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De cómo un negro último se convirtió en un Negro Primero

Por Échale Pichón | Decir que alguien es “de color” en lugar de decir que es negro es algo que se ha convertido en políticamente correcto. “La palabra negro está tan asociada a la negatividad que nos resulta chocante utilizarla para describir a una persona”. Por esta razón, a veces se le intenta quitar “dureza” a la palabra y utilizar otras como “morenito”, “persona de color”.

INTERESANTE

Yo vivo en España hace más de 20 años y me pasa continuamente que me describo como ‘negrita’ y la gente salta: “¡pero si tú no eres negra!” A ver, a ver, a ver, como si yo me estuviese ofendiendo de ser yo.

Si voy al origen, en Venezuela las abuelas te decían “búsquese un novio catirito para que mejore la raza” (Catire/Catira para los no venezolanos, persona rubia). Mi pelo rizado, ah no,  eso se llama “pelo malo”.

Cuando vivía en Venezuela era esclava de peluquería,  planchas y secadores y De niña me hacían llevar el cabello corto para controlar los rizos y sufría cuando me invitaban a la playa o a la piscina; sabía que no me podía mojar porque se me ponía el pelo feo.

Tuve que ir a vivir en otro país para aprenderque el afro no es pelo malo, ni de alambre o pelo chicha y que frases como “mejorar la raza” y  comentarios aparentemente en juego o en tono de chiste, en realidad son despectivos y racistas.

Sin ir muy lejos y yendo a la historia, hasta de Bolívar se ha tratado de borrar el hecho de que tuvo antepasados no blancos.

Sus detractores  describian como una «negra tinta» a una tatarabuela misteriosa y al mismo Bolívar le llamaban «zambo» y le señalaban su pelo ensortijado.

Y es que Bolívar tuvo una tatarabuela de la que nada se supo, o mejor dicho, nada se quiso saber.

Se trata de la supuesta “doncella principal”, madre de María Josefa de Marín y Narváez. (Bisabuela del Libertador), quien no nació de un matrimonio formalmente establecido.

El secreto familiar/chisme está probablemente relacionado con la raza de su madre, implicó que su padre, Francisco de Marín y Narváez, dueño y señor de las minas de Cocorote, no se pudo casar con ella y que la bebé, o sea María Josefa, bisabuela de Bolívar, fuese  separada de su madre y enviada a un orfanato. Sin embargo, es reconocida finalmente por su padre y se convirtió en su única heredera.

O sea que de allí le viene a Bolívar ese “pelito malo” que vemos en los retratos y efectivamente, unos rasgos físicos ajenos a sus origenes vascos y canarios. 


Además, no olvidemos que Bolívar creció entre negros y fue amamantado por negras. Pero negros que eran esclavos. Porque en Venezuela los negros fueron propiedad de los blancos hasta el 24 de marzo de 1854.

Pero ¿saben qué? Hacer este episodio me ha llenado el corazón de gozo más que ninguno porque siempre he pensado que mi país es medio racista, pero investigando he visto que somos, como casi toda Latinoamérica, un poco clasistas pero cuando llamamos a alguien negro lo hacemos mas como una expresión cariñosa que como gesto despectivo. De hecho, para mí la mejor frase de amor de mi madre es cuando me dice: “¡te amo mi negra!”

¿Saben qué es lo que me ha hecho concluir esto? La historia de Lindinês.

Este cuento lo escuche en un maravilloso podcast que os recomiendo encarecidamente: se llama Radio ambulante que cuenta crónicas diversas sobre Latinoamérica.

De un capítulo en particular, les robo este texto:

Yo, Lindinês de Jesus Sousa, me autodeclaro una mujer negra”. 

El silencio de la sala se rompió con el sonido de la cámara fotográfica que estaba ahí para registrar su piel oscura, su cabello crespo voluminoso, sus labios gruesos. Una foto de frente, otra de perfil, como si estuviera siendo fichada por la polícia.  

Pero los que la examinaban eran miembros de la “Comisión de identificación racial” de la universidad, que ese día estaban encargados de comprobar que los estudiantes que dicen ser negros realmente lo eran. 

Y es que como pocas veces en la historia de Brasil, tener la piel oscura significaba una oportunidad y no un problema. Desde 2012, bajo el gobierno de Dilma Rousseff, se creó un sistema conocido como “cuotas raciales”, donde se reservan cupos para alumnos negros, indígenas y pardos —es decir, hijos de negros con blancos o negros con indígenas. Era una medida que quería mitigar años de desigualdad social en el país. 

Solo para poner un ejemplo: a pesar de que para el 2012, un poco más de la mitad de la población se identificaba como afro, el 89% de los cupos en las universidades eran ocupados por estudiantes blancos. Y las cuotas raciales querían revertir esto, al menos en las universidades públicas.  

Brasil, potencia latinoamericana. Brasil cuya población es más de un 45% mestiza y con  más de un 8% de población negra negra, tiene que poner en pleno siglo XXI un sistema para conseguir que las clases más necesitadas accedan a la universidad.

