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El día en que el 'Poder Negro' saludó en los Juegos Olímpicos

El día en que el ‘Poder Negro’ saludó en los Juegos Olímpicos

Dos puños alzados y una insignia convirtieron el podio de los 200 metros de México 1968 en una protesta contra el racismo. Esta es la historia de Smith, Carlos y Norman.

Tommie Smith levantó el puño derecho. John Carlos, el izquierdo. Los dos llevaban un guante negro y mantenían la cabeza inclinada mientras sonaba el himno de Estados Unidos. A su lado, el australiano Peter Norman permanecía con los brazos abajo, pero también participaba en la protesta: una insignia en su chaqueta lo identificaba con la misma causa.

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Era el 16 de octubre de 1968, en los Juegos Olímpicos de Ciudad de México. La escena pasaría a la historia como el saludo del Poder Negro, o Black Power. Detrás de los puños alzados había una denuncia contra el racismo y la pobreza, un movimiento por los derechos humanos y una decisión que tendría consecuencias para los tres medallistas.

México 1968: un récord mundial antes de la protesta

Antes de subir al podio, Smith había ganado la final de los 200 metros con un récord mundial de 19,83 segundos. Norman consiguió la plata con 20,06 y Carlos obtuvo el bronce con 20,10. Los dos estadounidenses eran compañeros en la Universidad Estatal de San José, en California.

La victoria deportiva hizo posible lo que vino después. Smith lo explicaría años más tarde al Museo Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos: para llevar su mensaje al podio, primero tenía que ganar. Había llegado a la final después de sufrir una lesión muscular en la semifinal.

Qué significaban los puños y los calcetines negros

Smith y Carlos recibieron sus medallas sin zapatos y con calcetines negros. Ese detalle representaba la pobreza de la población afroestadounidense. Los guantes, en cambio, expresaban fuerza y unidad: no tenían el significado que a menudo se les atribuye por confusión con los pies descalzos.

Smith llevaba un pañuelo negro como expresión de orgullo e identidad. Carlos dejó abierta la chaqueta de su uniforme en solidaridad con los trabajadores y lució un collar de cuentas en recuerdo de las víctimas de los linchamientos. La indumentaria formaba parte del mensaje: cada elemento señalaba una injusticia que querían hacer visible.

Durante el himno estadounidense, The Star-Spangled Banner, inclinaron la cabeza y alzaron los puños. No pronunciaron un discurso. Al abandonar el podio, escucharon abucheos.

El movimiento detrás del saludo del Poder Negro

La protesta no surgió de la nada. Smith y Carlos estaban vinculados al Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos, conocido por sus siglas en inglés, OPHR. El movimiento había sido establecido en 1967 en la Universidad Estatal de San José por el sociólogo Harry Edwards y el activista Ken Noel.

El proyecto cuestionaba una contradicción: los atletas negros podían representar a Estados Unidos y ganar medallas, pero seguían enfrentando discriminación dentro y fuera del deporte. Entre sus demandas estaban una mayor presencia de personas negras en los puestos de entrenamiento y dirección, y la oposición al apartheid.

Sus promotores consideraron un boicot de atletas afroestadounidenses a los Juegos. Esa propuesta no se convirtió en una retirada colectiva. Smith y Carlos compitieron y utilizaron la ceremonia de premiación para hacer visible su denuncia.

Aunque el gesto quedó asociado al Black Power, Smith subrayó después que su alcance era el de los derechos humanos. La lucha contra el racismo estaba en el centro de la protesta, pero no agotaba su significado.

Peter Norman: el tercer protagonista del podio

Norman no levantó el puño, pero tampoco fue un espectador ajeno a lo que ocurría. Llevó una insignia del OPHR, igual que Smith y Carlos, para expresar su apoyo a la igualdad racial.

Además, ayudó a resolver un contratiempo. Según el relato recogido durante el debate parlamentario australiano sobre su reconocimiento, Carlos había olvidado sus guantes en la Villa Olímpica. Norman sugirió que los estadounidenses compartieran el par de Smith. Por eso uno levantó la mano derecha y el otro la izquierda.

El australiano no volvió a competir en unos Juegos Olímpicos. Su ausencia de Múnich 1972, sin embargo, requiere una precisión: su familia y distintos defensores de su legado la relacionaron con represalias por la protesta, mientras que el Comité Olímpico Australiano sostuvo que se debió a los criterios de selección y a su rendimiento en las pruebas nacionales, condicionado por una lesión.

El 11 de octubre de 2012, la Cámara de Representantes de Australia aprobó una disculpa póstuma por el trato que Norman recibió tras regresar de México y por no haber reconocido plenamente su contribución a la igualdad racial. En 2018, el Comité Olímpico Australiano le concedió de manera póstuma su Orden al Mérito.

La expulsión de Smith y Carlos: conservaron sus medallas

El presidente del Comité Olímpico Internacional, Avery Brundage, consideró que la manifestación política era incompatible con la ceremonia olímpica y presionó al comité estadounidense para que sancionara a los velocistas.

El 18 de octubre, dos días después de la protesta, Smith y Carlos fueron suspendidos del equipo estadounidense y obligados a abandonar la Villa Olímpica. No les retiraron las medallas: el oro de Smith, el bronce de Carlos y sus resultados deportivos siguieron siendo reconocidos.

Las consecuencias continuaron después de los Juegos. Ambos recibieron amenazas de muerte y afrontaron dificultades económicas y laborales. Hubo quienes los defendieron, pero también medios y dirigentes deportivos que condenaron su protesta. El costo no terminó cuando bajaron los brazos.

Del rechazo a los homenajes

El reconocimiento institucional tardó décadas. En 2005, la Universidad Estatal de San José instaló Victory Salute, una obra del artista Rigo 23 que reproduce a Smith y Carlos con los puños alzados. En 2019, ambos ingresaron al Salón de la Fama Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos.

Norman murió en Melbourne en octubre de 2006. Smith y Carlos estuvieron entre quienes cargaron su féretro: los tres hombres que habían compartido el podio mantuvieron aquel vínculo hasta el final de su vida.

En el monumento de San José, el segundo escalón está vacío. No es un olvido: el lugar de Norman permite que los visitantes se sitúen junto a los dos atletas. La universidad explica que ese espacio invita a tomar posición contra el racismo. El podio tiene sitio para alguien más.

Fotografía original: Angelo Cozzi / Mondadori Publishers. Ficha de la imagen enlazada en la versión original.


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