba Virginia. Juntas mejoraron enormemente su calidad de vida. Hacían una pareja perfecta, pues resultaban ser la mitad que la otra necesitaba

La historiadora americana Louise de Salvo, aseguró que “Ninguna de las dos había escrito tanto ni tan bien como cuando estuvieron juntas, y después de su separación, ninguna logró volverlo a hacer”. (Foto: Vita en 1919).-

Por primera, Virginia fue capaz de experimentar el amor físico

Virginia había tenido un pasado sombrío. Su hermanastro Georges Duckworth había abusado de ella, casi toda su infancia. La experiencia fue tan traumática para ella, que rechazó para siempre cualquier tipo de expresión de amor físico. Le resultaban dolorosas, temibles y “desataban sus fantasmas victorianos”, como solía llamarlos.

Vita fue la única capaz de hacerla exteriorizar ese trauma del pasado y con amor y dedicación, la ayudó a sanarlo. Entendió cada uno de sus límites y en el momento exacto en el que Virginia estuvo lista, ambas consumaron su amor. Virginia conoció la experiencia del amor físico y se entregó en cuerpo y alma a los brazos de Vita.

En una ocasión –mientras Vita se encontraba visitando a su esposo- Virginia le escribió:

“Mira, Vita. Deja a tu hombre y juntas iremos a la corte de Hampton. Cenaremos en el río juntas y caminaremos en el jardín a la luz de la luna. Partiremos juntas a casa, tomaremos una botella de vino y te diré todas las cosas que tengo en mi cabeza. Todas, son millones. Pero no saldrán de día, únicamente de noche, junto al río oscuro. Piénsalo, deja a tu hombre y ven junto a mí”.

Su relación era extremadamente pasional. Ambas representaban un hogar para la otra. Un refugio del mundo. Un oasis de pasión, amor y entendimiento al que pronto, se hicieron adictas.

El amor entre escritoras solo podía significar una cosa: extraordinarias cartas de amor

 Virginia se entregó en cuerpo y alma a Vita. Juntas, construyeron un mundo que se convirtió en su salvavidas.-

Ambas compartían la pasión por la literatura, pero desde ópticas muy diferentes. Vita solía disfrutar de escribir poesía, Virginia era más ensayista y literaria. Pasaron una década juntas, pero su relación fue a distancia. Como ambas tenían una vida familiar, debían cumplir con sus obligaciones como madres y esposas, pero nunca dejaron de escribirse. Las cartas mantuvieron vivo e intacto su amor.

Hay una en particular que resume toda la filosofía del amor que sentía Vita por Virginia. Su hijo la resguardó y dice así:

«He quedado reducida a una cosa que solo quiere Virginia. He creado una hermosa carta para ti en las horas llenas de pesadillas de las noches en las que no pude dormir, pero se ha ido. Puedo resumírtelo en una frase: te extraño, de la forma más simple y desesperada posible. Tú, con todas tus brillantes cartas, jamás escribirías una frase como esa, capaz ni la sentirías. Pero estoy segura que la esconderías en una frase tan exquisita y bien formada, que perdería su sentido de la realidad. Pero como soy yo, te lo digo fuertemente: te extraño más de lo que creía posible, y eso que me había preparado para extrañarte. Esta carta es solo un chillido de dolor. Es increíble lo esencial que te has vuelto para mí. Pero supongo que estás acostumbrada a que las personas te digan estas cosas. Estúpida criatura consentida, no debería amarte ni entregarme a ti así, pero oh querida, no puedo ser ni inteligente ni distante contigo. Te amo demasiado para eso. Te amo verdaderamente. No tienes idea de lo distante que puedo ser con las personas que no amo, de hecho lo he convertido en una especie de talento oculto, pero tú, solo tú. Has roto mis defensas y la verdad, no planeo resistirme a ti.

Tuya, Vita».

Virginia, era mucho más reservada y tímida que Vita. Pero su amada la inspiraba tanto, que dedicó a ella una de sus novelas más famosas. Orlando obra que publicó en 1928. Narra la historia de un hombre que viaja continuamente y dependiendo del destino, decide su género.

Esto resultaba ser una referencia entre Vita y Virginia. Sackville-West, solía decir que dentro de ella cohabitaban dos personalidades: su más femenina que estaba atraída a los hombres, y su versión más masculina, que moría por las mujeres. La novela incluso está ambientada en la casa de Vita, que es una de las seis más grandes de Inglaterra.

Amor apasionado, intenso y fugaz, llegó a su fin

“Mi adorada, déjame escribirte una línea más: me has dado demasiada felicidad”, escribió Virginia a Vita en una oportunidad. Ambas aprovecharon al máximo sus 10 años de relación, pero llegó un momento en el que pesaron más las diferencias.

Virginia era mayor y tenía ideales sociales y políticos muy arraigados. Vita solía ser más liberal y darle menos importancia a la política. Su vida consistía en dedicarle enteramente atención al amor, al arte y a cualquier forma de expresión. Poco a poco, sus diferencias fueron separándolas hasta que en 1935 finalmente se acabó.

Ambas se mantuvieron como amigas muy cercanas, pero su pasado amoroso quedó muy atrás. “¿Qué más puedo decir? Te amo”, escribió Virginia. “Mi amor por ti es absolutamente verdadero, vívido e inalterable”, respondió Vita. Y así, se acabó uno de los romances más apasionados de la historia de la literatura.

Con información de: Autoestraddle|The Paris Review |Brain Pickings

 

 

 

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