El origen del ruido: Una fábula zen de apariencias

¿Alguna vez has escuchado decir a alguien: «No juzgues a un libro por su portada»? A pesar de conocer su significado, es un error común de los seres humanos dejarnos guiar por las apariencias. La fábula zen del origen del ruido nos enseña que hay mucho más de lo que se muestra a simple vista…

Uno de los errores más comunes de los seres humanos es dejarnos guiar por lo que vemos a simple vista, sin tener conocimiento alguno del objeto o la persona que estamos observando…

De igual manera, es común que los comentarios de terceros influyan en nuestras opiniones antes de experimentar una situación o conocer a una persona.

El origen del ruido es una antigua fábula zen que se debe tener presente cuando sintamos que nos estamos dejando guiar por las apariencias, o cuando estamos juzgando a simple vista o prestando atención a comentarios, sin antes experimentar por cuenta propia.

Presta atención a esta interesante historia:

Tiempo atrás existió un gran maestro, el cual se hizo célebre por su enorme sabiduría. Aprendices de todas partes iban en busca de aprender de sus conocimientos.

Quienes se convertían en sus discípulos decían que alcanzaban una gran evolución con sus enseñanzas. Cuenta la fábula zen que eran tantos los que querían estar a su lado, que el maestro tuvo que volverse muy selectivo, pues no daba abasto.

Buddha Statue Culture Faith Heritage Meditation Concept

No obstante, con el paso del tiempo el maestro comenzó a cambiar su actitud… Rumores que no hablaban muy bien de él comenzaron a circular, pues decían que ahora era antipático y descortés con sus aprendices; lo que le creó una mala fama…

A medida que transcurría el tiempo, el maestro se fue quedando sin discípulos. En menos de un año, dejaron de llegar nuevos aprendices. Finalmente, el sabio maestro se quedó solo, encerrado en su casa y cuidando sus jardines con esmero.

El joven monje

Un joven monje sentía gran curiosidad por los rumores que se esparcían sobre el maestro zen, le parecía imposible que un hombre tan sabio hubiese cambiado tanto su actitud en tan poco tiempo.

El joven aprendiz tenía presente los grandes dotes de conocimiento que poseía el maestro, es por esto que decidió comprobar por sí mismo los rumores, a pesar de que otros monjes le insistieron para que no fuera a buscarlo, pues afirmaban que se había vuelto agresivo…

Una vez en casa del maestro, el joven tocó la puerta, pero no tuvo respuesta. Sin embargo, decidió esperar, porque logró asomarse en el aposento y vio al maestro meditando.

A la mañana siguiente, el sabio maestro abrió la puerta y en un tono despectivo le invitó a pasar a sentarse en una de sus sillas.

Stack of zen rocks in garden

El origen del ruido…

“¡Siéntate como un ser digno, no como un estúpido!”, dijo el maestro. El joven inmediatamente enderezó la espalda y tomó una posición erguida.

“¿Quieres té?”, le preguntó el maestro al joven monje, quien asintió. Inmediato a su respuesta, el maestro tomó una taza, sirvió el té y luego se lo arrojó en la cara al monje…

“¿Es esta la manera de tratar a una visita?”, preguntó el joven. El maestro respondió: “Me pediste té y eso te di”. Luego cerró los ojos y entró en meditación. Al verlo, el aprendiz hizo lo mismo. Curiosamente, le embargó una sensación de completa paz.

Una vez el maestro se incorporó, le dio una bofetada al monje -quien quedó petrificado- y le preguntó: “¿Cuál es el origen del ruido: mi mano o tu mejilla?”. El joven guardó silencio…

Finalmente, el joven monje contestó: “El origen del ruido está en mi mente”…

Comprendió que el ruido no era solo el sonido que salía del golpe, sino todos los sentimientos negativos que surgían en su interior.

El maestro sonrió y expresó: “Eres el discípulo que estaba esperando hace tiempo”.

Con sus acciones, el sabio maestro da a entender que los sentimientos negativos que guardamos en nuestro interior ocasionan mayor ruido que un mismo golpe. El poder está en la mente y al no controlarla, los sentimientos y/o emociones toman control de nuestro ser.

Además, se demuestra que lo que demostramos o expresamos en público no siempre es nuestro verdadero ser.

Con información de: La Mente es Maravillosa | Cambio digital | Macronews / Foto: Shutterstock

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