El peso de la nostalgia y el miedo a arruinar la perfección
Entrar a los pasillos de Pixar para trabajar en una franquicia mítica es un sueño hecho realidad, pero también una fuente inmensa de dudas. Cuando te enfrentas a una saga cinematográfica que ha alcanzado niveles de perfección técnica y narrativa tan altos en sus entregas anteriores, el primer paso en el tablero de dibujo requiere de una enorme fortaleza mental. Los animadores no solo compiten contra las limitaciones del software moderno, sino también contra los recuerdos de los espectadores que guardan un cariño sagrado por estos personajes desde hace tres décadas.
Ricardo Pacheco, quien se desempeña en los estudios como Character Shading Technical Director desde el año 2015, fue el encargado de cuidar la apariencia tridimensional de figuras centrales de la historia como el mismísimo Buzz Lightyear. El experto de origen mexicano nos confesó con total honestidad que la vulnerabilidad y la presión son parte del proceso creativo diario, especialmente al momento de modificar a un héroe de la infancia:
«Para mí genera un poquito de ansiedad, pero ya una vez que empiezo el trabajo siento como que, como cuando haces una pintura y te sientes como que estás en un estado de flow. Entonces uno al principio cuando piensa en eso y dice ‘ay, no quiero arruinar el personaje que ya está perfecto en la película dos y tres’, este… o sea, tocarlo yo ya después y empezar a trabajar en él es decir ‘okay, sé lo que estoy haciendo, sé que tengo un buen equipo y sé que voy a hacer un buen trabajo’. Entonces al principio sí da un poquito de nervios, pero ya después se siente bien cuando uno termina el trabajo».
Esa dualidad entre el pánico escénico y la adrenalina por innovar es una constante en las oficinas de California. Carlos Felipe León, el talentoso Lighting Art Director nacido en Bogotá, Colombia, se unió a las filas de la compañía en 2017 con el firme propósito de diseñar atmósferas únicas. Para él, la clave del éxito en esta quinta entrega consistió en aprender a abrazar el pasado cinematográfico mientras se proponía un lenguaje estético fresco, disruptivo y adaptado a las nuevas sensibilidades artísticas:
«Comparto ese sentimiento que tiene Ricky de que al principio, cuando uno va a trabajar en una película de Toy Story, por la admiración que uno tiene por las películas anteriores, eh… da emoción y da nervios al mismo tiempo porque uno quiere hacer un buen trabajo. Pero yo creo que eso es un reto muy estimulante de tratar de encontrar un ángulo interesante para esta nueva película, de mirar a ver qué se puede aportar y cómo se le puede dar un estilo o una identidad visual particular a esta película y al mismo tiempo honrar todo el legado de las películas anteriores. Eso es difícil de hacer, pero es, me parece, un reto creativo muy interesante y como dice Ricky, uno teniendo el apoyo de todo el equipo no es marcha, se siente bien porque todos estamos construyendo algo y es genial contar con ese apoyo, sí».
Fotorrealismo emocional y las alucinantes secuencias de la imaginación de Bonnie
La trama de Toy Story 5 explora un escenario sumamente actual que ha encendido intensos debates en las redes sociales: la dura competencia entre los juguetes tradicionales de plástico y la adicción de las nuevas generaciones a las pantallas de los dispositivos móviles. Para que la audiencia pueda sumergirse por completo en este dilema contemporáneo, el departamento de iluminación tuvo que transformar las reglas físicas del entorno de los juguetes, llevando el concepto del fotorrealismo hacia un plano donde la luz funciona como un narrador psicológico de las escenas.
Carlos Felipe León asumió la titánica tarea de definir la paleta cromática de la película. Según explica el director de arte colombiano, el objetivo primordial no era simplemente lograr que los materiales lucieran idénticos a los objetos del mundo real, sino manipular la iluminación cinematográfica para acentuar el peso dramático del abandono, la fascinación digital y la magia del juego en la habitación:
«Toy Story se presta mucho para hacer una interpretación fotorrealista de la película porque la premisa es que los juguetes están vivos cuando nosotros no estamos mirando, y para poder vender esa premisa en esta película seguimos construyendo, o sea, cada película de Toy Story ha traído innovaciones nuevas y en esta estamos construyendo sobre lo ya construido, sí. Pero para lograr ese realismo trabajamos mucho más a fondo con los efectos de los lentes de las cámaras entonces miramos a ver cuáles son los efectos ópticos que tiene una imagen cuando es capturada por una cámara en particular, entonces estaba eso por un lado y por el otro lado, aunque la luz y los materiales tienen un comportamiento realista, la escogencia o las decisiones que tomamos acerca de cómo iluminar las escenas y qué colores escoger las hicimos desde un punto de vista mucho más emocional que antes. Entonces por eso la película está un poco más estilizada que las anteriores o que algunas de las anteriores en términos de luces y colores».
