La obrera que soñaba con el paracaídas
Valentina Vladimírovna Tereshkova nació el 6 de marzo de 1937 en la aldea de Máslennikovo, en la región de Yaroslavl. Su padre, conductor de tractores, murió durante la Segunda Guerra Mundial cuando ella tenía apenas dos años. Su madre trabajaba en una fábrica textil, y Valentina siguió sus pasos: a los 18 años ya operaba máquinas en una planta de la industria de neumáticos.
Pero Tereshkova tenía una pasión que la distinguía del resto: el paracaidismo. Se lanzó al vacío por primera vez a los 22 años y pronto acumuló decenas de saltos con el club local de la DOSAAF, la organización paramilitar soviética que promovía los deportes aéreos. Esa habilidad, que ella practicaba como simple afición, terminaría por abrirle las puertas del cosmos.
Del Komsomol al cosmódromo
En 1961, Tereshkova fue nombrada secretaria local del Komsomol, la Liga de Juventudes Comunistas. Ese mismo año, tras el vuelo histórico de Yuri Gagarin, el director de entrenamiento de cosmonautas, Nikolái Kamanin, se enteró de que Estados Unidos estaba considerando entrenar mujeres astronautas en el programa Mercury 13. La respuesta soviética fue inmediata: encontrar a una mujer que pudiera volar al espacio antes que las estadounidenses.
Los requisitos eran claros: menor de 30 años, menos de 1,70 m de estatura, no más de 70 kg de peso y experiencia en paracaidismo. De 400 candidatas iniciales, solo cinco fueron seleccionadas el 16 de febrero de 1962. Entre ellas estaba Valentina. Tras meses de entrenamiento intenso —pruebas de aislamiento, centrífuga, vuelos en reactores y 120 saltos en paracaídas—, Tereshkova fue elegida para la misión definitiva.
«Yo soy Chaika»
El 16 de junio de 1963, a las 12:30 hora de Moscú, el Vostok 6 despegó desde el cosmódromo de Baikonur. A bordo, Tereshkova —con el indicativo de radio «Chaika» (Gaviota en ruso)— se convirtió en la primera mujer en alcanzar el espacio. Tenía 26 años.
Durante casi tres días orbitó la Tierra 48 veces. Realizó observaciones visuales, tomó fotografías del horizonte terrestre que luego se usaron para identificar capas de aerosoles en la atmósfera y mantuvo contacto por radio con Valeri Bykovski, que volaba simultáneamente a bordo del Vostok 5. La televisión estatal soviética retransmitió imágenes en directo desde la cápsula, y Tereshkova llegó a conversar con el propio Nikita Jrushchov.
Con un solo vuelo, Tereshkova acumuló más horas en el espacio que todos los astronautas del programa Mercury estadounidense juntos. El 19 de junio, siguiendo el procedimiento estándar de las misiones Vostok, se eyectó de la cápsula y descendió en paracaídas cerca de las montañas de Altái, en el sur de Siberia. Aterrizó con un golpe en la nariz, y cenó con los aldeanos locales que la ayudaron a quitarse el traje espacial.
La cosmonauta se convierte en política
Tras su hazaña, Tereshkova no volvió al espacio, pero su carrera no hizo más que crecer. El 3 de noviembre de 1963 se casó con el cosmonauta Andriián Nikoláyev en una boda presidida por Jrushchov, presentada como un «cuento de hadas para el pueblo soviético». En junio de 1964 nació su hija Yelena, la primera persona en la historia cuyos padres habían viajado al espacio.
Tereshkova estudió en la Academia de la Fuerza Aérea Zhukovski y se graduó como ingeniera de vuelos espaciales en 1969. En 1977 obtuvo el doctorado en ingeniería aeronáutica. Paralelamente, ocupó cargos de alto rango: fue miembro del Soviet Supremo (1966–1974), del Presidium del Soviet Supremo (1974–1989) y del Comité Central del Partido Comunista.
Se retiró de la fuerza aérea rusa el 28 de abril de 1997, con el rango de mayor general, al cumplir la edad reglamentaria de 60 años.
Un legado que sigue en órbita
La jubilación militar no detuvo a Tereshkova. En 2011 fue elegida diputada de la Duma Estatal (el parlamento ruso) por el partido Rusia Unida, y fue reelegida en 2016 y 2021. En 2020, durante la reforma constitucional rusa, propuso la enmienda que eliminó los límites a los mandatos del presidente Putin, una iniciativa que generó controversia dentro y fuera de Rusia.
En el plano simbólico, su huella es indeleble: un cráter en la cara oculta de la Luna lleva su nombre, al igual que el asteroide 1671 Chaika, bautizado en honor a su indicativo de radio. Sellos postales, canciones y hasta las clásicas matrioshkas soviéticas la inmortalizaron como heroína nacional.
Valentina Tereshkova demostró que una obrera textil de una aldea rusa, armada con un paracaídas y una determinación inquebrantable, podía romper la barrera más alta que existía. Y aunque la propaganda del régimen impulsó su misión, fue su coraje el que la completó.
Con información de: TuHistory / Wikipedia / Britannica / Space / Foto: FedotovAnatoly / Shutterstock.com
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