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La Operación Cólera de Dios: A la caza de los asesinos de Múnich

Tras el asesinato de 11 atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 por el grupo terrorista palestino Septiembre Negro, la primera ministra de Israel, Golda Meir, ordenó a sus servicios de inteligencia eliminar a los autores intelectuales y materiales de la masacre. Desde entonces, comenzó una campaña de exterminio que no solo tenía como fin acabar con los terroristas, sino crear pánico a los palestinos, dada la forma como se producirían los asesinatos selectivos, todo bajo la orden de que fuera en absoluto secreto y que no hubiera forma comprobable que el Estado de Israel, quien hoy niega esta operación, estuviera involucrado en las muertes. Fue una venganza que aún no termina. Un atentado que desató, la Cólera de Dios.

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Conformación del Comité X

El 5 de septiembre de 1972, tras una semana sin incidentes durante los Juegos Olímpicos de Múnich, un grupo de ocho terroristas pertenecientes a la organización palestina Septiembre Negro se colaron en la Villa Olímpica y asaltaron la residencia de los atletas israelíes, matando a dos y reteniendo como rehenes a otros nueve para exigir la liberación de 236 presos palestinos a cambio de las vidas de los deportistas. Tras 21 horas de infructuosa negociación y el traslado de los secuestradores y sus rehenes al aeropuerto de la ciudad para escapar, una fallida operación de rescate de la policía alemana desembocó en una masacre en la que murieron los nueve atletas, cinco terroristas, un policía y un piloto.

Unas semanas después de la masacre, antes de que se enfriaran los ánimos, la primera ministra israelí Golda Meir organizó un comité clandestino (del cual estaba la propia Meir a la cabeza) junto al ministro de Defensa Moshe Dayan para localizar y eliminar a los responsables directos o indirectos del atentado, así estuvieran en algún país de Oriente Próximo o escondidos en Europa. Se llamaba el “Comité X”, un pequeño grupo de funcionarios del gobierno que tenía la tarea de estudiar cuál sería la respuesta israelí.

El comité, que incluía a Zvi Zamir, Director del servicio secreto de inteligencia israelí, el Mosad, llegó a la conclusión de que, para evitar futuros ataques terroristas contra Israel, era necesario eliminar a aquellos que habían apoyado o llevado a cabo la matanza de Múnich, y hacerlo de manera que causara el suficiente impacto como para disuadir a Septiembre Negro de realizar otras acciones parecidas. Presionada por la opinión pública israelí y por los altos cargos de los servicios de inteligencia, Meir autorizó con cierta reticencia el inicio de la campaña de asesinatos.

Las dudas desaparecerían pocos meses después, cuando los tres autores de la matanza que todavía seguían con vida fueron liberados por Alemania Occidental, en cumplimiento con las exigencias de los secuestradores de un avión de la compañía Lufthansa, que había sido secuestrado por miembros de Septiembre Negro, exigiendo la liberación de los terroristas que habían sobrevivido a la masacre de Múnich.

Nació así la Operación Cólera de Dios, un dispositivo formado por fuerzas especiales del Mosad, supervisado por el veterano agente Mike Harari. Nacido en Tel Aviv en 1927, Harari entró a los 16 años, tras mentir sobre su edad, a combatir con las milicias sionistas de Haganá, antes de la creación del Estado de Israel en 1948. Ingresó en el Mosad en 1954, donde creó la unidad Kidón, encargada del asesinato selectivo de enemigos árabes.

El primer encargo que el Comité X encomendó a la inteligencia israelí consistió en la preparación de una lista de objetivos en la que figurasen todos aquellos individuos involucrados en los sucesos de Múnich. Esto se llevó a cabo con la ayuda de espías infiltrados en la OLP que trabajaban para el Mosad y con información proporcionada por agencias europeas aliadas.9 Aunque se desconoce el contenido de la lista completa, algunos informes señalan que el número final de objetivos era de entre 20 y 35, incluyendo tanto miembros de Septiembre Negro como de la OLP. La idea de la «negativa plausible» fue uno de los conceptos clave que se acordaron. Consistía en que debería ser imposible probar alguna conexión entre las muertes y el Estado de Israel. Además, se pretendía que las operaciones despertasen un sentimiento de pánico general entre los terroristas palestinos.

Se sabe poco acerca de cómo se organizaron los grupos de exterminio del Mosad para ejecutar sus asesinatos. Lo cierto es que operaban en grupos comandos de hasta 15 miembros. Además, no era la primera vez que el gobierno israelí decidía saltarse los formalismos y la legislación internacional para poder satisfacer sus ansias de venganza. En 1962, el entonces primer ministro David Ben-Gurión orquestó una misión encubierta (Operación Finale) en la que miembros del Mosad viajaron hasta Argentina y secuestraron a Ricardo Klement, identidad falsa bajo la que se escondía el líder nazi e ideólogo de la Solución Final Adolf Eichmann. El genocida alemán fue trasladado a Israel, enjuiciado y ahorcado.