Más allá de la estética fotorrealista que caracteriza a la franquicia desde sus orígenes, esta secuela introduce un elemento visual que romperá por completo los esquemas tradicionales de Pixar: la representación directa de la mente de los niños. El largometraje incluye segmentos especiales diseñados para ilustrar la desbordante imaginación de Bonnie mientras juega, un paso creativo audaz que obligó a los realizadores a inventar un universo visual completamente independiente y estilizado fuera de los cánones de la realidad.
«También hay un par de secuencias que van a ver en la película, que están estilizadas de una manera muy particular, que ilustran la imaginación de Bonnie, y esas son secuencias para las cuales desarrollamos un estilo visual completamente diferente, entonces definitivamente hubo mucho espacio para innovar y al final quedé muy contento como quedó».
Esta audacia en la dirección artística representó un verdadero dolor de cabeza tecnológico para los ingenieros y encargados de sombreado. Cuando un director de arte imagina texturas que no responden a las leyes físicas de nuestro planeta, el software comercial de animación se vuelve obsoleto. Ricardo Pacheco describe detalladamente cómo su departamento tuvo que reescribir las reglas técnicas y crear herramientas digitales inexistentes en la industria para poder plasmar en la pantalla las complejas visiones abstractas de León:
«Carlos es como el director visual, él es el cerebro y dice ‘mira, yo quiero que se vea así’, yo desde mi computadora lo que tengo que decir es ‘okay, ya sé lo que quiere Carlos, ¿cómo lo puedo plasmar con las limitantes que tengo?’. Si Toy Story se ve así en 3D, pero ahora Carlos quiere algo nuevo, como en las secuencias de Bonnie que van a ver que se ven muy diferentes, ¿cómo vamos a tratar los materiales? O sea, es… nunca habíamos tratado así los materiales y la tecnología no está hecha para hacer materiales así, entonces es nuestro reto. No lo hice yo solo, en esa secuencia específicamente que menciona Carlos fue un equipo muy grande para tratar de resolver esos retos, que al final se ve muy bonita. Y yo trabajé en parte en eso, en ciertos personajes como un dinosaurio por ahí que ustedes conocen…».
Desmitificando a Pixar: la dura realidad del trabajo de animación
Para los miles de jóvenes creativos en América Latina que sueñan con ver sus nombres impresos en los créditos de grandes producciones cinematográficas internacionales, la trayectoria de Carlos Felipe León y Ricardo Pacheco representa un faro de inspiración absoluta. Sin embargo, la percepción que el público general tiene sobre el día a día dentro de los estudios de animación suele estar bastante distorsionada por el marketing corporativo y los videos promocionales de internet. Los artistas prefieren hablar con honestidad brutal para preparar a las futuras generaciones ante las verdaderas exigencias de la industria.
Carlos Felipe León reflexiona sobre la inmensa carga emocional que implica dedicarse a cualquier manifestación artística masiva. Cuando un creador pasa meses moldeando una secuencia, la delgada línea que separa la vida personal del desempeño profesional tiende a borrarse, provocando crisis de autocrítica que solo se superan cuando se recupera el amor puro por el oficio técnico:
«Yo creo que el camino en cualquier disciplina creativa es difícil por lo que es muy emocional. Nosotros ponemos mucho de nosotros mismos eh… en nuestra labor, ya sea fotografía, pintura, diseño gráfico, lo que sea, entonces pues eh… indudablemente nos vemos implicados emocionalmente en el resultado de las cosas. Entonces cuando las cosas funcionan bien nos sentimos genial, y cuando funcionan mal pues uno se siente muy mal porque es casi un juicio no solo acerca del trabajo, sino acerca de nosotros mismos. Yo lo que diría es que es importante saber que es normal que las cosas sean difíciles y que hay muchos altibajos, pero al mismo tiempo yo recomendaría que uno se concentre la razón por la cual uno se puso a hacer esto en primer lugar, que es el amor por la disciplina como tal: la pintura, la escultura, el diseño, lo que sea».
