La infertilidad afecta a una de cada seis parejas, y la causa es de origen masculino en casi la mitad de ellas. Actualmente, sabemos con bastante certeza que el estilo de vida influye de manera importante en la salud reproductiva del hombre, y la alimentación es uno de los factores clave.
Pero no se trata solo de “comer sano”. El espermatozoide es una célula muy sensible a distintos componentes de la dieta. Algunos nutrientes pueden favorecer su funcionamiento, mientras que otros lo perjudican. Estas influencias afectan a su capacidad para cumplir su misión: entregar la mitad del material genético al óvulo para dar inicio a una nueva vida.
La fertilidad también se cocina con hábitos
Entonces, ¿qué hay que comer? La pregunta parece simple, pero la respuesta no lo es tanto. A menudo los hombres que desean ser padres buscan alimentos o suplementos para mejorar la calidad de su esperma. Y es cierto que estudios con alto grado de evidencia muestran que algunos componentes como los ácidos grasos omega-3, el zinc o la fibra dietética pueden favorecer la salud espermática, mientras que otros como las carnes procesadas, los azúcares simples o el café en exceso se asocian a un efecto negativo.
Sin embargo, la mirada ingrediente por ingrediente se queda corta para entender el impacto real de la alimentación en la fertilidad masculina. La ciencia apunta cada vez más hacia el concepto de “patrón dietético”, es decir, el conjunto de hábitos alimentarios y la combinación de alimentos que caracterizan la dieta global.
Dicho de otro modo, es la forma en que comemos cada día, y no un alimento específico, lo que realmente marca la diferencia en nuestra salud y fertilidad.
Los estudios muestran que los patrones dietéticos saludables, como la dieta mediterránea, se asocian con una mejor calidad seminal. En cambio, los patrones de estilo occidental, ricos en ultraprocesados, fritos, carnes procesadas y azúcares añadidos, se relacionan con peores resultados. El mensaje es claro: la fertilidad masculina no depende de un “superalimento”, sino de la coherencia del conjunto de hábitos alimentarios.
La dieta deja huella en el ADN
Hasta hace poco se pensaba que la dieta influía sobre todo en parámetros clásicos del semen, como su movilidad, concentración o morfología. Sin embargo, estudios recientes han mostrado un hallazgo más profundo: puede modificar la integridad molecular del espermatozoide.
En un estudio que publicamos recientemente en Reproductive BioMedicine Online, dentro del proyecto internacional Led‑Fertyl y en colaboración con la Universitat Rovira i Virgili (URV), el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili y la Universitat de Girona , observamos que la dieta también puede influir en el ADN del esperma.
En concreto, detectamos que los hombres que seguían un patrón alimentario basado en productos de origen vegetal pero con un alto nivel de procesamiento –como snacks, fritos, bollería o bebidas azucaradas– presentaban niveles más elevados de un marcador que refleja un empaquetamiento anómalo del ADN del espermatozoide. Este tipo de alteración se ha relacionado, en diferentes estudios, con una menor probabilidad de fecundación y con un peor desarrollo embrionario.
Y aún hay más que tener en cuenta. Buena parte de la evidencia actual en este campo procede de estudios con animales, donde se ha observado que dietas paternas muy ricas en grasas pueden modificar pequeñas moléculas del esperma llamadas sncRNA (siglas de small non coding RNAs). Los sncRNA actúan como “sensores metabólicos” y pueden transmitirse al embrión. En este tipo de modelos, la descendencia mostró un mayor riesgo de alteraciones metabólicas, aunque estos resultados no pueden extrapolarse de forma directa a humanos.
Y por si fuera poco, la literatura científica también señala la existencia de cambios epigenéticos inducidos por la dieta: modificaciones químicas que actúan como pequeños “interruptores” en el ADN, capaces de apagar o encender genes. La alimentación paterna podría modular estos “interruptores” del esperma sin alterar la secuencia de ADN, influyendo en las primeras etapas del desarrollo del embrión.
Aunque la magnitud de tales efectos aún se está investigando, todo ello refuerza la idea de que la dieta no solo afecta a la fertilidad masculina, sino también al material genético que transmite el espermatozoide.
La paternidad empieza mucho antes del embarazo
El espermatozoide responde a lo que come regularmente el padre y esa respuesta puede dejar una huella funcional e incluso heredable. Pero esto no significa que pequeños desajustes dietéticos tengan consecuencias inevitables: hablamos de modificaciones del riesgo, no de determinismo biológico. Por eso, más que buscar alimentos “milagro”, lo esencial es mantener un patrón dietético saludable y sostenido en el tiempo, basado en alimentos frescos, mínimamente procesados y ricos en nutrientes.
Marc Llavanera, Investigador posdoctoral en Biotecnología Reproductiva, Universitat de Girona
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
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