Reflexión: La vida después del éxtasis

Reflexión: La vida después del éxtasis

Cuando llegué a casa mi mamá estaba viendo Million Dollar Baby , llegué justo para la escena en la que ella le pide al entrenador que la desconecte. Maggie quería recordar por siempre a la gente cuando la coreaba desde el público, aquel instante en el que disfrutaba del éxtasis de la victoria, esos segundos de gloria.

Mami, igual que el entrenador en la película, se debatía entre lo correcto y el juicio moral/religioso «Si la mato es pecado, si la dejo viva es como si la matara», mientras yo pensaba sobre lo fácil que sería la vida si tan solo pudiéramos encontrar a alguien que nos desconecte mientras disfrutamos de la felicidad total (por más desgraciada que sea la vida, todos tenemos un momento mágico de ‘full happiness’) para quedarnos allí, pero en el mundo real la vida continúa y el éxtasis, en cualquiera de sus formas, es solo un momento.

Recordé uno de esos momentos de felicidad plena que a uno le toca vivir, les juro que me quería quedar instalada en esos días ‘forever and ever’. Sobre todo, recordé cuando se acabó y la rutina me esperaba con brazos abiertos. Esas mañanas de conducir hacia en trabajo ordenando en mi cabeza las piezas que formaban la estrategia para empezar de nuevo. El entrenador desconectó a la chica, mami guardó la moral y la región para estar de acuerdo con él. Yo creo que no es justo y mi opinión está lejos de ser religiosa, no es justo porque todos debemos encontrar las fuerzas para seguir viviendo después del éxtasis.

Podríamos decir que Maggie ya había tenido una vida dura, que se había enfrentado a la negativa del entrenador, que en su condición de «mujer en un mundo de hombres» ya había luchado bastante pero… quien ha dicho que la vida se trata de una sola lucha? Les juro que me gustaría que el mundo fuera al estilo de las princesas de Disney, donde mi mayor problema fuera enamorar al príncipe y librarme de las maldades de alguna bruja. Pero no lo es, las tragedias son parte de la realidad, vivir a pesar de ellas es de las cosas que, aunque no nos guste, en muchas ocasiones, simplemente nos toca.

Parte de la humanidad es aceptar que somos vulnerables, que por una u otra razón, en algún momento dependeremos de otra persona igual que dependíamos de nuestra madre el día en que nacimos (por eso la importancia de saber elegir amigos y pareja). Humildad es también aceptar esa condición, sobrevivir a pesar de ella y confiar en que por amor, de la misma manera que nos entregaríamos a nuestros seres queridos en un momento de dificultad, alguien se entrega a nosotros cuando no podemos hacernos cargo de nuestro cuerpo, de nuestras penas, de nuestros problemas.

A veces nuestra mayor desgracia no es lo que nos pasa, es la forma en que vivimos el proceso desde adentro. Al entrenador no le importaba tener que cuidar de Maggie mientras estaba delicada, pero su orgullo de vencedora no le permitía mostarse vulnerable ante él y eso la mataba en vida. a veces sucede lo mismo con nosotros, aunque en casos menos extremos.

Por más que nos haya costado un momento de gloria, la vida no se detiene en aquel instante de bienestar. Sigue cargada de desafíos, de estrés, de momentos en los que una a una tendrán que caer nuestras capas de «suerpoderosos» para darnos cuenta de que ser humanos implica necesitar al otro y que por eso hay que elegir con cuidado aquellos con los que compartiremos la vida. Después de éxtasis queda vida y la vida tiene de todo.

Por @Fioresita


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