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La Ítaca de Constantino Kavafis

La Ítaca de Constantino Kavafis

Descubre cómo el poema de Constantino Kavafis, «Ítaca», trasciende el viaje físico y se convierte en una profunda reflexión sobre el viaje interior.

“Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca
ruega que el camino sea largo
lleno de aventuras, lleno de descubrimientos”.

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A pesar de haber nacido en 1863, Constantino Kavafis puede ser considerado como uno de los poetas occidentales más importantes del siglo XX, esto debido a la relevancia que su figura alcanzó en los albores del nuevo siglo.

Constantino Kavafis en su madurez – Imagen: Wikipedia.-

Constantino Kavafis: Una vida agitada

Kavafis nació el 29 de abril de 1863 en Alejandría, en el seno de una familia burguesa, de origen griego, con ocho hijos.

Un padre dedicado al mercadeo de piezas de algodón mantiene a la familia, satisfaciendo la demanda inglesa por el fino material egipcio. La muerte del padre introduce un primer traspié en el destino ascendente de la familia. Para continuar con el negocio familiar, la madre y los hijos se mudan a Liverpool. Allende el mar es donde Kavafis atraviesa y concluye la primera infancia.

Después de estar siete años en Inglaterra, la crisis económica de 1873 evapora las ganancias que arroja el negocio de las telas y obliga al cierre. Esto lleva a los Kavafis de vuelta a Alejandría, país en el que permanecen hasta 1882; año en el que varios disturbios propiciados por gentes autóctonas, en contra de los extranjeros, empuja al núcleo familiar a desplazarse otra vez.

Así, Constantinopla se convierte, al menos por unos años, en el nuevo lugar de reposo.

La vuelta a casa

En 1885 Kavafis regresa a Alejandría, y ya no cambiará de tierra por el resto de su vida. En este momento el escritor es apenas un muchacho con poco más de 20 años, pero este ya ha atravesado varias de las experiencias que resultarán decisivas en su vida.

Una de esas experiencias, la del retorno, lo lleva a concebir un hermoso poema titulado Ítaca; escrito en 1910 y publicado en solitario en 1911.

La isla de Ítaca es el punto de encuentro y el centro de confluencias de La Odisea. Desde las primeras líneas del poema homérico sabemos que Odiseo está destinado a volver a su tierra natal, forzosamente, de una manera u otra, habrá de hacerlo.

Pero es el proceso lo que le permite al héroe griego entender la importancia del retorno. Con cada peripecia que Odiseo logra atravesar, su remoto pequeño reino gana mayor valor en su corazón.

El poema

Kavafis parte de la anterior idea para la construcción de su poema. Aquí el escritor reflexiona y finalmente propone una innovadora apreciación sobre el tema del retorno. ¿Y qué tal si llevamos ya dentro todo lo que nos va a ocurrir durante del viaje?, ¿y qué tal si el viaje no es solo hacia afuera, sino hacia adentro también?

Tal vez es por esto que en su segunda y tercera estrofa (las cuales se despliegan inmediatamente después de la que abre este texto), el poema continúa de la siguiente manera:

“A Lestrigones, Cíclopes,
al colérico Poseidón –no temas:
nunca hallarás tales seres en tu camino,
nunca mientras altos sean tus pensamientos,
mientras una extraña emoción
estimule tu alma y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes,
al fiero Poseidón, nunca encontrarás,
a menos que en tu alma los lleves dentro,
a menos que tu alma los ponga ante ti”.

Visto de este modo, Ítaca se convierte en un canto a la experiencia. Una reflexión, por la que el poeta mueve a todos sus contemporáneos a preguntarse ¿cuántos de los obstáculos que te has encontrado en el camino a tu Ítaca no formaban ya parte de ti?

Con información de: Ciudad Seva / El Cultural / Wikipedia / Kavafis, Constantino (1995). Obra escogida. España: Fontana. p. 33. / Foto: Shutterstock

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