Horrores Humanos: BTK – Atar, Torturar y Matar

Horrores Humanos: BTK – Atar, Torturar y Matar

«¿A cuántos tengo que matar antes de ver mi nombre en el periódico o algo de atención a nivel nacional? Después de una cosa como la de Fox, vuelvo a casa y sigo mi vida como los demás. Y así haré hasta que vuelva a entrarme el gusanito. Siento que esto le pase a la sociedad. Ellos son los que más sufren. Me cuesta controlarme. Cuando este monstruo entra en mi cerebro, no sé. Quizás ustedes puedan pararle. Yo no puedo. Él ya ha escogido a su próxima víctima».

Wichita, Estados Unidos. Una tranquila mañana del 15 de enero 1974, la familia Otero –conformada por Joseph (padre) de 38 años, Julie (madre) de 34, Joseph II (hijo) de 9 años, y Josephine (hija) de 11-– desayunaban cuando alguien tocó a su puerta repentinamente. No imaginaban que al abrirla se desataría el horror.

Un hombre armado los apuntó. La situación a simple vista, parecía ser un robo, pero resultaría mucho más que eso. La familia Otero se encontraba frente a un asesino en serie cometiendo el primero de sus muchos crímenes.

El atacante los ató a las sillas uno por uno, comenzando por el más fuerte, el padre. Luego los torturó psicológicamente simulando violar a los hijos de la pareja. Después procedió a matarlos a todos de la manera más cruel y escalofriante.

Le colocó una bolsa de plástico en la cabeza al señor Otero y la ató a su cuello con una cuerda para que se asfixiara. La segunda víctima fue la madre con quien se masturbó mientras los niños veían para luego estrangularla ante la mirada de los pequeños. En tercer turno fue la niña a quien estranguló con una soga. Cuando era el turno del hijo, el asesino notó que el matrimonio seguía con vida por lo que volvió a estrangular a la mujer hasta matarla y puso bolsas de plástico en las cabezas de padre e hijo quienes murieron asfixiados. Cuando se proponía a escapar notó que la niña seguía viva por lo que la subió al segundo piso donde la terminó de matar, estrangulándola.


El asesino

Dennis Rader nació el 9 de marzo de 1945, el mayor de cuatro hermanos, hijo de William Elvin Rader y de Dorothea Mae Cook. Poco se sabe de su infancia; de acuerdo a varios reportes y a sus propias confesiones, solía ser cruel con los animales, un síntoma clásico que muchos psicópatas muestran en su niñez.

En su juventud, Rader era un chico atlético y bien parecido. Tenía una mirada intensa y bastante popularidad con las chicas. Se le consideraba como una persona normal, aunque muy dominante.

Creció en Wichita y asistió a la Riverview School, para luego graduarse de la Wichita Heights High School. Desde 1965 hasta 1966 asistió a la Wichita Wesleyan University. Consecuentemente, pasó cuatro años (1966-1970) en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, viviendo en Texas, Alabama, Okinawa, Corea del Sur, Grecia y Turquía.

Una vez de regreso en Estados Unidos, Rader vivió en Park City, un suburbio ubicado siete millas al norte de Wichita. Allí trabajó en la sección de carnes del supermercado Leekers IGA, junto a su madre, quien se desempeñaba como contadora.

Se casó con Paula Dietz, una germano-americana, el 22 de mayo de 1971, y tuvieron un hijo y una hija. De 1972 a 1973, Rader trabajó como ensamblador para la Coleman Company y luego trabajó en 1973 por poco tiempo en Cessna. De noviembre de 1974 hasta ser despedido en julio de 1988, Rader trabajó de agente de seguridad privada para la compañía ADT, encargada de colocar alarmas en locales y comercios.

En 1989, previo al Censo Federal de 1990, Rader trabajó de supervisor en el censo llevado a cabo en el área de Wichita.

En 1991, Rader trabajó para otra compañía encargada del control de animales, zonificación, problemas de vivienda, entre otras tareas. Trabajando allí, los vecinos lo catalogaban como alguien excesivamente entusiasta y estricto; en una oportunidad, fue blanco de quejas, especialmente de una vecina que reclamó que Rader había sacrificado a su perro sin razón alguna.

Era miembro de una Iglesia Luterana, cercana a su antigua escuela secundaria a donde asistían alrededor de 200 personas. Había asistido allí por 30 años aproximadamente y había sido elegido Presidente de la Congregación. También trabajo como líder en una Organización Scout.

El 2 de marzo de 2005, el ayuntamiento de Park City despidió a Rader por ausentarse del trabajo y no avisar de su ausencia; el problema era que había sido arrestado siete días antes por los asesinatos.

Hombre de familia, estable, amigable, productivo para la sociedad, nada en la vida de Dennis Rader podría delatar que se trataba de un asesino en serie.

