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'The Furious': El regreso del cine de acción real y brutal que ya es un clásico instantáneo (+entrevista)

‘The Furious’: El regreso del cine de acción real y brutal que ya es un clásico instantáneo (+entrevista)

El cine de acción está experimentando una sacudida visceral gracias a una producción que redefine el concepto de adrenalina en la gran pantalla. Si estabas buscando una experiencia cinematográfica que te mantenga al borde del asiento desde el primer segundo hasta los créditos finales, acabas de encontrar tu próxima obsesión.

El fenómeno de la adrenalina pura que desafía tus sentidos

El esperado estreno de The Furious marca un antes y un después en las carteleras. Bajo la dirección del aclamado especialista Kenji Tanigaki y con un guion coescrito por Mak Tin Shu, Lei Zhilong, Shum Kwan Sin y Frank Hui, esta cinta se sumerge en los terrenos más oscuros del suspenso y las artes marciales combinadas con una narrativa de supervivencia urbana. Con una clasificación R debido a su violencia sangrienta intensa y un lenguaje fuerte, la película deja claro desde su primer plano que no ha venido a jugar bajo las reglas tradicionales del cine comercial de Hollywood, sino a proponer una experiencia física e inmersiva inigualable.

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La historia sigue los pasos de Wang Wei, interpretado con una fuerza descomunal por el experto en artes marciales Xie Miao. Cuando la pequeña hija de Wei es secuestrada por una red criminal implacable y las autoridades de una policía completamente corrupta deciden mirar hacia otro lado, este padre desesperado se ve obligado a emprender una búsqueda destructiva por su cuenta. En su camino lleno de cadáveres y huesos rotos, su único aliado resulta ser Navin, personaje encarnado por el imponente Joe Taslim, un periodista incansable cuya propia esposa ha desaparecido misteriosamente bajo circunstancias similares. Impulsados por una feroz sed de venganza y justicia por mano propia, este dúo dinámico e improbable se enfrenta sin un rastro de piedad a los captores en un explosivo entramado de combates cuerpo a cuerpo.

Producida por gigantes de la industria como Bill Kong, Shan Tam y Frank Hui, esta obra de Lionsgate en asociación con Edko Films, Zhejiang Hengdian Film y XYZ Films con una duración exacta de 114 minutos se posiciona como el estreno obligatorio de la temporada para los amantes de las coreografías brutales y las tramas de venganza al mejor estilo de clásicos modernos como The Raid o John Wick, pero con una identidad asiática sumamente marcada y un ritmo cardíaco que no da tregua.

El arte de cansar al espectador de la manera correcta

Uno de los aspectos más impresionantes de este despliegue de violencia estética es la asombrosa dosificación de la energía en el montaje. En una reciente conversación exclusiva que tuvimos con el respetado director de acción de la película, Kensuke Sonomura, se nos reveló el secreto detrás de esta estructura rítmica tan particular que asfixia gratamente a la audiencia. Al ser consultado sobre el plan maestro para que el público experimentara este viaje sin respiro, el realizador fue completamente honesto y directo con su visión.

«Nuestro tema para esta película esta vez era cansar a las audiencias. Pero, de nuevo, creo que hay un cansancio bueno y un cansancio malo. El cansancio malo es cuando tienes escenas de acción largas y aburridas, y un cansancio bueno es como decir: ‘Oh, valió la pena ver eso’. Así que nos enfocamos con mucha fuerza para convertirlo en un cansancio bueno».

Esta declaración de intenciones por parte de Kensuke Sonomura se traduce a la perfección en la pantalla. Cada secuencia de combate está diseñada no como un mero espectáculo visual vacío, sino como una acumulación de tensión que se traslada directamente a los músculos del espectador. No se trata de coreografías estilizadas donde los personajes parecen bailar de forma artificial; aquí cada impacto duele, cada caída se siente real y la fatiga física de los protagonistas se contagia de una forma casi extrasensorial a quienes están sentados en la sala oscura del cine.

Menos efectos digitales y más realismo humano para el futuro

Al analizar cómo este largometraje empuja los límites del género de acción, el director de coreografías reflexionó sobre los desafíos de mantener la frescura visual y conceptual en el panorama cinematográfico actual.

«Para mantener el impulso del género y hacer que todo fuera refrescante, es muy difícil a medida que envejeces, y yo mismo también. Cada vez que veo una película nueva, siento que no es tan fresca. Pero para esta película en particular, pensamos en una película de acción para dentro de diez años, mirando hacia el futuro. Por ejemplo, digamos que si usas demasiado los gráficos por computadora, creo que en diez años se verá un poco barato o un poco de baja tecnología, porque toda la tecnología cambia con el tiempo. Así que no diría que es como un clásico, sino un poco más cercano a un clásico. Nos enfocamos en el movimiento de humano contra humano para esta película».

Este enfoque purista y artesanal es precisamente lo que eleva el estatus de la cinta. Al prescindir de las pantallas verdes exageradas y los dobles digitales, las secuencias adquieren una cualidad atemporal. El peso de los cuerpos, la gravedad real y los riesgos físicos reales de los especialistas se convierten en el verdadero motor de los 114 minutos de metraje. Es un recordatorio contundente de que ninguna tecnología puede suplantar la espectacularidad de dos atletas marciales de primer nivel entregando su cuerpo y alma en una toma larga perfectamente coordinada.

