Horrores Humanos: Susan Smith, madre asesina

Horrores Humanos: Susan Smith, madre asesina

La noche del 25 de octubre de 1994, Susan Smith colocó una cámara de video en la parte trasera del asiento de su Mazda color rojo, subió a sus dos hijos a bordo, Michael, de tres años y Alex, de catorce meses. Eran cerca de las 9 de la noche, los pequeños niños dormían perfectamente asegurados en sus sillitas. Entonces Susan emprendió un camino fatal hacia el lago John D. Long.

Susan se detuvo en una rampa que llevaba al lago. Aplicó el freno de mano y se bajó del auto. Se estiró, presionó la parte de arriba del freno de emergencia del Mazda y bajó la palanca. Lentamente el auto se deslizó hacia el lago. Susan cerró la puerta fuertemente, sellando el destino de sus dos pequeños hijos. Observó mientras el auto flotaba levemente sobre las oscuras aguas y se alejaba de la costa. Luego, lentamente, se hundió con su carga humana dentro.

La madre, la asesina

Susan Leigh Vaughan nació en Union (Carolina del Sur, Estados Unidos) el 26 de septiembre de 1971. A la edad de 7 años perdió a su padre biológico quien se suicidó de un disparo. Su padrastro, un acaudalado hombre de negocios de Union, la había acosado sexualmente durante sus primeros años de juventud. A los trece años, Susan intentó suicidarse por primera vez. No lo consiguió y volvió a intentarlo a los dieciocho.

A los 19 años se casó con David Smith, un joven de 20 años, gerente de la tienda local Winn-Dixie. A partir de entonces Susan adoptó el apellido Smith. Con David, Susan formó una familia; tuvo dos pequeños hijos, Michael, el mayor y dos años más tarde nació el pequeño Alex.

Por un tiempo el matrimonio pareció ser exitoso, pero las discusiones acerca de las infidelidades de uno y de otro sirvieron para colocarlos cerca del punto de ruptura. Finalmente, David se mudó y se estableció en su propio apartamento.

Susan empezó a salir con el soltero más preciado de la comunidad, Tom Findlay, de veintisiete años, cuyo padre era propietario de Conso Productos Co., una fábrica de adornos que empleaba a más de quinientas personas. Tanto Tom como Susan trabajan para Conso, el empleador más grande en la comunidad.

Susan y Tom iban al cine, hacían largas caminatas y a menudo se encontraban para cenar. Susan creía firmemente que él la amaba y que haría su vida al lado de este hombre.

Por eso quedó totalmente desolada cuando recibió una carta de Tom declarando que ella realmente le gustaba, pero que no se sentía lo suficientemente maduro como para tomar la responsabilidad de una esposa y dos hijos pequeños.

Al día siguiente de recibir esta carta, Susan decidió terminar con su vida y la de sus hijos, pero en el camino, su propio instinto de supervivencia, contrario a su instinto maternal, prevaleció.

Aquella fatídica noche del 25 de octubre, Susan Smith, luego de terminar con la vida de sus dos pequeños niños, montaría uno de los show mediáticos más escalofriantes de los últimos años.

El secuestro que nunca ocurrió

Shirley y Rick McCloud oyeron los gritos histéricos que provenían del porche del frente. Corrieron a la puerta y fueron recibidos por una Susan Smith que sollozaba incontrolablemente. «Por favor, ayúdeme, por favor, ayúdeme. Tiene a mis niños y tiene mi auto».

Retrato hablado del secuestrador

Los McCloud se las arreglaron para calmar a la trastornada mujer y finalmente se enteraron de la razón de su angustia. Susan les contó que un hombre negro había tomado su Mazda y sus hijos a punta de pistola. Ella se había parado en un semáforo en rojo en Highway 49, justo en la curva hacia el lago. Los McCloud llamaron a emergencias. La policía llegó e inmediatamente se instituyó una cacería para recobrar a los niños raptados.

Los ciudadanos de Union habían oído de raptos de autos que habían tenido lugar en ciudades distantes como Nueva York o Chicago, pero nunca en la tranquila y pacífica Union. La noticia del extraño crimen fue proclamada a gritos por la estación de radio WBCU, la única emisora de la ciudad. El Union Daily Times publicó la historia en primera plana. El pueblo no hablaba de otra cosa. Todos rezaban por el pronto retorno de Michael y Alex.

A los dos días de estar en la investigación, los detectives se preguntaban cómo un hombre negro con dos niños blancos en el asiento trasero del Mazda podía seguir prófugo durante tanto tiempo.

Pensaron que era posible que el auto hubiera sido arrojado al lago. Se emplearon varios buzos para buscar en el fondo cerca de la rampa, pero no se encontró nada.

