Según estudio: bebés saben cuando fingimos emociones

Según estudio: bebés saben cuando fingimos emociones

 Sonreír para ocultar una experiencia negativa a los niños no es eficiente, porque éstos son capaces de captar lo que de verdad sentimos a partir de tan sólo los 18 meses de edad, ha revelado un estudio.

¿Cómo lo hacen? Relacionando las situaciones o eventos con el tipo de emoción que éstos generan. Esta capacidad tiene un sentido evolutivo, pues permite desenvolverse más eficientemente en los entornos sociales.

Si nos sentimos felices podemos, por ejemplo, aplaudir. Este acto sirve para que los bebés comprendan nuestra emoción. Pero, ¿qué pasa si no nos sentimos felices y, a pesar de ello, aplaudimos? ¿Notarán los pequeños que no se corresponde nuestra reacción con nuestros sentimientos? Según una nueva investigación, sí, y con sólo 18 meses de edad.

Publicado en Infancy, la revista oficial de la International Society on Infant Studies, el estudio ha sido realizado por dos psicólogas e investigadoras de la Universidad Concordia de Canadá llamadas Sabrina Chiarella y Diane Poulin-Dubois.

En él se ha demostrado que los bebés pueden detectar si las emociones de una persona están justificadas, en un contexto particular dado. Es decir, que los bebés entienden cómo el significado de una experiencia está directamente relacionado con las expresiones que hacemos a continuación.

Las implicaciones de este hallazgo serían significativas, sobre todo para los cuidadores. «Nuestra investigación muestra que los bebés no pueden ser engañados, por ejemplo, para que crean que algo que causa dolor producirá placer. Los adultos a menudo tratan de proteger a los niños del peligro, poniendo una cara feliz tras una experiencia negativa. Pero los bebés saben la verdad: con 18 meses ya pueden entender de manera implícita que las emociones están vinculadas a determinados eventos», explica Poulin-Dubois en un comunicado de dicha Universidad.

Para llevar a cabo el estudio, las científicas reunieron a 92 bebés de 15 y de 18 meses. En un laboratorio, los pequeños observaron a un actor sometido a varias situaciones, expresando emociones coincidentes o no con ellas.
Por ejemplo, en una ocasión, el actor mostró una emoción no coherente (se mostró triste cuando se le presentó un juguete deseado); y en otra expresó dolor cuando se hizo como que se le hacía daño en el dedo.

A los 15 meses, los bebés fueron capaces de diferenciar la veracidad o la falsedad de las reacciones del actor, en relación a los eventos, y mostraron empatía hacia todas las caras tristes a través de sus propias expresiones faciales.

Este resultado indica que la comprensión de la relación entre una expresión facial tras una experiencia emocional determinada es una capacidad que no está desarrollada en esta etapa.

Sin embargo, a los 18 meses, los bebés ya detectaron claramente la discordancia entre las expresiones faciales y las situaciones. Esto se notó en que pasaron más tiempo observando la cara del actor y en que miraron más a menudo a sus cuidadores, buscando la “opinión” de éstos sobre lo que estaba pasando, para averiguar si podían fiarse de la expresión del actor.

Además, los niños de esa edad mostraron empatía con el actor sólo cuando su cara de tristeza estaba realmente justificada, esto es, cuando estaba apenado o sentía dolor en consonancia con el evento presentado.

Los niños desarrollan temprano su capacidad para distinguir bien las emociones ajenas por razones evolutivas, explica Chiarella: «Para desenvolverse de manera efectiva en el mundo social, los pequeños necesitan desarrollar la capacidad de comprender los comportamientos de los demás, a través de la deducción de lo que les sucede internamente”.

Las investigadoras van a analizar a continuación si el hecho de que los niños estén expuestos a una persona emocionalmente poco fiable puede afectar a su voluntad de ayudar a esa persona o de aprender de ella.

Fuente: Tendencias21

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