La emoción detrás de cada golpe y la psicología de la violencia

La genialidad de las escenas de riesgo en este proyecto no radica únicamente en su complejidad técnica, sino en su profunda carga dramática. A diferencia de otros productos del género donde las peleas ocurren de manera mecánica, aquí cada enfrentamiento funciona como una extensión del arco de los personajes y sus estados mentales. La furia de un padre que busca desesperadamente a su hija secuestrada no se expresa con diálogos melodramáticos, sino a través de la brutalidad de sus puños.

Al profundizar en cómo se diseñaron los movimientos para transmitir esa ira incontrolable y la necesidad imperiosa de rescate de Wei, Kensuke Sonomura desglosó el meticuloso trabajo escena por escena que realizaron para evitar la monotonía visual.

«Por ejemplo, creo que hay una parte en la que él simplemente sigue usando un martillo para golpear a una persona de manera muy simple y repetida. Creo que no hacer variaciones en el movimiento muestra mucho las emociones. Y también, ¿cómo digo esto?, diría que al coreografiar, tratamos de enfocarnos en diferenciar en lugar de pensar: ‘Oh, ya hice esto, vayamos a esto otro que es más complejo después’. Así que, escena por escena, pensamos cosas como: ‘Está bien, en esta escena vamos a seguir haciendo esto’. En esta escena visualmente vamos a dispersar a todos para que se vea más emocional. Así que diría que para transmitir las emociones, estábamos pensando muy detalladamente escena por escena, y si sería un movimiento simple o un movimiento más diverso».

El uso de la repetición en el combate, como ese instante desgarrador con el martillo que evoca inmediatamente a la emblemática película coreana Oldboy, es un testimonio de cómo el minimalismo puede ser mucho más perturbador y expresivo que una pirueta aérea exagerada. La simplicidad del ataque refuerza la idea de un hombre que ha perdido la razón por el dolor y que no está ejecutando un arte marcial refinado, sino descargando un trauma puro y una desesperación absoluta sobre sus enemigos.

Un elenco de leyendas marciales y la belleza de la imperfección

Para lograr este nivel de crudeza y autenticidad, la producción reclutó a una verdadera constelación de estrellas y expertos en disciplinas de combate globales. El reparto secundario incluye nombres pesados de la industria de la acción internacional como Yang Enyou, Brian Le, Joey Iwanaga, Sahajak Boonthanakit, Manatsanun Phanlerdwongsakul, Guo Junqing y Winai Wiangyangkung. Además, la película cuenta con las participaciones especiales de auténticos mitos vivientes del cine de culto como Yayan Ruhian, recordado por su escalofriante papel en la saga indonesia The Raid, y la espectacular Jija Yanin, la heroína tailandesa que deslumbró al mundo en Chocolate.

Reunir a tantos talentos con trasfondos marciales tan diversos y estilos tan marcados representó un reto logístico y artístico inmenso para el equipo de dirección coreográfica. Sin embargo, en lugar de intentar homogeneizar los estilos para buscar una sincronía perfecta y robótica, la dirección optó por abrazar las particularidades de cada uno, transformando las diferencias individuales en la mayor fortaleza de la película.

«Diría que, en general, a todo el elenco nos gustaba la acción, así que ese era el idioma universal. Y sabía que todos eran diferentes, pero quería usar esa diferenciación. No quería la perfección en todos. Así que diría que cada uno tenía un ritmo, su propio ritmo de artes marciales, pero yo utilicé un ritmo descentrado, fuera de balance. Diría que eso hace que la acción sea más cruda, mucho más humana. Y esta experiencia general creo que fue grandiosa, porque pudimos transmitir eso en la película: lo crudo que es cada uno».

Este concepto del ritmo fuera de balance es lo que otorga a los combates colectivos una atmósfera caótica y realista. En las peleas reales de la vida cotidiana o en los enfrentamientos callejeros, los combatientes cometen errores, pierden el equilibrio, fallan golpes y se cansan. Al permitir que estos atletas de élite utilicen su lenguaje corporal nativo y sus sutiles imperfecciones, las secuencias abandonan la limpieza artificial del cine de acción hollywoodense contemporáneo para abrazar el realismo sucio y magnético del cine de explotación de los años setenta y ochenta.

Por qué este estreno cambiará tu forma de ver el cine de acción

The Furious no es simplemente una película más sobre rescates y venganzas familiares que se acumula en el catálogo de los complejos cinematográficos. Es una declaración de principios estética y técnica que llega en el momento justo para salvar a un género cinematográfico que a menudo sufre de fatiga por repetición de fórmulas genéricas. La sinergia perfecta entre la dirección coreográfica texturizada de los combates, las interpretaciones físicas desgarradoras de actores consagrados y una edición que no te permite apartar la mirada de la pantalla, la convierten de forma inmediata en una obra de culto instantánea.

La combinación de drama familiar legítimo con la espectacularidad de las artes marciales más brutales asegura que la película resuene no solo en el estómago por el impacto visual, sino también en el corazón debido a la empatía con la cruzada desesperada de ese padre solitario contra un sistema podrido. Si estás listo para experimentar ese cansancio bueno del que hablan los realizadores, prepara tus sentidos para una de las experiencias cinematográficas más intensas y físicamente demandantes de los últimos años. La furia ha sido desatada en la gran pantalla y no querrás perderte ni un solo impacto.

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