Susan y David

Ambos padres estuvieron dispuestos a someterse al detector de mentiras. David pasó con todos los honores. Los resultados de Susan fueron menos satisfactorios. Ellos indicaron un nivel de engaño cuando se le preguntó, «¿Sabe dónde están sus hijos?» ¿Era posible que hubiera llevado los niños en secreto a algún lugar distante, quizás con un pariente lejano? ¿Qué razones tendría?

Había algunas inconsistencias en su historia. El sheriff Wells se preguntó cómo podía haberse detenido ante un semáforo en rojo cuando la luz en la intersección está permanentemente en verde a menos que un auto en la calle que cruza apretara la señal para cambiar. Susan les había dicho que no había autos cerca en la noche del secuestro.

Además estaba la pregunta de su destino esa noche. Ella le había dicho al sheriff que estaba en camino para visitar a Michael Sinclair, el prometido de su mejor amiga. Pero Michael no la había estado esperando. Ni siquiera estaba en casa esa noche.

Susan dijo que en las horas previas a las 21:00 había estado de compras con sus hijos en Wal-Mart; sin embargo, nadie recordaba haberla visto allí. Enfrentada con la discrepancia de Wal-Mart, Susan cambió su historia. Ahora declaró que había estado conduciendo sin rumbo fijo, pero tuvo miedo de contar la verdad por temor que atrajera sospechas en su dirección.

Susan apareció en televisión rogando por el pronto regreso de sus hijos sanos y salvos. Con David a su lado, relató cómo rezaba cada día por su regreso. Entre sollozos, controlándose a duras penas, imploró al raptor que mostrara compasión y devolviera a los niños a su padre y a su madre.

Para entonces, los ciudadanos de Union y de la nación compartían la agonía experimentada por la joven pareja, quienes inexplicablemente habían perdido a sus hijos. El sheriff Wells y su equipo de investigadores no podían entender por qué no aparecía el Mazda rojo.

La confesión

En el quinto día después del supuesto secuestro, Susan apareció en las tres redes de televisión más importantes y declaró nuevamente que no tenía nada que ver con la desaparición de sus hijos. Más tarde y de manera inexplicable, ese mismo día le confesó al sheriff Wells que ella había asesinado a Michael y Alex.

Susan contó cómo había planeado su suicidio junto con la muerte de sus niños. Repitió una y otra vez cuánto amaba a sus hijos. Al confesar declaró: “No quería vivir. Sentía que debía acabar con las vidas de todos nosotros para protegernos de todo reproche y de todo daño”. Reveló que el auto, con los niños dentro, podría ser encontrado en John D. Long Lake.

Los buzos corrieron a la base de la rampa. No podían comprender cómo habían dejado de ver el vehículo durante las zambullidas previas. Se dieron cuenta de que habían cometido un error. Supusieron que cualquiera que quisiera deshacerse de un vehículo rampa abajo, lo enviaría a toda velocidad. No imaginaron que el asesino lo dejaría rodar lentamente dentro del agua. Un auto que se mueve a toda velocidad se hunde casi inmediatamente. Un auto al rodar lentamente dentro del agua tiende a flotar y derivar lejos de la orilla.

Esta vez los buzos localizaron el Mazda a treinta metros de la orilla. Previamente lo habían perdido por unos tres o cuatro metros. Dentro del Mazda estaban los cuerpos de Michael y Alex Smith.

Juicio y condena

Durante el juicio, salieron a la luz sus intentos de suicidio. La defensa argumentó que se trataba de una enferma mental que se quebró ante la presión y el dolor:

“Una joven madre, profundamente atribulada y trastornada, que intentó sobreponerse a una vida fracasada y se rompió. Se rompió donde otros de nosotros simplemente nos hubiéramos doblado”.

El vídeo de los hechos conmocionó a todos los presentes en el juicio. La cámara de vídeo instalada en el asiento trasero por la misma Susan reproducía con dramática lentitud el horror.

Cuando el coche alcanzó las aguas permaneció casi dos minutos prácticamente inmóvil en la superficie. Gradualmente, el agua comenzó a penetrar por los bajos. Alcanzó el parabrisas. El jurado pudo presenciar cómo el agua amarillenta y helada fue subiendo por los pies, las piernas. Un ascenso que duró hasta que la pantalla se inundó de negro. Cinco minutos y cincuenta y dos segundos interminables. Tres miembros del jurado, la acusada y varios espectadores, rompieron a llorar.

Susan fue encontrada culpable de asesinato y sentenciada a cadena perpetua sin posibilidades de salir bajo palabra por treinta años, el 22 de julio de 1995. El 4 de noviembre de 2024 Susan podría pedir su libertad bajo palabra.

Espera pronto una nueva entrega con otro de los @HorroresHumanos, que nunca deben ser olvidados, para así jamás ser repetidos.

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