Que yo vengo de unas familias de gente humilde señores y fui a la universidad en los 90,s y mis padres y tíos fueron a la universidad en los 70,s, a buenas universidades públicas. Y somos de todos colores, y todos éramos iguales. Para el que tenga la duda si fue con los mensajes del socialismo de pacotilla que en Venezuela los pobres / negros o menos favorecidos podían estudiar.

Pero bueno, esta forma de ser, esta aceptación de las personas a por encima de su color se empezó a favorecer bastante antes, en la guerra de Independencia, cuando  se facilitó el proceso de abolición de la esclavitud en Venezuela, en la medida en que favoreció la libertad de los esclavos. En esta guerra, los ejércitos que se enfrentaban, es decir el bando Realista y el Libertador, incorporaron esclavos para reforzar sus filas.

En efecto, los blancos peninsulares (españoles nacidos en España), como los blancos criollos (hijos de españoles nacidos en Venezuela), que se disputaban el poder ofrecían libertad, pan, tierra y trabajo a la población esclava.

Ambos bandos dejaron testimonios de que era imposible luchar sin la participación de los africanos. Y cual políticos en campaña electoral, empezaron a prometer y prometer:

Concretamente los realistas prometieron entregar las propiedades de los blancos criollos cuando concluyeran los combates.

Y el bando patriota no se quedó atrás: proclamaron que si los negros deseaban efectivamente la libertad debían luchar por ella. El nuevo ciudadano que se negara a combatir con los libertadores permanecería en servidumbre.

Los esclavos que tomaran parte en las gestas libertadoras, que por entonces tenían lugar en varios sitios del continente; podrían por esta vía cobrar su libertad y luego volverse ciudadanos. Estos fueron recompensados con la libertad, extendiéndola incluso a sus familiares cercanos y algunos llegaron a ocupar cargos militares de importancia, en particular en las fuerzas patrióticas.

Hoy en Échale pichón, un podcast de historia venezolana os contaré la historia del autor de la famosa frase:

“Mi general, Vengo a decirle adiós, porque estoy muerto”.

¿Ya saben de quien hablo? De ese que que inspiró esa canción tan conocida de Simón Díaz: el negro y el catire. Si no la conocen, búsquenla ya.

Pedro Camejo, nuestro gran Negro Primero.

Como ya les dije era el 24 del mes de junio de 1821 y en el inmortal Campo de Carabobo las tropas del Ejército Libertador combatían una batalla que de acuerdo con la historia fue decisiva para la Independencia venezolana.

El escritor Eduardo Blanco, en su libro Venezuela heroica, narra que, en medio de la contienda, un hombre se acerca a caballo al general José Antonio Páez, prócer independentista:

“Camejo, teniente de caballería, se me acercó, en plena lucha en Carabobo, y le grité: ‘¿Por qué huyes cobarde?´. A lo que el Negro Primero contestó: ‘¡Vengo a decirle adiós, mi general , porque estoy muerto’; acto seguido él y su caballo cayeron a mis pies”.

Así fue como perdió la Patria, hace 202 años, a uno de sus más emblemáticos hijos; el teniente Pedro Camejo, el Negro Primero, en plena batalla.

Se que está raro empezar la biografía de alguien haciendo spoiler. Sí, se muere al final. Pero es que este personaje no tiene nada de común.

Como la de muchos héroes, la vida de Camejo está llena de páginas en blanco. Su lugar de nacimiento sigue siendo tema de debate, aunque la mayoría de los historiadores coincide en que nació en San Juan de Payara, actual Apure, en 1790. Hijo de esclavos procedentes de Guadalupe, isla francesa, y de escasa preparación educativa.

del héroe de piel oscura no hay registro oficial alguno debido a que en la colonia los negros no tenían ese derecho. “Las referencias que existen se encuentran en documentos escritos de Simón Bolívar, el Libertador; en la autobiografía de Páez y otros pocos textos vinculados a la gesta independentista”.

Era el primero de unos 21 tenientes y su sobrenombre de Negro Primero le fue puesto por sus compañeros, quienes aseguraban que era diestro como pocos con la lanza y, además, salía al combate en la primera fila del Ejército.

También fue el primer soldado negro que tuvo el Libertador. Aunado a ello, Camejo siempre decía: “Delante de mí solo la cabeza de mi caballo”.

Pero este negro no siempre fue un luchador independentista.

Al principio y, aunque pocos lo sepan, luchó en las tropas realistas en contra de la gesta libertadora. Era esclavo de la hacienda de un español llamado Vicente Alonzo, ubicada en el llano. “Su amo le temía por su carácter rebelde e insurgente, y por eso lo envió a servir en las tropas realistas”,

Así que Camejo se incorporó en la guerra que dirigía el general del Ejército español, José Tomás Boves, quien acaudillaba una temible legión popular a la que se unieron los negros esclavos, los llaneros y los pardos para luchar contra quienes veían como sus opresores: los blancos criollos o mantuanos.

