La misteriosa desaparición de Madeleine McCann

La noche del 3 de mayo de 2007, Kate McCann llegó corriendo al bar ubicado dentro del resort Ocean Blue en Praia da Luz (Portugal): su hija Madeleine, de tan solo cuatro años de edad, había desaparecido de su cama en medio de la noche mientras ella y su esposo cenaban con sus amigos en el bar.

El grupo de amigos de inmediato comenzó a buscar a la pequeña por todo el lugar sin encontrar absolutamente nada, por lo que decidieron informar a la seguridad del resort y a la policía local; no obstante, Madeleine había desaparecido del lugar y todo era bastante sospechoso…

La búsqueda de la pequeña niña fue bastante incompetente desde el inicio, con negligencias cometidas por parte de la policía y, sorprendentemente, de la propia familia McCann que parecía estar saboteando la investigación.

Cronología de los hechos

  • El grupo de amigos llegó al restaurante para cenar a las 8:30 de la noche, como lo hacían cada día.
  • Alrededor de las 9:05 de la noche, Gerry McCann hizo el primer turno para ir a comprobar que los niños estuvieran bien.
  • Al llegar a la habitación, los tres dormían profundamente y, aunque en un principio nada parecía estar fuera de lugar, la puerta de la habitación estaba abierta de par en par. Esto era algo extraño, pero Gerry asumió que su esposa lo había hecho sin querer y la colocó de nuevo como debía estar: entreabierta. Adicionalmente se aseguró de que la puerta principal del apartamento y de que las ventanas estuvieran cerradas y luego volvió al bar.
  • Unos minutos después tocó el turno de Jane Tanner, uno de los amigos de la familia que estaba con ellos y cuyos hijos también se encontraban solos en uno de los apartamentos del resort.
  • Media hora más tarde, a las 9:30 de la noche, fue el momento de Matthew Oldfield —otro de los amigos— para ir a ver a sus pequeños. Según la declaración de Oldfield, cuando llegó al apartamento de los McCann notó que la puerta de la habitación de los niños estaba completamente abierta; no obstante, como no vio nada raro, la cerró, volvió al bar y no le comentó a nadie aquello.
  • Finalmente, llegó el turno de Kate McCann, pasadas de las 10:00 de la noche, y la pequeña Maddie ya no estaba en su habitación. Lo único que había en su cama era su manta y su peluche favorito, al que llamaba «cuddle cat».
Fachada del resort Ocean Blue en Praia da Luz (Portugal).- Imagen: Shutterstock

¿La investigación fue «saboteada» desde el principio?

La búsqueda de la pequeña niña fue bastante incompetente desde el inicio, con negligencias cometidas por parte de la policía y, sorprendentemente, de la propia familia McCann que parecía estar saboteando la investigación.

El primer error cometido por las fuerzas del orden fue que en ningún momento dieron la orden de revisar el resto del complejo vacacional y tampoco de cerrar las fronteras de la ciudad hasta pasadas 10 horas de la desaparición; por otro lado la escena del crimen tampoco fue asegurada, por lo que todas las pistas que pudieran haber habido en la habitación fueron contaminadas.

No obstante, ni siquiera estos graves errores de la policía se comparan a los que cometieron los padres mientras se desarrollaba la investigación… de hecho, las acciones que tomaron fueron tan sospechosas que muchas personas, incluyendo a miembros de la policía, aseguran que fueron los mismos padres quienes asesinaron a Madeleine y luego fingieron su desaparición.

Lo más sorprendente de este caso sin resolver es que hay «pruebas reales» —como rastros de sangre y de ADN en lugares del apartamento, el auto de sus padres y sus objetos personales— de que la pequeña McCann murió y que su cuerpo…

Por ejemplo, casi un mes después de la desaparición de Maddie la policía británica se vio obligada a intervenir, puesto que la situación era cada vez más desesperante al no tener ni rastro de la pequeña. Los cuerpos de seguridad ingleses llevaron a Portugal dos perros , llamados Keela y Eddie, que estaban entrenados: Keela detectaba rastros de sangre y Eddie el olor a cadáver humano; juntos, este equipo de canes había resuelto más de 200 crímenes junto al departamento de policía de South Yorkshire (Inglaterra).

