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Operación Bagration: el Día D de los soviéticos

Cuando los ojos del mundo estaban puestos en las playas francesas de Normandía, donde se producía el desembarco militar aliado jamás visto, a miles de kilómetros de distancia, en los bosques bielorrusos, los soviéticos se preparaban para un ataque de dimensiones descomunales. El 23 de junio de 1944 arrancó una de las campañas militares más determinantes de la Segunda Guerra Mundial, que provocó la mayor derrota alemana de todos los tiempos. Es la Operación Bagration, el Día-D de los soviéticos.

Antecedentes

Estamos en los inicios de 1944 y, tras el desembarco de tropas norteamericanas por el sur de Italia, y el ejército soviético recuperando el terreno perdido en la invasión nazi de la Operación Barbarroja y detenida en la batalla de Stalingrado, Stalin demandaba a Roosevelt y Churchill la apertura de un tercer frente para dividir aún más a las fuerzas alemanas y terminar con la guerra lo antes posible. Aunque los osados alemanes encadenaban solo derrotas desde la debacle de Stalingrado a finales de 1942 y la Wehrmacht se había tenido que dividir por los desembarcos aliados en Italia y Normandía, el acorralado Tercer Reich seguía dispuesto a resistir. En el otro extremo, Moscú por fin encontraba el momento de dar rienda suelta a una superioridad material militar que se había vuelto aplastante. Los alemanes eran conscientes que en ese verano se avecinaba un golpe brutal, lo que no sabían era dónde iba a tener lugar.

Un tercer frente se abre el 6 de junio de 1944, el archiconocido Día D, y retratado en numerosas películas bélicas. Sin embargo, tras el Día D, el éxito de la Operación Overlord (nombre en clave para el Desembarco de Normandía) estaba aún por ver, y de hecho, la invasión de Europa desde el norte de Francia no fue considerada un éxito hasta que la Bolsa de Falaise fue cerrada, con la consecuente liberación de París a finales de agosto (dos meses y medio después). Los nazis estaban heridos, pero aún no estaban acabados, y si conseguían rechazar la invasión conjunta de norteamericanos, canadienses y británicos, la guerra podría alagarse uno o dos años más, algo que el pueblo soviético no podía permitirse.

Los soviéticos sabían esto, así como la fecha del Día D, por lo que la Operación Bagration se empezó a planificar en la primavera de 1944, y a mediados de abril ya había un plan completado para ser ejecutado poco tiempo después de la apertura del tercer frente. Stalin, que también decidió el nombre de la operación en sí en honor al general Piotr Bagration (que murió en la Batalla de Borodinó haciendo frente al ejército napoleónico), decidió que sería iniciada el 22 de junio, justamente tres años después de la invasión nazi en territorio soviético con la Operación Barbarroja, y quería que estuviera cargada de simbolismo. Finalmente Bagration tuvo que ser retrasada un día más hasta ser iniciada, el 23 de junio de 1944.

¿Quién era Bagration?

En 1812, el General georgiano Bagratión comandó el Segundo Ejército del Oeste ante la invasión francesa de Napoleón y, aunque derrotado en Moguiliov (23 de julio de 1812), se reincorporó al ejército principal comandado por Barclay de Tolly, y dirigió su ala izquierda en la batalla de Borodinó (7 de septiembre de 1812), durante la cual rechazó en cinco ocasiones las embestidas francesas, y en la que fue mortalmente herido.

¿Cómo se planificó la operación?

Stalin en persona eligió el nombre en clave de la operación: «Bagratión» y decidió que comenzaría en el tercer aniversario de la invasión de la Unión Soviética, el 22 de junio, aunque tuvo que posponerse un día, al 23 de junio de 1944. El objetivo era la destrucción del Grupo de Ejércitos Centro, con un avance simultáneo en seis sectores y con dos ofensivas principales que avanzarían sobre Babruisk, en la ruta de Minsk, que era donde tendrían que converger los tres frentes bielorrusos procedentes de dos direcciones, a ambos lados del Río Berézina..

Esta batalla se ha descrito como el triunfo del concepto del engaño militar, basado en una completa desinformación del adversario gracias a la completa coordinación de todos los movimientos en el frente y el tráfico de señales a fin de desorientar al enemigo sobre el auténtico objetivo de la ofensiva. Pese a las enormes fuerzas empleadas, los comandantes soviéticos del frente confundieron completamente a sus oponentes sobre el eje de ataque principal hasta que fue demasiado tarde. Los soviéticos llamaron a este tipo de operaciones de engaño maskirovka, que en ruso significa literalmente «camuflaje», «ocultación» o «enmascaramiento».