Los crímenes

Rader supo ocultar muy bien su verdadera personalidad. Sus extrañas fantasías comenzaban a transformarse en una obsesión. La idea del «bondage» (amarre erótico) le parecía mucho más estimulante que un coito.

Poco a poco, Rader comenzó a mezclar sus fantasías con la realidad. Fue, entonces, cuando en 1974 decidió llevar a cabo una de sus más elaboradas ideas: asesinar a una familia completa.

Estuvo mucho tiempo planificando el crimen. Se compró ropa especial, un arma para amedrentar, una máscara para ocultar su identidad y parecer más intimidante, sogas, esposas, etc. Más tarde, todos estos útiles pasarían a ser parte de su, cada vez más perfeccionado, «kit para matar».

Había estado fantaseando sobre lo que le haría a Julie Otero o a su hija Josephine y, finalmente, a las 7:30 horas de la mañana, cortó la línea telefónica y entró en el domicilio familiar por la puerta trasera. Les apuntó con una pistola y, pretendiendo tranquilizarles, dijo que era un fugitivo y que sólo pretendía comer y huir con su coche.

Luego de asesinarles, tuvo lo que él mismo declararía años después: «algunas fantasías sexuales». Luego recogió sus cosas, se llevó el reloj del padre, una radio y huyó en el coche de la familia, que dejó abandonado en el aparcamiento de un centro comercial.

Ese mismo día la policía de Wichita, Kansas, recibió una llamada del este de la ciudad. El joven Charlie Otero había vuelto a su casa del colegio y se había encontrado a su padre y a su madre muertos en su habitación. Los vecinos llamaron a la policía. Ésta descubrió al padre de Charlie, Joseph, atado con la cuerda de una persiana veneciana, tendido boca abajo en el dormitorio. La madre, Julie, estaba atada de manera similar, acostada en la cama.

Las autopsias revelaron que ninguna de las víctimas había sufrido agresión sexual. La hija, Josephine, estaba vestida únicamente con un jersey y unos calcetines, y los expertos encontraron semen en el sótano y en otras zonas de la casa, lo que indicaba que el asesino se había masturbado durante el curso de los asesinatos o después de éstos. Rader declaró años después que había planeado el crimen, pero que perdió el control de la situación tras entrar en la casa. «Me entró pánico», dijo el asesino: pensó que el padre no iba a estar en el domicilio. «Yo nunca había estrangulado a nadie antes, yo realmente no sabía cuánta presión había que aplicar, ni por cuánto tiempo», añadió.

Apenas tres meses después de los primeros asesinatos, mucho antes de que el asesino empezara a comunicarse con la policía, Rader había atacado otra vez. El 5 de abril de 1974, Kathryn Bright y su hermano Kevin llegaron a su casa y en ella encontraron a un hombre armado. Al parecer, había entrado rompiendo el cristal de la puerta trasera. El intruso obligó a Kevin a atar a su hermana a una silla y se lo llevó a él a otra habitación.

Intentó estrangularlo enrollándole una cuerda alrededor del cuello, pero Kevin se defendió. Rader le disparó dos tiros en la espalda, pero Kevin consiguió salir de la casa. Sin embargo, cuando la policía llegó, el asesino había huido. Encontraron a Kathryn, todavía atada a la silla, con tres cuchilladas en el abdomen. Murió poco después.

Se creó un equipo de investigación. Durante varios días, setenta y cinco policías barrieron la ciudad e interrogaron a más de mil personas. A medida que pasaba el tiempo, los agentes fueron apartados del caso y se les asignaron otras tareas. Pero la investigación siguió adelante y, en un momento dado, tres hombres habían confesado ya el asesinato de los Otero.

Por supuesto Rader, que sería conocido como BTK – letras correspondientes a Bind, Torture and Kill (‘Atar, torturar y matar’ en español)– no podía soportar la idea de que otros le quitaran la fama por lo que había hecho él. Aunque la policía no daba crédito a esas tres confesiones, el asesino decidió asegurarse de que sabían que seguía suelto y no era ninguno de los hombres que había confesado.

Rader llamó a la línea telefónica que había abierto un periódico que entonces se llamaba Wichita Eagle-Beacon. Comunicó que obtendrían más información sobre el caso Otero si recuperaban una carta colocada en un libro de texto de ingeniería que estaba en los estantes de la Biblioteca Pública de Wichita. Así se hizo rápidamente.

La carta empezaba con las palabras EL CASO OTERO escritas en mayúsculas. El autor de la carta no sólo se proclamaba autor de los asesinatos sino que incluía una explicación confusa del móvil. Ésta sería la carta que dio al asesino el nombre de “BTK”, debido a sus explicaciones:

“Los tres individuos que tienen detenidos sólo hablan de los crímenes de los Otero para hacerse publicidad. No saben nada de nada. Lo hice yo solo y nadie me ayudó. Tampoco lo he contado… que quede claro.

