Las Sufragistas del siglo XXI

Las Sufragistas del siglo XXI

Por Paula M. Gonzálvez (@pmgonzalvez)

Ante una celebración de tal expectación como los Oscar, y tras unos días, aún abundan las quejas por la falta de reconocimientos en el Dolby de actores y cineastas negros de manera absurda, dado que no podrían estar nominados si han carecido de oportunidades para optar a un buen papel, pero jamás ha habido una protesta real en defensa de la figura femenina en el mundo al que nos referimos. Como ejemplo de ello solo hay que atender la cifra de directoras de cine que poseen un Oscar. Y sí, posiblemente la culpa también esté en la falta de oportunidades anteriores al momento de una nominación. Sin embargo, cuando un film nos habla precisamente de ello, de la falta de oportunidades de las mujeres históricamente y de su lucha reivindicativa, parece que la incomodidad de la visibilidad vence al talento. No hay más que dedicar un par de horas a ver ‘Sufragistas’ (2015) para saber de qué hablamos y para ser testigos de ese talento acallado.

Siempre ha existido el rumor de que las películas de contenido político molestan, en una gala por la que el espacio para un anuncio en televisión dispara su valor hasta sobrepasar el millón de dólares. Y, con el talento que rebosa por los cuatro costados, ‘Sufragistas’ se moja políticamente. Se empapa y se compromete. De hecho, su razón de ser es un movimiento político. Un acto reivindicativo de lo que pasaba en Inglaterra en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Algo que no debería molestar al estar contextualizada en una época tan lejana, sino fuera porque, tristemente, aún hoy en día seguimos hablando de violencia de género, penas capitales para mujeres por adulterio, o ablación. Fundamentos para seguir discutiendo sobre la opresión de la mujer, y de las arduas situaciones a las que se ve expuesta por no poder recurrir siquiera a una ley que la ampare.

Llevar la desesperación de una mujer que no es escuchada y, que por intentar hacerse oír reclamando sus derechos es intimidada y encarcelada, bien le podría haber valido a Carey Mulligan una candidatura al Oscar, porque sin duda la actriz británica brilla interpretando a una mujer a la que obligan a apagarse. Pero ni rastro. Una película que apuntaba maneras, que encuentra su razón de ser en el contexto histórico, que tiene un reparto de lujo, que transmite ahogo, pero… que habla de política. Un drama existente, que obliga a seguir luchando por el derecho de las mujeres en pleno 2015, por muy triste que resulte, ya que como han reivindicado estrellas de Hollywood de la talla de Patricia Arquette, Jennifer Lawrence o Jessica Chastain, las actrices siguen cobrando bastante menos que un hombre por interpretar un papel, independientemente de su peso en la película. ¿Cómo justificar lo bochornoso del asunto sin caer en argumentaciones machistas? Resulta imposible.

El movimiento sufragista comenzó a dar señales de vida en Inglaterra a raíz de actos de protesta pacíficos, radicalizados más tarde tras la falta de logros y los repetidos encarcelamientos de sufragistas, a las que ni siquiera se les reconocía como presas políticas. Sarah Gavron ha intentado darles voz, pero otros han intentado que tuviera un volumen moderado. Una película apasionada y elegante, con un aprendizaje histórico, cargada de talento, emoción y crudeza, pero tan necesaria como el aire. Y, sobretodo, con una Carey Mulligan que llega a la cumbre de su carrera con el más brillante de sus trabajos. Todos los que la hemos visto lo sabemos. Aunque no todos desean mencionarlo.


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