La Stavka, el estado mayor supremo del Ejército Rojo, definió tres opciones de ataque. Todas las alternativas fueron rechazadas, por el riesgo de hallar una severa resistencia alemana, y se decidió que finalmente un avance por el centro mismo de Bielorrusia era la única opción que permitiría tomar por sorpresa a la Wehrmacht, considerando que los pantanos de la cuenca del río Prípiat eran un obstáculo militar casi imposible de franquear, pero precisamente la dificultad en salvar este accidente geográfico causaba que el Grupo de Ejércitos Centro de la Wehrmacht aún contase con tropas en buenas condiciones, sin ser afectadas por las contraofensivas soviéticas. Ante ello, la Stavka decidió que el ataque principal del Ejército Rojo se lanzaría al norte de los pantanos del Prípiat contra las principales fuerzas del Grupo de Ejércitos Centro, para destruir la mayor cantidad posible de tropas alemanas y al mismo tiempo comprometer la ruta de escape del Grupo de Ejércitos Norte.

La maskirovka fue diseñada por los soviéticos muy detalladamente para la Operación Bagratión y supuso el despliegue aparente de seis ejércitos blindados en Ucrania, dejados en forma muy visible para el reconocimiento aéreo de la Luftwaffe lo que provocó un despliegue defensivo alemán destinado a contrarrestar un supuesto ataque contra el Grupo de Ejércitos Sur desde el norte de Ucrania en dirección al Báltico. El tráfico de vehículos soviéticos fue intencionalmente reducido en la zona central de Bielorrusia e intensificado en el sector noroccidental de Ucrania, para que así el OKH alemán no sospechara de que el verdadero golpe lo asestaría el Ejército Rojo precisamente en Bielorrusia contra el Grupo de Ejércitos Centro.

Mientras que los pocos vehículos soviéticos que transitaban por la región bielorrusa transportaban grandes contingentes de tropas, los numerosos convoyes soviéticos que aparecían en la zona ucraniana de Leópolis y Przemyśl marchaban vacíos, engañando a los alemanes y sus reconocimientos aéreos. El movimiento de tropas soviéticas de reserva se realizó también en medio del mayor secreto, transmitiendo órdenes muy anticipadas, exigiendo que los estados mayores de cada Ejército soviético emitieran solo órdenes verbales (y nunca escritas) y evitando todo uso de radios o aparatos de telecomunicación. De igual modo, la Stavka ordenó transportar tropas solamente de noche y sin encender las luces de los camiones; con el fin de evitar accidentes, se dictaron severísimas órdenes para que los camiones marcharan a una misma velocidad de convoy.

El Grupo de Ejércitos Centro ya había demostrado ser un hueso duro de roer, como lo probó la derrota de Zhúkov en la Operación Marte. No obstante, en junio de 1944, y pese a acortar su frente, había quedado expuesto tras la aniquilación del Grupo de Ejércitos Sur en las batallas que siguieron a la de Kursk, la de Kiev y la Liberación de Crimea ocurridas durante fines del verano, otoño e invierno de 1943-44: el llamado tercer periodo de la Gran Guerra Patria. No obstante, la derrota soviética en la 1.ª Ofensiva de Jassy-Kishinev (el fallido intento del Ejército Rojo de invadir Rumanía en abril-mayo de 1944) había causado que el OKH germano temiera una masiva ofensiva soviética partiendo nuevamente desde el noroeste de Ucrania, ya sea una repetición del ataque hacia Rumanía (en dirección sudeste) o hacia Polonia (con rumbo nordeste).

La ejecución de la operación

A pesar de su superioridad numérica, los grupos de combate nazis habían demostrado su dureza en combate, y la sorpresa era fundamental para el Ejército Rojo si querían una operación lo más limpia posible y con el menor número de bajas posible. El engaño se había logrado. Ahora tocaba la invasión.

Aunque hubo fuerzas de invasión tanto en el norte de Europa (Estonia, Letonia y Lituania), como en la zona norte de Ucrania (donde se había efectuado la maskirovka) con la Ofensiva Lvov-Sandomierz, éstas sólo sirvieron para apoyar los flancos del grueso del Ejército Rojo, que se concentraba en el centro de Bielorrusia, y dónde posteriormente se recuperó la mayor parte de terreno perdido tres años atrás.