“PD: Puesto que los criminales sexuales no cambian su modus operandi ni pueden hacerlo porque así es su naturaleza, yo no cambiaré el mío. Las palabras clave para mí serán… Átalos, Tortúralos, Mátalos, BTK; ustedes lo verán de nuevo. Estará en la siguiente víctima”.

Tres años más tarde, el 17 de marzo de 1977, BTK regresó. En esta ocasión, entró en casa de Shirley Vian. Dos de sus hijos se quedaron en casa en lugar de ir al colegio. Cerca del mediodía, un hombre llamó a la puerta y se abrió paso a la fuerza. Apuntándoles con un arma, encerró a los niños en el baño. Los niños consiguieron salir pero encontraron a su madre muerta, atada de pies y manos en la cama con una bolsa de plástico en la cabeza.

Al principio, hubo ciertas dudas sobre si BTK había cometido el asesinato de Vian. No había hecho daño a los niños y había robado de la casa dos giros postales. Sin embargo, todas las dudas se desvanecieron cuando el periódico Wichita Eagle-Beacon recibió por correo una pequeña ficha con un poema que empezaba diciendo: “RICITOS DE SHIRLEY, RICITOS DE SHIRLEY, MARCHÍTENSE PERO SEAN MÍOS”.

El aviso del siguiente asesinato lo mandó el mismo BTK. El 9 de diciembre de 1977, llamó desde una cabina telefónica situada a seis manzanas de la comisaría de policía. Dijo al agente que tomaba nota de las llamadas una dirección y añadió: “Nancy Fox. Encontrarán un homicidio”. El hecho de que empleara esta palabra hizo sospechar a los investigadores que se trataba de una persona relacionada con la policía o el Derecho. Los agentes se presentaron en la cabina telefónica desde la que se había efectuado la llamada cuando un hombre rubio de 1.80 metros acababa de irse, según los testigos presenciales.

Encontraron a Nancy Fox en su casa, muerta, parcialmente desnuda. La habían estrangulado con una media de nylon. La policía no relacionó el asesinato con BTK hasta que la cadena local Channel 10 recibió una carta suya: motivado por la indiferencia de los medios, envió la carta a la cadena de televisión local. En este comunicado decía que sus actos estaban motivados por un demonio unido al «Factor X» y se comparaba con Jack el Destripador, el Estrangulador de Hillside y el Hijo de Sam.

«¿A cuántos tengo que matar antes de ver mi nombre en el periódico o algo de atención a nivel nacional? Después de una cosa como la de Fox, vuelvo a casa y sigo mi vida como los demás. Y así haré hasta que vuelva a entrarme el gusanito. Siento que esto le pase a la sociedad. Ellos son los que más sufren. Me cuesta controlarme. Cuando este monstruo entra en mi cerebro, no sé. Quizás ustedes puedan pararle. Yo no puedo. Él ya ha escogido a su próxima víctima».

Pasó un año y medio y BTK guardó silencio. La investigación se atascó. No había sospechosos, no había nada. Una noche de primavera de 1979, Fran Dreier, de sesenta y tres años, llegó a su casa a las once de la noche y se encontró con que habían entrado ladrones. Llamó a la policía, que trató el caso como un robo normal hasta que Fran Dreier recibió un sobre con las joyas que le habían robado, un dibujo hecho por el intruso y un poema. El poema contaba lo mucho que se había decepcionado al ver que Fran llegaba tarde aquella noche. Tenía intención de matarla. Le dejó una nota en la que decía: «Alégrate por no haber estado aquí, porque yo estaba». La policía creía que realmente esperaba a la hija de la propietaria de la casa. Dreier se marchó rápidamente de la ciudad, pero no sin antes avisar a la policía.

Tras un largo intervalo, reapareció. En marzo de 2004, el periódico The Wichita Eagle recibió un sobre con el nombre de “Bill Thomas Killman” como remitente. Contenía una carta de una sola página junto con fotocopias del carné de conducir y de tres fotografías de un cadáver.

El carné pertenecía a una mujer llamada Vicky Wegerle. El 16 de septiembre de 1986, el marido de Wegerle llegó a casa a comer y encontró su cadáver. Tenía las manos y los pies atados y la habían estrangulado. Las tres fotografías fotocopiadas mostraban el cadáver de la víctima en distintas posturas para cada foto. Dieciocho años después, BTK reivindicaba el asesinato.

La policía se encontraba otra vez en la casilla de salida, intentando atrapar a un asesino en serie al que habían perdido la pista por años. Tenían varias descripciones posibles de BTK, pero desgraciadamente ninguna de ellas había conducido a una detención o a un sospechoso viable.

