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Disney se 'humaniza'

Disney se ‘humaniza’

Por Paula M. Gonzálvez (@pmgonzalvez) |

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Siempre ha quedado claro que el mundo de Disney era un lugar de acogida para niños y mayores. Adultos que se han visto obligados a acompañar a sus hijos en el visionado de las películas y, esos otros medrados de los que Disney forma parte de su infancia, y cuyas películas, por infantiles que puedan hacerles parecer, les hacen retroceder en el tiempo a una época en la que el cine podía hacerles soñar con una vida enmarcada en la fantasía, sin que eso resultara inverosímil. Porque sentirse ‘como en un cuento de hadas’ era y es posible gracias al séptimo arte.

Príncipes azules, calabazas convertidas en lujosas carrozas en las que lucir zapatos de cristal o, sirenas que persiguen ansiosamente poner ‘los pies en la tierra’. Todo era posible cuando, siendo niños, no distinguíamos entre dibujos y humanos. Quizás por eso, para demostrar la magia del cine y de la infancia interiorizada hasta alcanzar la inmortalidad, Disney exporta sus clásicos de nuevo a las salas, en las que la sufridora Cenicienta (2015) ya lució de carne y hueso. Sin embargo, la productora no deja de hacer negocio, ya sea con dibujos o merchandising, algo que tampoco puede dejar de guardar una intrínseca relación con las nuevas adaptaciones. ¿Cómo hacer que el público tome en serio una película que, aunque nos obligue a respetar las dosis de fantasía por su propio origen, conserva a ratones que hablan o lobos que cuidan de humanos recién nacidos? Quizás la respuesta pueda encontrarse en la producción de Alicia en el País de las Maravillas (2010): Tim Burton. Dota de carácter de autor a una cinta y logrará tocar el cielo. O, en su defecto, llena su casting de reconocidos triunfadores. Esta última opción se puede ejemplarizar con la ‘Maléfica’ (2014) Angelina Jolie, que no fue la única culpable de hacer famosa la producción de la ‘hada de los cuervos’, ya que se vio apoyada por la contraposición de los rasgos más característicos de la crueldad de la antagonista y, a la vez, su humanización, con la que se mostró una parte desconocida del cuento de La Bella Durmiente.

Precisamente la gloria del éxito surrealista, Tim Burton, se hará cargo de la adaptación de Dumbo (2017), una película difícil de imaginar sin la animación de por medio, a menos que las manos del cineasta estén involucradas. Cuentos que encierran, en el mayor de los casos, deprimentes significados que consiguen una felicidad pasmosa en los infantes: príncipes azules frente a terribles madrastras que destrozan sueños, la lejanía del hogar que empuja a una vida pavorosa, la hija rebelde que hace cara al padre y sale escaldada, la discriminación del diferente, el mal final de la ambición… Pero en 2016, los cuentos que encierran una ‘subliminal’ moraleja, han logrado renovarse con savia, no tan nueva, pero si joven y vital. De hecho, el director de las dos últimas películas de la saga Crepúsculo, Bill Condon, será el encargado de acercar a los adultos el cuento de La Bella y la Bestia (2017), protagonizado por Emma Watson (protagonista de Harry Potter), que mostraba al enterarse el mismo entusiasmo que la soñadora de Disney a la que encarnará. De esta forma, las sagas adolescentes más famosas de los últimos años quedarán representadas por director y actriz bajo un título del legendario de la animación.

También El libro de la Selva (2016) será llevado a la gran pantalla de nuevo, y se estrenará en breve, tratándose quizás del proyecto más difícil que la fábrica de sueños encara, por la complicada asociación de elenco de actores humanos y personajes: Bill Murray será Baloo, Idris Elba dará vida al tigre Shere Khan, y Scarlett Johansson se convertirá en la serpiente Kaa. Sin duda, ya empieza a dibujarse, aunque sea en la imaginación y de una forma abstracta, una superproducción que, con seguridad, traspasará muchas fronteras. Blancanieves y la Leyenda del Cazador (2012) o Cenicienta son algunos de los taquillazos de elenco humano que Disney ya lleva en su historia, a los que podrían añadirse otros que suenan como Mulan o Pocahontas, que sin duda serían las que más público en potencia reunirían, por el contenido realista de las cintas unido al de la retrospectiva de la infancia. Y es que Disney ha conseguido acabar con el mito de que todo remake es peor que su antecesor, con una regla simple y efectiva: dirigirlo, también, a un público diferente, que cuenta con el desconocimiento del clásico o con la añoranza del mismo, apoyándose en los efectos digitales que la época les ofrece y en una visión nueva de la historia que conserva con fidelidad la esencia de su origen. En todo caso, un incentivo para las nuevas adaptaciones, que podrán hacernos participes de qué parte hubo de sustantividad en aquel ‘fueron felices y comieron perdices’.

Foto: Avellanas Shutterstock

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