El camino hacia la madurez artística dentro de los grandes estudios de Hollywood requiere aprender a silenciar el ruido exterior y los implacables juicios del público en los foros de internet. León confiesa que su propia evolución profesional despegó de manera definitiva en el momento exacto en que logró desconectarse del miedo al fracaso comercial:
«Muchas veces uno está como muy preocupado por la manera como está percibido ese trabajo por otras personas, pero yo creo que poder deshacerse de eso y simplemente hacerlo por el amor a la disciplina es una cosa que a mí me ha ayudado, que me tomó mucho tiempo descubrirlo, sí. Pero cuando yo me pude liberar un poco del juicio que otra gente podía aportar sobre mis cosas y muchas veces de mi autocrítica que era demasiado fuerte, logré disfrutar mucho más de las cosas y, sobre todo, encontrar mi voz como artista, y eso es lo que es más valioso incluso cuando uno trabaja en equipo. Entonces yo creo que no perder de vista el amor que uno tiene por la disciplina, por el trabajo como tal».
Por su parte, Ricardo Pacheco se encarga de desmantelar la famosa fantasía de las oficinas de Silicon Valley llenas de juegos y diversión perpetua. Detrás de las coloridas áreas de esparcimiento se esconde un régimen de entrenamiento artístico implacable, donde el dominio técnico de los fundamentos tradicionales de las bellas artes sigue siendo el pilar fundamental que sostiene a las herramientas digitales de última generación:
«Sí, o sea, dices o hablas de un mito que desmentir, está un poco relacionado con lo que dice Carlos. Yo había visto algunos documentales sobre Pixar y yo decía ‘wow, la gente se ve bien contenta jugando ping pong ahí siempre y jugando fútbol’, y es cierto que la gente juega ping pong y que juega fútbol ahí pero también es un trabajo difícil como cualquier trabajo de calidad se requiere de mucho empeño y dedicación y concentración. Y lo que hablaba Carlos es enfocarse en los fundamentos como de pintura de dibujo, y yo recuerdo que es algo que tuve que practicar mucho… la pintura y el dibujo, y a pesar que no es lo que hago todos los días en Pixar».
El especialista en sombreado concluye con un mensaje cargado de optimismo y resiliencia para todos aquellos jóvenes que dudan de sus capacidades iniciales al comenzar sus estudios en artes visuales o ingeniería de software. Para Pacheco, el talento en la industria del entretenimiento no es un don innato con el que se nace, sino el resultado directo de la disciplina y la constancia diaria en el taller:
«Quizás el mito que estoy desmintiendo es que está bien fácil y que te diviertes todo el día, sino que es un trabajo que sí requiere de mucha concentración, y yo en ciertos puntos decía ‘¿por qué no puedo dibujar bien?, ¿por qué no puedo hacer esto bien?’. Yo diría que todos pueden lograr un nivel alto porque yo en un punto siento que no lo tenía, pero con dedicación se puede lograr, entonces se diría: sí se puede».
El Easter Egg que no verás en las salas de cine
Una de las tradiciones más divertidas para los fanáticos de los proyectos de animación digital consiste en rastrear meticulosamente cada rincón de la pantalla en busca de los famosos huevos de pascua o referencias ocultas que rinden homenaje a producciones clásicas de los estudios o a elementos culturales específicos. Cuando les preguntamos sobre la posibilidad de haber escondido algún sutil guiño que celebrara las vibrantes culturas de México o Colombia en los fondos de las escenas de esta secuela, los creadores soltaron una carcajada y desvelaron una hilarante anécdota que demuestra los estrictos límites que imponen los directores a las propuestas de su equipo.
Aunque el largometraje final está repleto de detalles secretos destinados a recompensar la atención de los cinéfilos más obsesivos, los intentos de los animadores hispanos por dejar una marca folclórica directa en los protagonistas principales tuvieron que quedarse lamentablemente en las computadoras de desarrollo.
«Yo traté de hacer que Woody bailara salsa pero me dijeron que no».- Carlos Felipe León, Lighting Art Director de Pixar.
A pesar de que el carismático vaquero de la saga no lucirá sus mejores pasos caribeños en la pista de baile, la verdadera huella de Latinoamérica en la cinta no radica en un objeto escondido en el fondo de una habitación, sino en la mirada artística, el manejo magistral de la luz y la dedicación técnica que estos dos profesionales imprimieron en cada uno de los fotogramas de Toy Story 5. Su trabajo asegura que la magia de los juguetes continúe viéndose más viva, humana y real que nunca para las generaciones venideras.
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