El amor no correspondido entre Narciso y Eco

Muchas son las historias, mitos y leyendas inspirados en las aventuras de los dioses, héroes y personajes de la mitología griega. Sin embargo, son las historias de amor y desamor las más populares y preferidas por muchas personas. Uno de los mitos más conocidos refiere al relato del amor no correspondido entre Narciso y la ninfa Eco. ¡Aquí te lo contamos!

Hijo del dios del río Cefiso y de la ninfa Liríope, Narciso era un cazador de la antigua ciudad de Tespias conocido por su atractivo físico. El poeta Tzetzes describe al personaje en su libro de historia Quilíadas como: “Narciso, fue un joven cazador que amaba todo lo hermoso”.

Por su parte, la ninfa de montaña Eco fue criada por ninfas y educada por las musas. Es señalado por historiadores que ella se encargaba de entretener a la diosa Hera por órdenes de Zeus, mientras el dios visitaba a las hermosas ninfas…

El adivino Tiresias predijo en el nacimiento de Narciso que tendría larga vida si no se conocía a sí mismo – ‘Liríope lleva a Narciso ante Tiresias‘ – Imagen: Giulio Carpioni, pintor.-

Sin embargo, la esposa del rey de los dioses bajó del Olimpo con el objetivo de atrapar al dios… Eco, al tratar de proteger a Zeus, soportó la ira de Hera al enterarse de la verdad. La diosa condenó a la ninfa a no poder hablar por sí misma, sino a repetir las últimas palabras dichas por otra persona. El poeta romano Ovidio señala esta historia en uno de sus libros de Las metamorfosis:

“Cuando Hera se dio cuenta de esto, dijo: «Debería darte menos poder sobre esa lengua con la que me he dejado engañar y la capacidad más breve para hablar», y así lo hizo. Eco solo repite las últimas palabras de lo que es hablado”.

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El encuentro entre la ninfa y el apuesto cazador…

Después del castigo otorgado por la diosa Hera, Eco observó entre los bosques a un joven cazador del cual se enamoró perdidamente. Comenzó a seguirlo sigilosamente sin ser descubierta… En un momento, el apuesto cazador Narciso se separa de su fiel grupo de seguidores y pregunta: “¿Hay alguien aquí?”, a lo que Eco responde: “Aquí”… Citando nuevamente a Ovidio:

Alexandre Cabanel - Echo.jpg
Echo‘ (1874) – Imagen: Alexandre Cabanel, pintor.-

“Asombrado, grita con una voz más fuerte: «¡Acércate!», la ninfa repite. Narciso mira hacia atrás y nadie aparece, pregunta: «¿Por qué huyes de mí?», recibe nuevamente las mismas palabras que él dijo… El cazador responde: «Ven, vamos a conocernos», y nunca antes respondiendo a otro sonido con mayor gusto, Eco responde: «¡Conocernos!»”.

Acto seguido, Eco sale del bosque y abraza a Narciso con gran nostalgia alrededor del cuello. Él comienza a huir de ella repitiendo que se alejara con sus manos envolventes y que moriría antes de que lo suyo sea también de ella. El final de la ninfa, lo señala nuevamente Ovidio:

‘Eco y Narciso’ – Imagen: Louis-Jean-François Lagrenée, pintor.-

Despreciada, la ninfa deambula por el bosque escondiendo su rostro avergonzado entre las hojas. Viviendo en cuevas solitarias, su amor aún perdura incrementado por la tristeza del rechazo… la fuerza de su cuerpo se desvanece en el aire. Solo quedan sus huesos convertidos en piedra, y el sonido de su voz… Ella se esconde entre los bosques para no ser vista en las montañas, sino para ser escuchada por todos”.

Narciso se enamora de sí mismo…

El joven Narciso ya había despreciado a otras ninfas de ríos y montañas, al igual que la compañía de muchos hombres. La diosa de la venganza, Némesis notó el comportamiento del cazador y decidió otorgarle un castigo…

“En una fuente despejada con brillante agua cristalina… yace el apuesto joven cansado por el calor y el entusiasmo de la persecución, se acuesta en la fuente atraído por su mirada… Mientras bebe la visión de su reflejo lo atrapa… asombrado por su belleza se queda inmóvil con expresión fija a su reflejo”, cuenta Ovidio.

El deseo de Narciso por su persona lo llevó a cortejarse a sí mismo y a intentar besarse, abrazar su cuello y a engancharse en su mismo cuerpo reflejado en el agua de la fuente… Se levanta un poco y con brazos extendidos le pregunta al bosque: “¿Alguna vez alguien ha amado más cruelmente que yo?”.

Habló y se dirigió a su mismo reflejo mientras sus lágrimas agitaban el agua, la imagen se oscureció. Al verla desvanecerse lloró estableciendo: “¿A dónde vuelas? ¡Quédate, no abandones a quien te ama!”.

Incapaz de abandonar el encanto de su imagen mientras se disolvía en el agua, Narciso se dio cuenta que su amor no podía ser correspondido. Esto generó su desvanecimiento como resultado del fuego de la pasión que ardía en su interior y que culminaría en la eventual transformación en una flor.

Narciso‘ – Imagen: Caravaggio, pintor.-

Con información de: Mitos y leyendas / Ovid / Wikipedia / Foto: Wikimedia

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