Según el perfil elaborado por Robert K. Ressler, “El Cazador de Monstruos”, para el FBI, BTK era un estudiante universitario o profesor de Derecho en Kansas y un lector ávido de libros y noticias sobre asesinos en serie. Y en marzo de 2004, el investigador Maurice Godwin desarrolló un perfil geográfico de BTK. Después lo entrevistaron varias emisoras de televisión de la zona de Wichita.

Treinta años después de sus cartas, por fin se cumplió su deseo de publicidad. Desde marzo de 2004 todas las agencias de noticias de Estados Unidos hablaron de él. Fue el tema de conversación y especulación en incontables foros de Internet. Si se introducía en Google «BTK Killer» se obtenían más de 5,000 resultados. El 29 de mayo recibió uno de los mayores honores que cualquier criminal entusiasta de la publicidad puede esperar: su perfil apareció en el programa de televisión Americas Most Wanted.

Siempre atacó a sus víctimas desprevenidas y mantuvo una relación cordial con la prensa. Envió cartas y poemas a la policía y a los medios de comunicación, que después iban seguidos de titulares dramáticos e incontables noticias de última hora en la televisión. Desde el principio, el caso de BTK armó un gran revuelo, pero, al margen de lo teatral, era obvio que un asesino andaba suelto.

La captura

El 25 de febrero de 2005 la policía detuvo a Dennis L. Rader, de sesenta años de edad. Rader trabajó durante años en ADT Alarm, empresa situada en N. Washington Street, Wichita. La policía detuvo a Rader treinta y un años después de su primer asesinato.

Él mismo se ocupó de reactivar la investigación de sus crímenes en marzo de 2004 con el envío de la carta al Wichita Eagle en la que afirmaba que había asesinado a Vicky Wegerle en 1986.

Hasta entonces los investigadores creían que Nancy Fox, asesinada en diciembre de 1977, había sido la última víctima de BTK y pensaban que el asesino había dejado de matar por alguna circunstancia. Poco antes de que se revelara su identidad le habían dado un cargo directivo en la congregación luterana a la que pertenecía.

Estaba casado, tenía dos hijos y era funcionario. Con los años, Dennis había perdido confianza en su fuerza física. Dejó de matar por temor a ya no poder dominar físicamente a sus víctimas. Sin embargo, necesitado de la emoción del crimen, comenzó a vigilar a una mesera del restaurante donde desayunaba.

Las autoridades suponían que BTK estaba muerto; y un investigador llamado Robert Beattie empezó a escribir un libro sobre el criminal. BTK no quería que nadie más escribiese su historia, así que cometió un error fatal: dejó varias cajas de cereales con “recuerdos” de sus víctimas, una de ellas en la tienda de herramientas Home Depot, donde una cámara de vigilancia grabó su camioneta. Después envió a la policía un diskette con archivos de texto. Ellos revisaron la unidad de almacenamiento y detectaron que había sido grabado en un equipo de cómputo perteneciente a la Iglesia Luterana de Cristo de Wichita, de la que BTK era presidente del Consejo Parroquial. Allí obtuvieron su nombre y después le hicieron pruebas de ADN. Dio positivo.


La condena

La policía lo presionó. BTK estaba dispuesto a hablar; lo interrogaron durante treinta horas seguidas, pero él estaba feliz: les contó la historia de su vida. En el juicio, éste afirmó que era el asesino en serie llamado BTK y se declaró culpable de diez asesinatos. Rader renunció a su derecho a tener un juicio con jurado que valoraría las circunstancias agravantes o atenuantes de sus crímenes.

El 27 de julio de 2005, después de la detención de Rader, el Juez de Distrito del Condado de Sedgwick, Eric Yost, no esperó los 60 días que exige la ley en estos casos y le ofreció el inmediato divorcio a la esposa de Rader debido a que su salud mental estaba en riesgo. Rader no protestó por el divorcio y el matrimonio de 33 años fue roto. Paula Rader dijo en su petición de divorcio que su condición tanto física como mental había sido adversamente afectada por el matrimonio.

Fue condenado en septiembre de 2005 a diez cadenas perpetuas consecutivas, sin posibilidad de libertad condicional durante más de cuarenta años (aunque hay pena de muerte en Kansas, no se puede aplicar a crímenes cometidos antes de 1994, la fecha de su entrada en vigor). Recurrió la sentencia, pero le fue negada. Estará en prisión hasta que muera.

Fuentes: Wikipedia | escritoconsangre | asesinosenserie

Espera pronto una nueva entrega con otro de los @HorroresHumanos, que nunca deben ser olvidados, para así jamás ser repetidos.


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