Hacia los objetivos

El primer objetivo de las bayonetas (así se les conocía a los agentes involucrados en la operación) de Harari fue Wael Zwaiter, miembro de la OLP y primo de su líder Yasser Arafat. Fue tiroteado en octubre de 1972, cuando se disponía a entrar en su apartamento de Roma.

La siguiente víctima fue Mahmoud Hamshari, representante de la OLP en París. Miembros del Mosad se colaron en su apartamento e instalaron un pequeño dispositivo explosivo conectado con su teléfono. Después, uno de los miembros se hizo pasar por un periodista italiano que quería entrevistarle y, en el día y la hora acordados, las bayonetas llamaron a Hamshari. Una vez se hubo identificado, activaron el explosivo de forma remota matándolo en el acto. En los siguientes meses, la Cólera de Dios acabó con otros cuatro sospechosos.

Sin duda, la misión más conocida del operativo (y también la que supuso un mayor despliegue) fue la que llevaron a cabo en Beirut en 1973. Llamado Operativo Primavera de Juventud. Con Ehud Barak a la cabeza, que más tarde sería primer ministro de Israel, los agentes de la Cólera de Dios se infiltraron en la ciudad a través de un discreto desembarco anfibio y se reunieron con agentes de campo que ya estaban allí. Camuflados con ropa de civiles (algunos de ellos vestidos como mujeres para poder llevar cubierto todo el cuerpo y esconder sus armas), el operativo se dividió en varios escuadrones que realizó una acción coordinada: mientras se realizaban redadas por toda la ciudad y paracaidistas israelíes asaltaban la sede del Frente Popular para la Liberación de Palestina, la fuerza principal de las bayonetas localizó y eliminó a Muhammad Youssef Al-Najjar, Kamal Adwan y Mala Nasser, tres importantes líderes de la organización Septiembre Negro.

El Mosad se dedicó a buscar a Ali Hassan Salameh, apodado el Príncipe Rojo, que era la cabeza de Fuerza 17, una unidad de seguridad de Fatah, y al que Israel imputaba haber planeado el operativo de Septiembre Negro causante de la matanza de Múnich. Casi un año después de la masacre, el Mosad pensaba que al fin había localizado a Salameh en la pequeña ciudad noruega de Lillehammer. El 21 de junio de 1973, en lo que pasaría a conocerse como el asunto de Lillehammer, un grupo de agentes del Mosad asesinó a Ahmed Bouchiki, un camarero marroquí sin relación ni con el ataque de Múnich ni con Septiembre Negro, después de que un confidente identificase erróneamente a Bouchiki como Salameh. Seis agentes del Mossad, incluyendo a dos mujeres, fueron capturados por las autoridades noruegas mientras que otros, incluyendo al líder Mike Harari, consiguieron escapar hacia Israel. Cinco de los detenidos fueron condenados por el asesinato y encarcelados, pero serían liberados y devueltos a Israel en 1975.

Tras el incidente, se desencadenó un sentimiento de indignación internacional ante el asesinato erróneo que obligó a Golda Meir a suspender la Operación Cólera de Dios. Sin embargo, cinco años más tarde se decidió reanudar la operación bajo el mandato de un nuevo primer ministro, Menachem Begin, y buscar a aquellos miembros de la lista todavía con vida.

Tres de los ocho terroristas que llevaron a cabo la matanza de Múnich sobrevivieron al intento de rescate fallido. Sus nombres eran Jamal Al-Gashey, Adnan Al-Gashey y Mohammed Safady. Los terroristas quedaron bajo custodia en Alemania Occidental, pero habían sido liberados semanas después.

Se pensaba que Adnan Al-Gashey y Mohammed Safady habían sido asesinados varios años después de la masacre; Al-Gashey habría sido encontrado tras contactar con un primo suyo en un estado del Golfo Pérsico mientras que Safady habría sido localizado al mantenerse en contacto con su familia en el Líbano. ​ Esta versión es desmentida por un libro reciente de Aaron Klein, quien afirma que Adnan murió de un fallo cardíaco en los años 1970, mientras que Safady habría muerto a principios de la década de 1980 a manos de falangistas cristianos en el Líbano o, de acuerdo con un espía de la OLP amigo de Safady, todavía seguiría con vida. ​ Jamal Al-Gashey se refugió en el Norte de África. En 1999 concedió una entrevista al director Kevin MacDonald para el documental One Day in September («Un día de Septiembre»).​ Se cree que todavía sigue vivo

Se desconoce el número exacto de operaciones llevadas a cabo y asesinatos cometidos por los miembros de la Operación Cólera de Dios. Hubo muchos ataques y atentados durante los años en los que estuvo activo en los que, si bien no se podía confirmar la participación del Comité X, cuadraban con su modus operandi.

Además de estos ataques, se cree que el Mosad también empleó tácticas de guerra psicológica acosando y amenazando a miembros de las organizaciones palestinas (estuvieran o no metidos en grupos terroristas), recopilando información personal con la que chantajearles y enviándoles cartas bomba de poca potencia para asustarles.

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