El ejército alemán contaba en esa zona central con 800 mil efectivos, los cuales la mitad eran voluntarios y no combatientes, y se iban a enfrentar a 1200000 soldados soviéticos, hambrientos de venganza tras ver como los alemanes habían sacrificado sistemáticamente su tierra y a su pueblo durante el transcurso de la guerra. Esta superioridad numérica tan aplastante, unido al éxito de la maskarova, se tradujo en un rápido avance del Ejército Rojo a lo largo de toda la operación, a pesar de utilizar tácticas no demasiado avanzadas.

Dichas tácticas se basaban en ataques sobre un punto específico del frente alemán, aplicando allí la superioridad numérica hasta que el resto de unidades alemanas del frente se viera presionado a enviar refuerzos urgentes al punto amenazado de forma sucesiva, lo que conllevaba a un debilitamiento sistemático de la línea de defensa alemana. Esto sólo podía conseguirlo el Ejército Rojo debido a su enorme ejército, lo que causaba a su vez un elevado número de bajas, bajas que quizás no se hubieran producido de contar con mejor equipamiento y mejores tácticas.

La cuestión era que la táctica soviética funcionaba, haciendo que importantes bastiones de los alemanes como Babruisk y Minsk cayeran mediante un rodeo y apresando a numerosos soldados alemanes. Los alemanes lo único que pudieron hacer durante estos dos meses y medio de combate era retroceder y ejecutar algún que otro temerario contraataque para que abrir una ventana y que tropas cercadas pudieran replegarse y volver a casa, a la espera de la marea roja que se acercaba inexorablemente hacía Berlín.

Consecuencias de la operación

La Operación Bagration supuso uno de los golpes más decisivos durante la segunda guerra mundial, y el Ejército Rojo hizo bien en presionar justamente después del Día D, ya que la transferencia de unidades alemanas para defender Francia de los aliados ayudó a que la línea de defensa alemana fuera aún más precaria de lo que ya era en un principio, desgastada por la larga guerra. Siendo más concretos, en numerosos puntos de la línea de combate a lo largo de la Operación Bagration los soviéticos contaron con una superioridad numérica de 10 contra 1 en tanques, y de 7 a 1 en aviones sobre los alemanes.

La Operación Bagratión, en combinación con la Ofensiva Leópolis-Sandomir, lanzada pocas semanas después en Ucrania, permitió a la URSS recuperar casi todo el territorio que controlaba antes de la invasión alemana de 1941, penetrar en territorio del Reich alemán por Prusia Oriental y alcanzar las afueras de Varsovia tras ocupar la región al este del río Vístula del Gobierno General, la porción de Polonia ocupada por Alemania tras el reparto de Polonia entre el Tercer Reich y la Unión Soviética. También se consiguió el aislamiento de los Grupos de Ejércitos Norte con el Grupo de Ejércitos Sur, obligando a una retirada forzosa de zonas ocupadas si no querían ser masacrados. Políticamente también fue un éxito para el gobierno soviético, ya que consiguió que los gobiernos rumano y búlgaro abandonaran su alianza con el Tercer Reich y se unieran al bando aliado entre agosto y septiembre de 1944, facilitando la penetración de la URSS en los Balcanes.

Durante la Operación Bagration, el 75% del total de la Wehrmacht estaba luchando para detener el avance soviético, mientras que en Normandía y la invasión a Italia estaba solamente el 25% restante. Es decir, si comparamos las cifras de la Operación Bagration con la invasión de Normandía, esta última fue meramente un ejercicio de lo que los soviéticos desplegaron posteriormente. Sin embargo, el mundo parece haber olvidado el esfuerzo soviético que condujo al final de la guerra más cruenta de la historia de la humanidad.

La Operación Bagratión enfrentó a más de 2,4 millones de soldados soviéticos en 200 divisiones y grandes formaciones con unos 6000 tanques y artillería masiva contra las 34 divisiones alemanas del Grupo de Ejércitos Centro. Bagration causó numerosas bajas tanto para los soviéticos, con 150 mil muertos y 110 mil heridos, como para los alemanes, con 420 mil bajas entre muertos, heridos y prisioneros de guerra, el equivalente de todo lo perdido por el Tercer Reich en Stalingrado y Normandía a la vez.

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