Aunque nadie lo esperaba, tanto Keela como Eddie dieron la alarma cuando registraron el apartamento de los McCann dentro del complejo vacacional, específicamente detrás del sofá y cerca del armario del dormitorio de los niños. Sin embargo… esto no fue lo más extraño.

Al registrar el nuevo apartamento que la familia había alquilado cerca del resort y el automóvil Renault Scenic que los McCann habían rentado después de la desaparición de su hija, ambos canes lanzaron la señal de alarma.

Eddie comenzó a ladrar cuando olfateó el «Cuddle Cat» de Madeleine, que estaba en el piso de la sala del apartamento, al registrar varias prendas de ropa de la niña y al oler la puerta delantera del nuevo automóvil. Por su parte, Keela avisó tanto en el maletero como en la guantera, que contenía mapas de la ciudad y las llaves del auto.

Si Madeleine había secuestrada en el resort, ¿cómo era posible que estos olores a cadáver y a sangre estuvieran en el auto y en el apartamento que habían alquilado después de la desaparición? Además, ¿por qué había olor a cadáver en el peluche de la pequeña?

A partir de aquel momento el matrimonio McCann se convirtió en sospechoso número uno del crimen. No obstante, aquello no era lo único por lo que había que preocuparse con respecto a ellos… Tanto Kate como Gerry habían actuado muy extraño desde el momento en que llamaron a la policía, y no era algo que se le pudiera atribuir a los nervios.

Por ejemplo, cuando la policía solicitó la descripción exacta de Maddie y una foto reciente de ella, que no tuviera más de seis meses de antigüedad, los McCann fueron completamente imprecisos y, además, la única foto que les dieron era de cuando Madeleine tenía dos años… Aquello por supuesto entorpeció terriblemente la investigación, pues un niño cambia demasiado en dos años.

Además de esto, los McCann mintieron en sus declaraciones: tanto Kate como Gerry repitieron varias veces a la policía y la prensa, que la ventana de la habitación de Maddie estaba forzada y que el secuestrador había entrado por ahí al apartamento.

Sin embargo, esto era completamente falso: las ventana nunca fue forzada; de hecho, estaba con seguro. Cuando la policía informó esto al matrimonio, esposos cambiaron su testimonio, «recordando» que habían dejado abierta la puerta de la terraza del apartamento y que seguro «por ahí había entrado el criminal»; aún cuando en sus primeras declaraciones Gerry aseguró que él mismo había cerrado la puerta de la terraza.

Adicional a esto Kate McCann se negó a contestar 48 preguntas de la policía, todas relacionadas con su hija y la noche de la desaparición… por lo que pasó a ser la principal sospechosa de este crimen que cambió su categoría de secuestro a asesinato.

Maddie, la verdad de la mentira: el libro de Gonçalo Amaral

En el año 2008 Gonçalo Amaral, jefe de la policía regional Judiciária de Portugal y quien era el encargado de llevar el caso McCann, renunció a su puesto y lanzó un libro que lo hizo mundialmente famoso: Maddie, la verdad de la mentira.

En esta obra el inspector explica detalladamente el por qué él cree que efectivamente los padres de Madeleine fueron los culpables de su muerte. Amaral cuenta que, según lo que él investigó, Kate —quien era médico anestesióloga— le suministró a sus tres hijos una droga para dormir y así poder irse con sus amigos sin correr el riesgo que los pequeños despertaran. Sin embargo… la dosis que le dio a Maddie fue accidentalmente letal.

Algo que puede sustentar esta teoría es que Sean y Amelie McCann, los dos gemelos del matrimonio, que eran más pequeños que Maddie, no se despertaron durante esa noche sin importar el ruido de la policía dentro de su propia habitación… algo que es extraño si tomamos en cuenta que los niños de dos años tienen el sueño extremadamente ligero.

Amaral asegura que el asesinato accidental ocurrió la noche anterior a la que sus padres llamaron a la policía; y que inventaron la historia del secuestro para taparlo.

A pesar de que la teoría de Amaral tiene sentido, lo cierto es que aún hoy este caso sigue abierto y nunca se han encontrado pruebas suficientes para culpar a nadie y se maneja también la teoría de que pudo haber sido vendida para trata de blancas.

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