La historia oscura de la monarquía inglesa (Parte II)

La historia oscura de la monarquía inglesa (Parte II)
Tal como prometimos, te traemos la segunda entrega del recorrido histórico, sobre alguno de los datos más oscuros y sangrientos de la monarquía inglesa.

Enrique VIII [1509-1547]:
Es quizás uno de los más sanguinarios y autoritarios monarcas de la Historia. Se le atribuyen 80.000 muertos en la horca por los más diversos motivos, como el ser católico y no aceptar su ruptura con la Iglesia de Roma (que fue por lo que murió santo Tomás Moro). También ajustició a dos de sus seis esposas, incluyendo a Ana Bolena, que fue por la que rompió con Roma. Ana Bolena fue condenada a muerte por adulterio cuando el rey ya había puesto sus ojos en Juana Seymour, su siguiente esposa. Sus tres hijos accedieron al trono consecutivamente tras su muerte.
Eduardo VI [1547-1553]:
Accedió al reino con 10 años, por lo que los que gobernaron fueron su tío Seymour y el temible Dudley, duque de Northumberland, que consiguió decapitar al primero y que aplastó sin piedad las revueltas campesinas de 1549. Consiguió que se nombrara heredera a Jane Grey, pero al morir el rey, y ser coronada estallaron revueltas contra ella y su propio padre la arrestó en la Torre de Londres, reinando sólo durante 9 días y siendo decapitada al año siguiente. Finalmente se nombró reina a la legítima heredera, María I, quien condenó a muerte a Dudley, a pesar de haber implorado perdón.
María I Tudor [1553-1558]
Fue hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, que la educó en la religión católica. Durante el reinado anterior, de su hermano (de padre), fue perseguida y pudo escapar gracias a su primo Carlos V (I de España). Se casó con Felipe II de España (1554) a pesar de las revueltas, que fueron duramente reprimidas. Inició una persecución contra los protestantes que acabaron con 300 ejecuciones en la hoguera y que le valieron el nombre de «María la Sanguinaria» («Bloody Mary»). Felipe II la abandonó en 1555 (un año antes de su coronación como rey de España).
Isabel I [1558-1603]
Fue hija de Enrique VIII y Ana Bolena. Decidió inclinarse hacia el lado protestante restableciendo el anglicanismo de su padre. Ayudó, por las armas, al partido protestante en Escocia que triunfaron y obligaron a la reina de Escocia María I Estuardo a pedir refugio a su rival Isabel I, quien se lo concedió aunque acabó ejecutándola (1587). Quiso luchar contra el catolicismo que abanderaba la España de Felipe II, primera potencia europea. Pero en vez de atacar abiertamente dejó actuar a los piratas y corsarios ingleses (como Francis Drake) que atacaban las comunicaciones entre España y América. Finalmente estalló la guerra que perdió España por el desastre de la Armada Invencible (1588) al sucumbir ésta ante la flota inglesa y las tormentas. Isabel I no se casó y no tuvo descendencia por lo que la dinastía Tudor murió con ella, a pesar del empeño que puso Enrique VIII.
Carlos I [1625-1649]:
Continuó la guerra contra España sin demasiado éxito (derrota de Cádiz, 1625) y sus gastos y las dilapidaciones de los cortesanos exigieron grandes contribuciones. El parlamento pretendió limitar las atribuciones reales pero el rey lo disolvió (1629) comenzando 11 años de gobierno absolutista («la larga tiranía»). Muchos fueron condenados a muerte, que fue también la forma en la que murió este rey al final de la primera revolución inglesa o guerra civil (1642-1649).
Jacobo II [1685-1688]:
Se ganó el desprecio de su pueblo por la crueldad con la que aplastó una rebelión suscitada por su sobrino el duque de Monmouth (sesiones sangrientas, 1685) que acabaron con la ejecución del duque. Su autoritarismo fue descaradamente favorecedor de los intereses de los católicos, lo que provocó que Guillermo III de Orange [1689-1702] desembarcara en Inglaterra e hiciera huir a Francia a Jacobo II.
Jorge I [1714-1727]:
Nació en Hannover y pertenecía a la casa de los Estuardo, siendo biznieto de Jacobo I [1603-1625]. Al llegar al trono se dedicó a dilapidar la fortuna real entre parientes, amigos y sus numerosísimas amantes. Nunca había estado en Inglaterra antes de ser nombrado rey y nunca llegó a aprender inglés, por lo que dejó de asistir a las reuniones de sus ministros.
Jorge III [1760-1820]:
Fue el responsable de la guerra de secesión de las colonias norteamericanas, al pedirles más impuestos. En esta guerra también el ejército británico usó sus peores métodos como se representa en la película «El Patriota» (2000) de Roland Emmerich, protagonizada por Mel Gibson. Sin embargo, gracias al apoyo de Francia y España, los británicos perdieron la guerra en 1783, dando lugar a los Estados Unidos de América. También siguió la guerra contra Francia hasta la derrota de Napoleón en Waterloo (1815) en la que concluyó el conflicto armado contra Francia que había durado muchos siglos. Durante su reinado se produjo la Revolución Francesa (1789-1799) que convirtió a Francia en una república (1792) y en la que fueron guillotinados por traición Luis XVI y María Antonieta (1793). También comenzó la Revolución Agraria e Industrial debido, entre otras causas, a un crecimiento demográfico espectacular que obligó a encontrar nuevos métodos de cultivo más eficaces.
Victoria [1837-1901]:
Da nombre a la llamada época victoriana, en la que el imperio británico alcanza gran esplendor a costa de imponer su comercio. Como dice el uruguayo Eduardo Galeano en su obra «Patas Arriba» (1998), «la reina Victoria fue, además la mayor traficante de drogas del siglo XIX», convirtiendo al opio como la mercancía más valiosa del comercio imperial. La guerra del Opio (1839-1842) comenzó cuando el emperador Chino, preocupado por el incremento de su consumo, prohibió su importación, el cual era comercializado por contrabandistas británicos. La respuesta de Gran Bretaña fue bombardear Cantón y ocupar Shanghai. En 1841, por ejemplo, en la toma del puerto de Tin-Hai, murieron 3 británicos y más de 2000 chinos. Al término de la guerra, los británicos se quedaron con Hong Kong y China tuvo que abrir más sus fronteras al «libre comercio».
Fuente: cabrobueno.blogspot.com

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