Biosfera 2: el intento fallido de colonización artificial

Biosfera 2: el intento fallido de colonización artificial

La preocupación por la situación que atraviesa el mundo ha motivado a distintos científicos a buscar alternativas de vida… Así se creó la Biosfera 2, un complejo que confluyó todos los ecosistemas en una estructura hermética. ¿Te interesa conocer este famoso hecho de los años 90?

John Polk Allen (1929 – ) es un ecologista, graduado en la Universidad de Harvard, además de antropólogo, historiador y escritor, popularmente conocido por haber construido el que es considerado el laboratorio ecológico más grande que ha existido, llamado Biosfera 2. A finales de los años 80, Allen era uno de los delegados de la Space Biosphere Ventures, una empresa destinada a proyectos de índole biológico.   

El científico John Polk Allen – Imagen: Wikimedia.-

Con el apoyo científico de la compañía Space y el económico del ambientalista Edward Bass, Allen y Margret Augustine (otra delegada) crearon la estructura y el proyecto Biosfera 2, una estructura hermética completamente cerrada que incluía dentro de sí varios ecosistemas. La infraestructura, ubicada en el estado Arizona en Estados Unidos, debía ser probada por unos exploradores, que investigarían la posibilidad de colonizar el espacio con entornos parecidos a los del proyecto y, más importante, sin dañar la biosfera natural de la Tierra. La investigación se financió con un presupuesto de 200 millones de dólares y se construyó durante los años 1987 y 1991.

Infraestructura y planificación

Con un total de 1,27 hectáreas, el espacio de Biosfera 2 se asemeja a la amplitud de dos campos y medio de fútbol. Confluyen dentro del espacio los ecosistemas básicos presentes en el planeta como lugares para la cría de animales y la siembra, la selva, la sabana, un desierto y un arrecife coralino; además, se habilitaron espacios como selvas e instalaciones similares para la interacción humana. En total todo el espacio consistía en tres edificios: un domo, un área subterránea y un área de hábitat para los seres humanos.

La extension de Biosfera 2 se asemeja a la de dos campos y medio de fútbol – Imagen: Wikimedia.-

La hermeticidad de la infraestructura permitió no hacerle daños al planeta, así los investigadores podían hacer seguimiento del aire, la tierra y el aire. La energía eléctrica provenía de una fuente de gas natural y el agua circulaba por sistemas independientes, además de la calefacción.

Primera misión

Esta fue la primera gran expedición del sistema, a pesar de que antes se habían realizado experimentos a pequeña escala, que no permitían arrojar resultados certificados. Los científicos que ingresaron fueron el médico Roy Walford (quien tenía la tarea de supervisar la salud física y mental del resto de los tripulantes), Jane Poynter, Mark Nelson, Sally Silverstone, Linda Leigh, Silke Schneider (quien, posteriormente, fue reemplazado por Abigail Alling), Mark Van Thillo y Taber MacCallum. La cuarentena debía durar entre el 26 de septiembre de 1991 hasta la misma fecha en 1993.

El investigador Taber MacCallum – Imagen: Wikimedia.-

Una vez dentro, todos los tripulantes tenían destinada una tarea; sin embargo, los problemas comenzaron a presentarse conforme pasaba el tiempo. El conflicto de mayor calibre fue el fuerte descenso del oxígeno, que impedía a los científicos concentrarse y trasladarse fácilmente. Estudios posteriores revelaron que las plantas, al no tener contacto directo con el sol, consumieron oxígeno de más. También se demostró que el desarrollo de bacterias y microorganismos tuvo influencia en el incremento del CO2 y la disminución del oxígeno. Aunque el plátano se dio con éxito, los alimentos que se producían no eran suficientes y el ganado y el resto de especies animales no sobrevivieron (excepto unos pocos). 

Segunda misión

Los considerados fracasos de la primera misión incluyeron no solo pérdidas materiales, sino comportamientos hostiles entre los tripulantes, rivalidades y competencias por la comida y el control del lugar. A pesar de ello, se organizó una segunda misión que debía durar en su primera fase varios meses y posteriormente varios años. La idea consistía en ir reemplazando a los científicos conforme pasase el tiempo.

Vista lateral de Biosfera 2 – Imagen: Wikimedia.-

En esta misión se pondría más hincapié en las observaciones biológicas que psicológicas. Cinco hombres (entre los cuales se incluía el ambientalista mexicano Norberto Álvarez Romo) y dos mujeres entraron el 6 de marzo de 1994 en la Biosfera 2. La misión se vio interrumpida el 3 de abril de ese mismo año, cuando tres miembros tripulantes violaron la cuarentena y abrieron las puertas de la instalación. Varios investigadores abandonaron el recinto y fueron suplantados, hasta que la misión se dio por terminada el 6 de septiembre de 1994 de forma prematura.

Conclusiones psicológicas y análisis posteriores

Una vez disuelta la Space Biosphere Ventures, los experimentos cesaron y la Universidad de Columbia usó la construcción como centro de investigaciones. En 2005 el complejo se puso en venta y en 2007 la Associated Press adquiere los derechos del lugar. Ese mismo año, la Universidad de Arizona tomaría la estructura para investigaciones en relación al cambio climático.

Si bien fue la primera misión la que tenía más enfoque psicológico, ambos experimentos fueron una demostración del comportamiento humano en condiciones ambientales específicas y de cuarentena. Para principios de 1990, el confinamiento se analizaba bajo un objeto de estudio denominado “sicología del entorno confinado”; sin embargo, esta no fue aplicada de la forma correcta en el experimento según los propios miembros.

Una vez dentro del experimento, los tripulantes empezaron a preguntarse la orientación de la investigación a pesar de que tenían conocimiento de ella antes de ingresar en el recinto. Las condiciones de aislamiento, el trabajo exhaustivo y las condiciones en contra armaron un escenario propenso para que se perdiese el fin del confinamiento, dando lugar a la conclusión de que no importa qué ameno sea el entorno del humano, las presiones y obligaciones sociales terminan condicionando el comportamiento.

En el apartado biológico y espacial, los investigadores concluyeron que incluso los ecosistemas cerrados son propensos a situaciones que no pueden ser previstas, al igual que la naturaleza del propio planeta Tierra. Eso quiere decir que la naturaleza no puede ser controlada por el hombre, incluso si es artificial.

Y tú, ¿qué opinas al respecto? ¿Es posible que los avances tecnológicos den lugar a una Biosfera 3 que tenga resultados exitosos?

Con información de: Wikipedia / BBC / El Confidencial / Foto: Shutterstock

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