Abril 24, 2019

Las adicciones de Hitler, según el escritor Norman Ohler

Las adicciones de Hitler, según el escritor Norman Ohler

Adolf Hitler, no solo fue el causante de uno de los genocidios más conocidos. El escritor alemán Norman Ohler ha relatado en su libro ‘El gran delirio. Hitler, drogas y el Tercer Reich’ una faceta desconocida de uno de los dictadores que marcaron la historia del siglo XX, revelando las adicciones del Führer.

¿Cómo llegó Hitler a las drogas?

Todo empezó en 1936 cuando Hitler contrata a Theo Morell como su doctor personal. Morell era conocido en la época por ser un médico que trataba enfermedades que no existían. Solía recibir actrices y celebridades que solamente se sentían tristes.

También fue conocido como un experto en enfermedades sexuales, a las que regularmente recetaba esteroides. De hecho, Hitler fue uno de los pacientes que tomó testosterona cuando conoció a su futura esposa Eva Braun, con la finalidad de tener un mejor rendimiento sexual.

Eva también ingería hormonas para retrasar la menstruación cuando se encontraba con Hitler.

Hitler -cuenta Ohler- era un hombre que buscaba estar siempre enérgico y atento; al mismo tiempo, deseaba tener un médico personal que no lo examinara cada vez que se sintiera mal y solo le recetará los medicamentos necesarios. Morell cumplía los dos requerimientos, por lo que recibió la confianza del Führer.

El primer año el doctor Morell le inyectó a Hitler una sustancia que se cree haya sido glucosa; esta causó una sensación de euforia en Hitler que luego la pidió constantemente.

Theo Morell y Adolf Hitler.

Theo Morell y Adolf Hitler.-

De drogas naturistas a hormonas y opiáceos

El organismo de Hitler fue acostumbrándose a la dosis de glucosa por lo que cada vez Morell le inyectaba mayor cantidad, complementándola con otras vitaminas que aumentaran la energía en Hitler. En 1941 los medicamentos cambiaron…

Hitler comenzó a recibir hormonas y esteroides, los cuales en algunos casos eran combinados por Morell para potenciar el efecto. Por ejemplo, recibía inyecciones de injertos de hígado de cerdo para mejorar su sistema inmunológico, pues los animales son una gran fuente de hormonas; a su vez este injerto era mezclado con testosterona para “maximizar” el efecto.

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En 1943 llegaron las verdaderas drogas al organismo del Führer, ingiriendo opiáceos, medicamentos adictivos y de amplio espectro usados para disminuir los dolores fuertes: un ejemplo de ellos es la morfina.

Entre los opiáceos que consumía Hitler, el Eukodal fue el más común. Tenía un efecto potente que relajaba por completo a Hitler, además de estimular su mente permitiéndole pensar rápido y sentirse más despierto. Algunos doctores comparan la acción del Eukodal con el de la cocaína y la heroína simultáneamente.

El uso de “medicamentos” en el ejército

En uno de los capítulos del libro, Ohler señala que el farmacólogo Gerhard Orzechowski, creo una potente medicina basada en una goma de mascar de cocaína que lograría mantener a los soldados despiertos por 7 días, con el objetivo de pilotar submarinos que solo podían ser conducidos por una sola persona y así, lograr invadir Gran Bretaña… Lo que terminó en un intento.

No obstante, cuando los marineros estaban dentro de estos submarinos, sufrieron ataques psicóticos y algunos terminaron perdiendo el objetivo de la misión.

Norman Ohler expresa en el libro que la compañía farmacéutica Merck patentó y sintetizó la cocaína hacia el año 1862. Muchos la utilizaron como medicamentos de uso común.-

Superioridad de Hitler y su consumo de cocaína

Bajo los efectos de esta droga, Ohler afirma que Hitler lograba sentirse superior a todos los demás y eliminar cualquier complejo de inferioridad. Un ejemplo es en 1944, cuando el líder de la Alemania nazi fue víctima de un atentado con una bomba colocada debajo de la mesa que estuvo cerca de asesinarlo.

