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No todas son flores: El teletrabajo también implica sacrificio.

No todas son flores: El teletrabajo también implica sacrificio.

Por Daniel Colombo / En un informe reciente, la empresa Adecco Argentina señaló que, a nivel de ese país, hay 3 millones de personas trabajando en formato remoto, y que para el 55% de los encuestados la pandemia generó la instalación definitiva del home office; sin embargo, un 26% reconoce que le fue difícil el distanciamiento de los compañeros y para un 14% la pérdida de la oficina. 

Otros estudios a nivel internacional coinciden con estos aspectos en rasgos generales. Ahora bien: a la hora de instalar la modalidad del trabajo flexible, híbrido o totalmente remoto, ¿qué sacrificios hacen los trabajadores y las empresas?

  • Ventajas y desventajas para los empleados

Desde la perspectiva de los colaboradores, lo que se observa es una optimización de su tiempo e inversión en traslados, y en muchos casos, ahorro en comida, ropa, y otros insumos que antes debían costear, ya que, al estar desde casa, esto pasa a formar parte del presupuesto familiar. Aunque aparece una mirada distinta cuando no se cuenta con un espacio apropiado para teletrabajar, y que deba ser costeado por el empleado o, en su defecto, por la empresa.

También en los pros aparece la oportunidad de trabajar desde cualquier lugar, incluso viajando,  la alternativa de reportar resultados sujetos a objetivos, en vez de marcar tarjeta; y la posibilidad de postularse a posiciones diseñadas específicamente para el formato virtual en otros países y generarse ingresos superiores a los actuales -formato que, como sabemos, no aplica para todo tipo de tareas, ya que muchas requieren cercanía física total o alternada con el desempeño virtual-.

Algunos de los sacrificios que, en pos de trabajar remoto, las personas terminan aceptando, son la falta de contacto con sus compañeros, la cotidianeidad de hacer colegas y amigos teniendo un rapport inmediato, y la instantaneidad de conversaciones productivas frente a frente, donde sabemos que se obtiene mucha más información que en el formato virtual; por ejemplo, un mayor registro de la comunicación no verbal y corporal.

También muchos extrañan el tener su oficina propia o su escritorio asignado, donde habían llegado a personalizarlo para disfrutar de ese espacio laboral, aunque con su toque propio. Ahora debieron crear ese lugar dentro de su casa, y dotarlo lo mejor posible. El aspecto recreativo del viaje al trabajo, el after office o el almuerzo con colegas, también influye en contra.

Si bien hay disposiciones oficiales en varios países que regulan las condiciones del teletrabajo donde la parte empleadora asegurará determinados aspectos a cubrir para cada persona, es cierto que su efectiva implementación y los límites aún se presentan difusos. Por caso, no todas las personas están equipadas de conexiones potentes a Internet, imprescindible para un óptimo rendimiento. Otras compañías los están equipando con lo indispensable y asumiendo parte del costo de un upgrade de planes de Internet, telefonía y actualizaciones tecnológicas para quien presta su servicio. Habrá un largo camino aún por recorrer.

  • ¿Y qué hay del síndrome de la cabaña?

Un aspecto adicional para considerar es “el síndrome de la cabaña”: algunas personas aún se resisten a reinsertarse presencialmente en sus puestos laborales, fundamentalmente por miedo.

El aislamiento prolongado por distintas causas, entre ellas la pandemia, es algo que la psicología viene estudiando por lo menos desde comienzos del siglo XX, cuando se lo observó en cazadores y en buscadores de oro que volvían a sus entornos habituales tras prolongadas estadías en cabañas o viviendo en formato nómade. La gran mayoría presentaban signos de miedo, agobio, desconfianza y extrañeza. Algo parecido a lo que vivimos cualquiera de nosotros tras un tiempo prolongado sin salir de casa, cuando nos reencontramos con el afuera.

Los profesionales de la salud mental señalan que en el aislamiento aparecen ciclos donde las personas sienten aburrimiento, sensación de estar enjaulados, irritabilidad, soledad, frustración, trastornos en los ciclos del sueño y también angustia. De allí que se haya multiplicado la demanda de estos servicios.

Si a esto se suma la incertidumbre generalizada, la posibilidad de perder o transformar completamente su empleo, las víctimas fatales, situaciones de salud complejas, horarios sin previsibilidad que afectan directamente la dinámica de la familia y de cada persona trabajando desde el hogar, se percibe cómo se ha alterado casi totalmente la rutina, y, consecuentemente, la exigencia impostergable de adaptación sí o sí a nuevas condiciones.

Aquí, la flexibilidad cognitiva y la neuroplasticidad del cerebro ayudan a lograr este proceso de acondicionamiento a nuevos escenarios.

  • El desafío de las empresas

El teletrabajo, si bien llegó para quedarse, también aporta beneficios a las empresas. Uno de los más evidentes son los ahorros significativos en renta de oficinas, mantenimiento de edificios, el tipo de seguros a contratar y la posibilidad de una gestión online de la operación de la compañía.

Dentro de las contras, una que necesitamos poner de relieve es la falta de entrenamiento en “tele liderazgo”, es decir, conducir equipos a distancia.

Lo que se observa en la mayoría de las empresas es que han adaptado fórmulas antiguas de liderazgo tradicional al formato virtual. Sin embargo, son los mismos directivos de todos los niveles los que reconocen su frustración por no poder obtener los mismos resultados, aunque hayan pasado meses seguidos de trabajo a distancia. Definitivamente, hay una brecha de entrenamiento por cubrir, que va más allá de conectar emocionalmente con los equipos; sino que tiene que ver con procesos completamente diferentes para seguir funcionando de maneras nuevas, y que todos adopten la flamante cultura.

Otro aspecto en contra es el riesgo de perder empleados que busquen ofertas en cualquier lugar del mundo, sin necesidad de mudarse, como señala Adecco.

Para esto, cada compañía y, sobre todo, los profesionales de recursos humanos necesitan actualizarse para una gestión donde puedan sentarse en la mesa principal de la toma de decisiones, proponer transformaciones reales centradas en las personas y generar beneficios de otro tipo, que son los que las generaciones activas están demandando.

Aspectos para tener en cuenta son el salario emocional y el balance entre la vida personal y profesional, desdibujado en parte por un uso de lo virtual que suele llevar la jornada laboral a más horas de lo que se tenía en presencial: se calcula que en promedio se trabajan 2 horas más por día. Es que estando desde casa, los empleados no sólo trabajan, sino que deben ocuparse de otras tareas propias de la dinámica del hogar.

Otra desventaja y desafío al liderar es cómo lograr espíritu de equipo en personas que ya no están conectadas físicamente. Hay muchas tácticas y estrategias de facilitación que los líderes pueden implementar, para lo que se necesita entrenamiento, habilidad de escucha, motivación permanente, y la generación de comunicaciones relevantes y conversaciones valiosas individualmente y en grupo.

En este sentido, la organización, productividad con lineamientos claros, procesos definidos con el seguimiento de su cumplimiento, la claridad en la comunicación de ida y vuelta, y la humanización de la gestión diaria, son algunos de los ejes necesarios para trabajar desde las empresas, si se desea consolidar equipos remotos o híbridos, flexibles y adaptados a este nuevo tiempo.

Imagen: Shutterstock

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