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Nueva Cádiz: Auge y desaparición de una de las primeras ciudades fundadas por españoles en Sudamérica

Nueva Cádiz: Auge y desaparición de una de las primeras ciudades fundadas por españoles en Sudamérica

El tiempo brevísimo que Cubagua funcionó como ciudad es un reflejo perfecto del estilo de vida fácil que sus habitantes europeos (españoles en su mayoría) persiguieron, desde el momento de su llegada hasta la partida.

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Cubagua es una pequeña isla del Caribe, ubicada a solo unas pocas millas de la costa oriental de Venezuela. No posee variedad de árboles que aporten madera o frutos para consumo humano, su planta más común es el cardón; un tipo de cactus mediano con flores rojas. Tampoco tiene fuentes de agua dulce dentro de ella.

Tomando en cuenta los factores anteriores, resulta inevitable preguntarse ¿cómo es posible que este islote, nada apto para contribuir con el desarrollo humano, haya sido elegido para albergar uno de los primeros asentamientos españoles en tierras americanas? La respuesta no está en la isla en sí, sino en sus cercanías.

Un paraíso de perlas

Durante su tercer viaje al Nuevo Mundo, en 1498, Colón descubre una isla que cuenta con una particularidad que ni él ni los navegantes que lo acompañan pueden ignorar: los aborígenes que viven allí están ataviados con perlas de arriba a abajo.

Perlas grandes y chicas, blancas y bermejas, quelos indígenas les ofrecen a los recién llegados como si fuesen frutas de latemporada. La isla estaba rodeada de cientos de yacimientos de perlas.

Entre los hombres que acompañan a Colón en su tercera expedición se encuentra Giacomo Castiglione, un italiano que obedece a las órdenes de la Corona española. Este personaje -que se hispanizaría, para pasar a los anales de la historia como Santiago Castellón- bautiza aquella tierra como Santiago de Cubagua.

Pronto la noticia se regaría por el reino de Castilla: Cubagua era un paraíso de perlas. Muchas gentes zarparon entonces hacia la isla, en busca de fortuna fácil. El fray Bartolomé de las Casas, en unos de sus escritos, deja constancia de que para el año 1500 ya hay 50 personas asentadas allí. Otra fuente reporta que para el año 1535 el número de habitantes de la ínsula asciende a los mil quinientos.

Las vejaciones a los indígenas

Pero el negocio de la extracción de perlas no trajo felicidad para todo el mundo. Los aborígenes de Cubagua y de las islas adyacentes fueron reducidos a la esclavitud, y por los medios más crueles, obligados a pasar horas y horas sumergidos bajos las aguas, en busca de las joyas de nácar. 

Muchísimos indígenas perecieron a causa de este tratamiento, ahogados o devorados por los tiburones. Los que se resistían tampoco corrían con mejor suerte, pues eran torturados, y si su voluntad no se doblegaba, recibían laceraciones y heridas que más temprano que tarde acababan por matarlos.

La subsistencia en la isla

El rápido crecimiento de la población de la isla facilitó que el 21 de septiembre de 1528, el emperador Carlos V, por medio de una real célula, le otorgara el rango de ciudad a Cubagua, a la que además rebautizó con el nombre de Nueva Cádiz.

En lo que respecta a los medios de subsistencia de Nueva Cádiz, los víveres que se consumían en la ciudad venían de Santo Domingo, el agua dulce era trasladada desde Cumaná, y la madera empleada para el fuego y la construcción provenía de Margarita.

El rápido fin

Ruinas de Nueva Cádiz – Imagen: Wikipedia.-

En 1531 los yacimientos de perlas comenzaron a menguar.

En 1541 un maremoto hundió la mitad de la isla y dejó la mayoría de las edificaciones de la ciudad en ruinas.

En 1543 piratas franceses asolaron los restos de la ciudad y espantaron a los sobrevivientes del maremoto.

Un número muy reducido de pobladores permaneció en la isla por algunos años más, pero Nueva Cádiz jamás volvería a levantarse como ciudad.

Estos sucesos aparecen descritos en la novela Cubagua, del escritor e historiador venezolano Enrique Bernardo Núñez.

Con información de: Wikipedia / Núñez, Enrique Bernardo (2014). Cubagua. Caracas: Fundación Celarg. / Foto: Shutterstock

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