El Führer tenía planeada una reunión con Mussolini después de aquel atentado, pero con los tímpanos reventados y lleno de dolor, al igual que con astillas de maderas clavadas, se esperaba su ausencia en la junta. Sin embargo, Morell inyectó rápidamente Eukodal a Hitler para darle un efecto analgésico.

Fuera de todo pronóstico y con la negativa de los generales, Hitler acudió a la reunión con Mussolini, quien se sintió impresionado de verlo luego de lo sucedido. A partir de allí Hitler sufriría continuamente malestares por lo que Morell le daba dosis de Eukodal regularmente.

Luego del fallido atentado contra Hitler en la Guarida del Lobo en 1944, este tuvo secuelas físicas, principalmente en los tímpanos, lo que conllevó a que el otorrinolaringólogo Erwin Giesing se uniera al grupo de médicos del dictador…

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Las diferencias profesionales entre Morell y Giesing, resultaron en que ambos no se comunicaran acerca de qué drogas le suministraban al paciente. Además del Eudokal, recetado por Morell; Giesing, por su parte comenzó a suministrarle al paciente cocaína para los dolores nasales y auditivos.

“Cocaína y Eukodal. El cóctel en la sangre del Führer actuó como el clásico speedball: la acción sedante del opioide compensaba el efecto estimulante de la cocaína. Una euforia desmedida y un estado de exaltación de todas y cada una de las fibras del cuerpo son el efecto de este ataque farmacológico por dos frentes, en el que dos potentes moléculas bioquímicamente contrapuestas luchan por la hegemonía del organismo”, resume Ohler en su libro.

Sin embargo, el autor e historiador Giles Milton señala en su libro Fascinating Footnotes from History que fue el Dr. Morell quien le prescribió a Hitler el consumo de cocaína. La administración de esta droga fue a través de gotas para los ojos, pero en una dosis tan concentrada que pudo haber desencadenado el comportamiento psicótico que Hitler experimentaría en sus últimos años.

Hitler comenzó a exigir cada vez más el suministro de cocaína, siendo esta una clara señal de la adicción que este estaba desarrollando por la droga. Posterior a las gotas para los ojos,  este comenzaría a inhalar cocaína en polvo para “limpiar sus fosas nasales y calmar su garganta”.

Fin de las drogas, fin del nazismo

Según explica Ohler, el médico personal de Hitler no conocía las contraindicaciones ni consecuencias de estas sustancias; además, Hitler nunca lo vio como drogas, sino hasta 1945 al sentir una gran necesidad de consumirlas luego de que las reservas se agotaran.

Y es que ese año, con las tropas nazis perdiendo y los ejércitos enemigos acercándose, las farmacias fueron destruidas, por lo que Morell no tenía cómo darle más drogas a Hitler -que al no recibirlas-, despidió a Morell.  No solo Hitler fue suplementado con sustancias adictivas.

Durante la guerra los soldados nazis consumían Pervitín, una droga parecida a la metanfetamina que les hacía sentir con más energía; aumentaba su rendimiento y atención; además, les hacía perder el miedo a la guerra. Estos efectos hicieron que se popularizara en el ejército; incluso niños la consumieron, según Ohler.

¿Cuánta droga consumió Hitler?

Ohler, quien al principio planeaba escribir sobre el papel de las drogas durante el nazismo, cambió de idea luego de encontrar en los archivos algunas notas de Morell, que como médico personal de Hitler contabilizó hasta 800 inyecciones a Hitler en un período de 1349 días.

Igualmente, descubrió que Hitler consumió cocaína pura al menos 15 veces. También mostró cartas escritas por soldados nazis pidiendo urgentemente Pervitín bajo la razón de que era la única manera de ganarle a su máximo enemigo: el sueño.

Cabe destacar que Alemania durante la República de Weimar (1918-1933) experimentó un auge en la industria farmacéutica, siendo capaz de exportar grandes cantidades de cocaína, morfina y otros opioides.

En resumen, Norman Ohler reveló en su libro las adicciones de Hitler a sustancias que lo hicieran sentir eufórico, mejorando así su rendimiento mental sin cansancio; por lo que consumió vitaminas, glucosa, hormonas humanas y animales, potentes opioides y hasta cocaína, bajo la mirada de su doctor personal.

Con información de El Cofidencial |Grandes Medios | Playbuzz

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