Las tropas de Boves, supuestamente desestimadas por su “inferioridad racial” por los “brillantes” oficiales de la Independencia, lograron la victoria en lo que se conoce como la Rebelión Popular de 1814. Y De este ejército adivinen quien era un protagonista importante, pues sí, Pedro Camejo.

Los fracasos de la Primera y Segunda República llevan al Libertador a revisar las dificultades que atravesaba y, tras una visita a Haití, estuvo en contacto con una rebelión exitosa de esclavos y conversó con uno de sus líderes: el general Alejandro Petión, quien le ayudó a entender que la lucha de los patriotas estaba condenada al fracaso si no se ganaba a las masas populares.

Petión ayuda a Bolívar con el compromiso de que éste anuncie la libertad de los esclavos. El Libertador lo hace a su llegada a Venezuela, en 1816, en su famosa Proclama de Carúpano.

En este contexto encontramos a Pedro Camejo integrándose como voluntario al Ejército Libertador a las órdenes de Francisco Aramendi y su batallón de caballería, pertenecientes a las fuerzas del comandante José Antonio Páez.

Bolívar supo de la valentía y destreza del Negro Primero. Y fue tanta la fama que sintió la necesidad de conocerlo personalmente.

Páez en su autobiografía señala que “sabiendo que Bolívar debía venir a reunirse conmigo en el Apure, recomendó a todos muy vívamente que no fueran a decirle al Libertador que él había servido en el Ejército realista, lo que bastó para que a su llegada le hablaran a Bolívar del negro y su empeño en que no supiera que él había estado al servicio del rey”.

Así, pues, cuando Bolívar le vio por primera vez, se le acercó con mucho afecto, y después de congratularse con él por su valor le dijo:

—¿Pero qué le motivó a servir a nuestros enemigos?, le preguntó.

—Señor, la codicia.

—¿Cómo así?, repreguntó Bolívar.

—Yo había notado que todo el mundo iba a la guerra sin camisa y sin una peseta y volvía vestido con un uniforme muy bonito y con dinero en el bolsillo. Entonces yo quise ir también a buscar fortuna, relató muy apenado.

El Libertador quedó encantado por la humildad de su único soldado de piel oscura, y se refiere a él en uno de sus documentos como “sin igual en la sencillez, y, sobre todo, admirable en el estilo peculiar en que expresaba sus ideas”.

Camejo fue uno de los 150 lanceros que participaron en la batalla de las Queseras del Medio (de la que os hablé en el episodio pasado) y obtuvo la condecoración “Orden de los Libertadores” tras la Campaña de Apure, dirigida por Bolívar.

“El día antes de la batalla de Carabobo, que él (Pedro Camejo) decía que iba a ser la ‘cisiva’ (decisiva), arengó a sus compañeros imitando el lenguaje que me había oído usar en casos semejantes y les decía que las puertas del cielo se abrían a los patriotas que morían en el campo, pero se cerraban a los que dejaban de vivir huyendo delante del enemigo”, relata Páez.

Cuando se supo que había sido herido mortalmente, tal noticia produjo un profundo dolor en el Ejército. Bolívar cuando la supo la consideró una absoluta desgracia”.

Tenía alrededor de 30 años y dejaba una viuda, doña Andrea Solórzano, sumida en una tristeza y pobreza profunda. Pero los patriotas no la abandonaron, incluso, reclamaron hasta que le fue otorgada una pensión por el Presidente de la República.

Tras la muerte de Pedro Camejo, Páez ordenó enterrar sus restos en el camposanto más cercano en tocuyito.

La historia de Camejo era tan reciente como desconocida para el común de las personas del pueblo, por lo que entre tantas lápidas, la suya no generaba interés. El cementerio desapareció bajo la sombra de frondosos árboles y otras construcciones en el patio parroquial. Los cambios del piso fueron realizados sin ninguna información o preparación para conservar reliquias.

Entonces, no hay cuerpo del Negro Primero. Sin embargo, sus restos simbólicos fueron trasladados desde Tocuyito e ingresados al Panteón Nacional por decreto presidencial el 24 de junio del año 2015.

Monumentos, ensayos y libros rinden tributo a este héroe, cuya imagen aparece en el primigenio billete de 5 bolívares, junto al paisaje de los Llanos venezolanos y dos cachicamos que es como llamamos en Venezuela al armadillo.

No obstante, la mayoría de los historiadores coincide en que no hay suficiente honor para la obra de Pedro Camejo, cuya vida reflejó la rebelión del hombre del pueblo y el aporte de los afrodescendientes a la Independencia.

En otras palabras, a 202 años de su muerte, su vida sigue contando la historia de la transformación de la concepción de la guerra y del aporte de todas las razas, como un solo hombre, a la independencia de Venezuela.

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